| La
Unción de los Enfermos |
por Isaías A. Rodríguez
No se entiende la vida pública pastoral de Jesús desligada
de su amor y preocupación por los enfermos. El evangelio
de Marcos lo describe sucintamente: "Todo lo ha hecho
bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos"(Mc
7,37). Y Lucas: "Toda la gente procuraba tocarle, porque
salía de él una fuerza que sanaba a todos" (Lc 6,19).
Tal dedicación al ser humano que sufre no podría pasar
desapercibida a los apóstoles. Los doce "ungían con
aceite muchos enfermos y los curaban" (Mc 6,13). La
Carta de Santiago presenta un rito casi detallado de
esta práctica pastoral: "¿Que uno de vosotros cae enfermo?
Llame a los ancianos de la comunidad para que recen
por él y lo unjan con aceite invocando el nombre del
Señor. La oración hecha con fe curará al enfermo y el
Señor lo hará levantarse; y si ha cometido pecados,
se le perdonarán. Confesad unos a otros los pecados,
rezad unos por otros, y os curaréis. Mucho puede la
oración solícita del justo" (Sant 5,14-16). Se ha discutido
si el efecto apropiado de este sacramento es una curación
espiritual en preparación a la muerte o una curación
física. Hoy se prefiere decir que es la persona total
la que recibe curación mediante la oración de la Iglesia.
En la Tradición Apostólica de Hipólito hay dos
referencias sobre el ministerio de los enfermos: se
ha de avisar al obispo para que visite al enfermo; el
óleo lo bendecirá el obispo en la eucaristía comunitaria.
Documentos existentes indican que el óleo bendito por
el obispo se lo llevaban los fieles y cuando alguien
caía enfermo lo bebía o se lo frotaba a sí mismo sobre
la parte enferma, u otros se lo aplicaban al enfermo.
Otros documentos anteriores al concilio Niceno indican
que los clérigos o los laicos, con dones curativos,
visitaban a los enfermos, rezaban por ellos, luego les
imponían el óleo. Con frecuencia, los diáconos llevaban
el sacramento a los enfermos.
A partir del siglo IX con la reforma carolingia, la
clericalización de la Iglesia se acentuó más, y se empezó
a llamar a los sacerdotes a la cama del enfermo, que
se confesaba, recibía la unción del óleo y finalmente
el viaticum, es decir, la última comunión sacramental
del cristiano en peligro de muerte. Cuando el sacramento
de la reconciliación empezó a separarse del de la unción,
éste siguió conservando un tono penitencial. La unción
se interpretó a veces como una consagración de quien
estaba muriendo. Si se recuperaba se esperaba que llevara
una vida espiritual ejemplar. La unción no se podría
repetir. El ritual se hizo cada vez más complicado con
varias unciones cubriendo los sentidos y otras partes
del cuerpo. De esta manera la unción de los enfermos
se fue relegando cada vez más hasta la hora de la muerte,
administrada por los sacerdotes, con óleo bendito por
el obispo.
En el siglo XIV el orden de este sacramento había cambiado,
de confesión, unción y viático, a confesión, viático
y unción. "La extrema unción" había pasado de significar
la última unción que recibía un cristiano a una unción
que se recibía in extremis, es decir, al momento
de morir.
La mayoría de los rituales de los Reformadores eliminaron
la unción con el óleo. La Iglesia luterana conservó
exhortaciones, lecturas, salmos, absolución y la celebración
de la eucaristía. El resto de los Reformadores dejaron
el rito a la discreción del ministro que visitaba al
enfermo. Unos estaban a favor de la comunión, y otros
se oponían a ella.
El concilio de Trento no prestó atención a las criticas
de Reformadores y consolidó el uso de entonces. Afirmó
que era un sacramento instituido por Cristo, pero promulgado
por Santiago, y decretó que lo administraría el sacerdote
"especialmente a personas enfermas de gravedad cercana
a la muerte" y no exclusivamente a los moribundos. Aunque
posteriormente, se hicieron varios intentos, incluso
promovidos por papas, de que el sacramento se pudiera
administrar en más de una ocasión y a enfermos no rayando
a la muerte, en la práctica perduró la creencia de que
se trataba de un sacramento que preparaba al moribundo
para la gloria.
El concilio Vaticano II, en la Constitución sobre la
liturgia, decretó que el sacramento de la "extremaunción"
"mejor puede llamarse unción de los enfermos"(73) porque
no es sólo para quienes se encuentran en los últimos
momentos de su vida. Y se establece el orden de confesión,
unción y viático. También se pide que se adapte a las
circunstancias, con relación al número de unciones (75).
Actualmente, la unción de los enfermos en la Iglesia
católico romana se puede administrar dentro de la misa,
fuera de la misa, y en un hospital o institución. Los
símbolos del rito son la oración de fe, la imposición
de las manos y la unción con el aceite.
El Libro de Oración Común en uso en la Iglesia
episcopal sugiere lecturas y salmos; hay imposición
de las manos; y unción a discreción; comunión que puede
ser de una eucaristía celebrada en el momento o del
Sacramento reservado; se ofrecen varias oraciones.
Las otras confesiones cristianas siguen normas similares
a las aquí mencionadas.