El término teología proviene de dos palabras
griegas (teo y logos) que significan el estudio
de Dios. La palabra la usaron ya los filósofos griegos,
asignándole significados diferentes según los autores.
Los santos Padres de la Iglesia entendían la palabra
como un plan salvífico divino. Hasta el siglo XII, con
Abelardo, el término no tuvo un carácter de disciplina
intelectual. En el siglo XIII, con la introducción de
las obras de Aristóteles en Occidente, la teología adquirió
un carácter unitario de ciencia. En los siglos XVII
y XVIII, con la Ilustración, tal unidad se rompería
y se formaría una rama amplia de disciplinas subordinadas:
historia de la Iglesia, exégesis, patrística, dogmática,
ética o moral, pastoral, liturgia, cristología, escatología,
espiritualidad, etc. Una división no satisfactoria para
algunos autores.
No es este el lugar de analizar todos
los problemas que presenta el estudio de la teología.
Los grandes pensadores, ya sean desde el campo de la
teología o de la filosofía, cada uno ha querido dar
una interpretación diferente a la teología, marcándola
con una perspectiva: racionalista, existencialista,
subjetivista, relativista, fideista, etc.. Evidentemente,
uno de los grandes problemas que surgen en el estudio
teológico es el de la lengua, es decir, ¿cómo podemos
hablar de Dios, o de las realidades divinas si transcienden
nuestra inteligencia y comprensión? Para resolver esta
cuestión se recurre a recursos literarios como el mito,
el símbolo y la analogía. En este sentido, habría que
considerar como sumos teólogos a los místicos, que han
tenido un contacto directo con la divinidad y se han
esforzado por transmitirnos sus vivencias en términos
poéticos. El más grande de todos es San Juan de la Cruz.
Lo básico y fundamental de la teología es que procede
del dato revelado en las Sagradas Escrituras. La teología
que prescindiera de la revelación se convertiría en
teodicea, campo exclusivo de la filosofía cuyo motor
es la especulación intelectual. La teología analiza
el dato revelado como lo entiende el ser humano, el
pueblo, la Iglesia. San Anselmo de Cantórbery (+1109)
lo expresó con frase magistral: fides quaerens intellectum,
"la fe que busca comprensión". Así pues, tratamos
de entender el dato revelado que es objeto de fe en
el creyente. Según esto, el estudio de la liturgia,
ha adquirido prominencia especial en los últimos cincuenta
años. En la celebración cúltica es donde se manifiesta
la fe del creyente, quien a su vez, trata de practicar
la revelación divina.
En este sentido, quienes nos encontramos
en la Comunión Anglicana, solemos decir claramente que
toda nuestra teología se encuentra en el Libro de
Oración Común.
Los artículos que vayan apareciendo en www.EpiscopalesLatinos,
tienen un carácter más de divulgativo y práctico, que
de investigación y teoría.