Contacto 
 
 Ministerio Hispano 
 
 Iglesia Episcopal 
 
 AnglicanCommunion.org 
Anglicanismo
La Biblia
Hispanismo
Historia
Liturgia
Miscelánea / Curiosidades
Noticias
Nuestra Gente
Santoral
Pastoral
Recursos
Espiritualidad
 
Un mundo en creciente Secularización
VERSIÓN PARA IMPRIMIR ARTICULO

Por Isaías A. Rodríguez

Si proyectamos la mirada hacia el pasado histórico, veremos que la mayor parte de los siglos idos han estado dominados por un ambiente mítico, supersticioso y misterioso. Prevalecía un mundo sacralizado en el cual el ser humano vivía sobrecogido más por la creencia el más allá que en el presente. Aquí, en la tierra, por todas partes veía fuerzas extrañas que lo dominaban y atemorizaban, la solución imperiosa era recurrir a lo divino y sobrenatural. El tiempo, el espacio y la vida toda se concebían bajo el prisma de lo arcano y eterno.

A partir del siglo dieciséis se inicia una corriente que con el tiempo cambiará a la sociedad, llevándola a otra conocida con el término de secularizada. Ahora, el ser humano comienza a ver la existencia bajo el prisma de lo racional y científico. En el curso de unos doscientos a trescientos años, aparecieron pensadores, filósofos y científicos, que desplegaron un esfuerzo titánico para librar a la sociedad de unas estructuras medievales anquilosadas. Su mayor empeño consistió en romper con moldes religiosos trasnochados y dar al ser humano carta de ciudadanía, empleando su inteligencia en la marcha y gobierno de la vida en este planeta. En otras palabras, se trataba de dejar a un lado una sociedad sacralizada y mítica para dar paso a otra secularizada y científica. Eran los inicios del secularismo.

Aunque el contenido y el empeño ya tenían historia, el término secularismo apareció por vez primera en 1896 con el escritor británico George Jacob Holyoake cuando publicó El secularismo inglés. En su obra promovía un orden social separado de la religión. "El secularismo, afirmó, no es un argumento contra el cristianismo, es independiente de él, no cuestiona las pretensiones del cristianismo, sino que avanza otras".

La recuperación válida del término "secularismo" ha implicado bastante tiempo. La cara positiva de este movimiento tiene un efecto favorable para la religión, ya que la purifica de excesos, mientras que la fe cristiana se concentra más en su ámbito propio, el misterio de Dios revelado.

Este tema, fue tratado de una manera llamativa en 1984 por Harvey Cox con su obra La religión en la sociedad secular. Hacia una teología post moderna. El lector puede leerla rastreando en Google.

El secularismo protege tanto a creyentes como a no creyentes y busca salvaguardar la libertad de creencias y prácticas religiosas de todos los ciudadanos. El ateísmo niega la existencia de Dios. El secularismo proporciona un marco dentro del cual la sociedad pueda vivir democráticamente. Los ateos, evidentemente, profesan especial interés en apoyar el secularismo, pero este movimiento, en sí mismo, no pretende cuestionar los principios de ninguna religión. Las personas religiosas tienen el derecho a expresar sus creencias públicamente, pero también lo tienen quienes cuestionan esas creencias. Las organizaciones religiosas no deben gozar de protección privilegiada ante el derecho a la libertad de expresión. En una democracia, todas las ideas y creencias han de estar abiertas a la discusión.

En términos políticos el secularismo busca una separación total entre religión y Estado, reemplazando, de esa manera, leyes basadas en libros sagrados con leyes civiles y eliminando la discriminación basada en la religión. El secularismo da lugar a la separación beneficiosa entre Iglesia y Estado, a la independencia de lo secular y al inicio del diálogo de la Iglesia con la modernidad. En realidad el secularismo, basado en la democracia, busca la protección de todo ciudadano, defendiendo igualdad de derechos para todos. Según esto, los secularistas prefieren que los políticos tomen decisiones por razones más seculares que religiosas. En este campo caerían temas como la igualdad de género, el aborto, la anticoncepción, el matrimonio entre personas del mismo sexo, la educación sexual, las personas LGBT, las minorías, etc.

Algunos fundamentalistas cristianos, especialmente en Estados Unidos, se oponen a la secularización, afirmando que es una ideología "secularista radical" adoptada en nuestros días y que se presenta como una amenaza a los "derechos cristianos". En la sociedad contemporánea los fundamentalismos más radicales estarían representados por el cristianismo y el islamismo.

En general una sociedad secularizada tiende a negar toda visión sobrenatural de la naturaleza. Es pluralista. Es tolerante con la diversidad religiosa. Los problemas se solucionan racionalmente mediante el análisis y examen de los hechos. Es una sociedad sin imágenes oficiales. Se promueve el respeto hacia los individuos y los pequeños grupos de los que forman parte; se promueve la igualdad de personas y su libertad para realizar sus objetivos. En general se trata de asegurar la igualdad en toda la sociedad, en la política, en la educación, la ley y en todos los campos, tanto para creyentes como para no creyentes.

Por ello, no todo es negativo en este nuevo contexto para el acostumbrado a una sociedad tradicional. El nuevo modo de vivir garantiza más la sinceridad y coherencia de la adhesión creyente; promueve formas de presencia y evangelización.

El nuevo contexto de pluralismo cultural obliga a las iglesias a abandonar planteamientos propios de una situación de monopolio religioso. La nueva situación implica un esfuerzo mayor por presentar la propia oferta religiosa como la mejor y más convincente. Se trata sobre todo de una mayor calidad de la fe que se vive y se ofrece.

Dicho esto, es necesario mencionar que para la inmensa mayoría del pueblo católico latino, -y en gran parte para todo católico romano- el vivir ha transcurrido guiado más por patrones medievales que secularizados. Más aún, gran parte del pueblo latino todavía vive un ambiente sacralizado, que, sin querer, por la fuerza del contacto, se va diluyendo en formas cada vez más secularizadas. A ello contribuyen también la enseñanza y predicación de los mismos sacerdotes y ministros eclesiales.

El momento culminante de una ruptura con el pasado lo vemos en el Concilio Vaticano II, donde se plantearon y describieron las nuevas características del mundo moderno, y donde, por otra parte, en la misma Iglesia, con los teólogos de vanguardia, fueron apareciendo nuevas ideas, que obedecían más a un mundo científico que al mítico.

El problema que actualmente tenemos planteado es el de cómo presentar la buena nueva en un mundo cada vez más científico, tecnológico y secularizado, que ofrece resistencia a ideas que todavía en algunos lares se mantienen como dogmas.

Con todo, no podemos ignorar el hambre que el ser humano contemporáneo tiene de algo más sustancial, duradero, permanente y que satisfaga la profunda necesidad de felicidad. No sería extraño que, tras un período de secularización y experimentación, los humanos se volcaran por los caminos de la mística. Ya hay indicios de esto, y creemos que continuarán floreciendo a medida que la sociedad se hastíe de todo experimento superficial y transitorio.

Volver