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Noción del pecado original y su perniciosa influencia
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Por Isaías A. Rodríguez

En la lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles (8,34-39) tenemos un modelo de bautismo basado fundamentalmente en la fe. Veremos cómo este rito simple y sencillo se complicó de una manera asombrosa, debido a la idea del pecado original. Rudolf Bultmann afirmó que "La idea del pecado original como infección heredada es ´subética´, irracional y absurda". Veamos el origen de esa noción de pecado.

El peligro de entender la Biblia de una manera literaria ha ocasionado múltiples problemas en la teología sistemática y moral. Los primeros capítulos del Génesis, con ejemplos tomados de literaturas de otras religiones, se entendieron al pie de la letra conduciendo a múltiples errores y al sufrimiento del género humano.

Evidentemente, en el pasado no se contaba con todos los métodos y criterios científicos para discernir entre una leyenda con moraleja de una doctrina escueta y clara. San Pablo mismo cayó en el bache de interpretar literalmente esos primeros capítulos. Lo mismo hicieron los Padres de la Iglesia, y de hecho toda la teología medieval, hasta recientemente.

La doctrina del pecado original se basa en la lectura del Génesis (3, 1-19). Una lectura aceptada como si hubiera sido un acontecimiento histórico. Esto ha redundado, a través de la historia del cristianismo, en una visión negativa y pesimista, en dos campos, el del bautismo y el del matrimonio.

Fue san Agustín especialmente el que puso el temor de Dios en los cristianos (occidentales) informándolos de la condenación de los niños no bautizados. "Esta concepción del pecado original tuvo un impacto tan profundo que toda futura reflexión teológica sobre este problema en el Occidente cristiano se orientó hacia ella, ya sea para suavizarla (como Aquino, Erasmus o Molina), o para oscurecerla un poco más, como especialmente Lutero... quien en su Confesión de Augsburgo (1530) expresa su concepción altamente agustiniana del pecado original. En la Europa del 1400 al 1700 el pesimismo agustiniano adquirió el colorido más fuerte y la más amplia audiencia".
"Lutero sigue a Agustín enseñando que el acto sexual es sin excepción pecaminoso y Calvino y Zwinglio concurren. De hecho, una teología sensacionalista del pecado original es llevada hasta el límite por el protestantismo. En una lección de escuela dominical para niños escrita por Caspar Aquila, superintendente de Saalfeld, en Sajonia, en la década de 1530: pregunta: "¿Qué nos enseñan los diez mandamientos?" Respuesta (del niño): "Yo aprendo de ellos que llevamos una vida de condena y pecado, y que Dios no puede encontrar nada bueno en nosotros".
"El predicador puritano del siglo XVII Christopher Love predicó que: ´En caso de orar hasta el agotamiento; y de suspirar a la ruptura de la espalda... nunca serías capaz de recuperar la gracia que perdiste en Adán, que borró la hermosa imagen de Dios´" (citado por Matthew Fox: European Spirituality and the Pessimistic Soul, en Revista: Creation spirituality, September/October 1991.

Rito bautismal

Veamos el rito del bautismo tomado del misal anterior al Concilio Vaticano II. A la puerta de la iglesia, el sacerdote sopla tres veces suavemente en la cara del infante y, dirigiéndose al demonio, en cuyo poder está aquella alma por el pecado original, le dice imperiosamente: "Sal de éste (o ésta), espíritu inmundo, y da lugar al Espíritu Santo Consolador". Hace en seguida el sacerdote la señal de la cruz en la frente y pecho del infante.
Oración. Imposición de manos. "Omnipotente y eterno Dios…romped todos los lazos de Satanás. Por Cristo nuestro Señor".
Exorcismos: Con el poder que de Dios ha recibido, el sacerdote increpa imperiosamente al demonio con estas palabras: "Te conjuro, espíritu inmundo, en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo, a que salgas y que te apartes de este siervo (o sierva) de Dios, N. Reprímate Él, oh maldito condenado, Aquel que a pie enjuto caminaba sobre el mar... Así, pues, oh maldito diablo, reconoce tu justa condenación, y honra a Dios vivo y verdadero; honra a su Hijo Jesucristo y al Espíritu Santo, y márchate de este siervo (o sierva) de Dios N., a quien Jesucristo, nuestro Señor y Dios, ha llamado a Sí por su gracias, con la bendición y recepción del santo bautismo".
Otra señal de la cruz hace el sacerdote sobre la frente del infante, al mismo tiempo que conjura de nuevo al espíritu maligno, y dice: "Y tú, maldito diablo, no te atrevas nunca a profanar esta señal de la Cruz, que yo acabo de poner sobre su frente. Por el mismo Cristo, Señor nuestro. Amen".
Pone la mano sobre la cabeza del infante, otra oración. El infante permanece aún fuera de la iglesia, en el pórtico, pue no es digno de entrar en ella. Ahora el sacerdote, después de los exorcismos que ha dirigido contra el maligno espíritu, pone el extremo izquierdo de la estola sobre el infante y le conduce hacia la pila para recibir la gracia bautismal. Al mismo tiempo dice: "N. Entra en el templo de Dios, a fin de que tengas parte con Cristo en la vida eterna. Amén".
Dentro de la Iglesia se dirigen a la pila bautismal, en la procesión rezan el credo y el padrenuestro. Ante el baptisterio. Exorcismo solemne. Un poco antes de llegar a la pila, de espaldas a la puerta del baptisterio, el sacerdote exorciza y conjura otra vez al demonio, diciendo: "Yo te conjuro, espíritu inmundo, en el nombre de Dios Padre Omnipotente y en nombre de Jesucristo Hijo suyo y Señor y Juez nuestro y en virtud del espíritu Santo, que te marches de este N., que es imagen de Dios, y al cual nuestro Señor se ha dignado llamar a su santo templo para hacerle templo de Dios vivo…"
Luego el sacerdote, con el pulgar de la derecha e imitando a Jesús, que con esta ceremonia curó al sordomudo, toma un poco de su saliva para tocar las orejas y la nariz del infante. (Este rito podría omitirse si lo aconsejara una causa racional). Éfeta, que significa: Abríos.
Después le toca la nariz, diciendo: En olor de suavidad. Y tú, diablo, huye, porque se acerca el juicio de Dios. Renuncia a Satanás. Bautismo. ¿Crees en…?

¿Qué decir de semejante rito? ¿Qué dirían Juan el Bautista y Jesús? En la lectura de los Hechos vimos que Felipe no expulsa ningún demonio del eunuco. La teología del bautismo había cambiado radicalmente debido a una concepción errónea del pecado original y de una predicación tremendista.

Yo me pregunto, ¿aceptarían hoy unos padres cristianos semejante rito bautismal? Creo que si en el pasado lo hicieron era porque no entendían el latín, mientras se estaba repitiendo, hasta ocho veces, que su bebé estaba poseído por el demonio.

Una anécdota histórica

Resulta irónico que en los años 1640s y 1650s, cuando los ingleses, en ambos lados del Atlántico, estaban luchando por la libertad y especialmente la religiosa, estuvieran enviando miles de esclavos a sus colonias. En Virginia se aprobó una ley en l667 que decía: "El bautismo no altera la condición de la persona en lo que atañe a su esclavitud o libertad". Sin embargo, en África del Sur por los mismos años, una persona bautizada adquiría la libertad, por ello los holandeses trataban de bautizar a un mínimo de personas.

En las colonias del sur, especialmente en Virginia, el número de esclavos negros llegó a triplicar la población blanca. Es en este contexto cuando a un sacerdote anglicano de Carolina del Sur, Francis Le Jau, se le ocurrió una gran innovación para añadir a la administración del bautismo, que consistía en que los esclavos que quisieran ser bautizados debían repetir un juramento de "que no pedían el santo bautismo bajo ningún pretexto de liberarse de la obligación y obediencia debida a su amo mientras viva". Esto refleja un dilema clerical en una Iglesia dominada por los laicos, cuando los dueños presentaban tanta resistencia a convertir a los esclavos. (Diarmaid MacCulloch: Christianity, Pinguin Books, 2009, pp. 726-728).

Pero, aquí, la sarcástica ironía consistía en que mientras un bautizado (esclavo) podía liberarse de las garras de Satanás, no podía hacerlo de las garras de quienes los esclavizaban.

Opiniones sobre el matrimonio, la mujer, el sexo.

Estas opiniones están basadas también en la creencia de que el pasaje del paraíso terrenal fue un acontecimiento histórico, y, por lo tanto, todo el mal se origina con Eva que cayó en la trampa del diablo, y luego indujo a pecar a Adán. Las opiniones son de algunos santos Padres sobre el matrimonio y la mujer:

San Adelmo: "La virginidad es oro, la continencia plata, el matrimonio cobre; la virginidad es opulencia, la continencia medicina, el matrimonio pobreza; la virginidad es paz, la continencia rescate, el matrimonio cautiverio; la virginidad es sol, la continencia luna, el matrimonio tinieblas; la virginidad es día, la continencia aurora, el matrimonio noche; la virginidad es reina, la continencia señora, el matrimonio esclavo; la virginidad es patria, la continencia puerto seguro, el matrimonio océano proceloso; la virginidad es hombre vivo, la continencia ser exánime, el matrimonio cuerpo muerto; la virginidad es púrpura, la continencia paño restaurado, el matrimonio lana basta" (José María Cabodevilla: Hombre y mujer, B.A.C. ,1960, p.7).

San Juan Crisóstomo: "El hombre vivía en el paraíso sin deseo alguno sexual de tal manera que no existían relaciones sexuales, ni nacimientos, ni otra clase de corrupciones" (Homilia in Gen. XV, 3-4. P.G. 53,123). "Sólo después del pecado el hombre fue revestido de la esclavitud del matrimonio" (De virginitate, XIV; P. G. 48,544).

San Ambrosio: "Todo acto sin finalidad procreativa es considerado como algo vergonzoso" (Expositio in Lucam, I, 43-45; P.L. 15,1631-1632).

San Clemente de Alejandría: "Le es vergonzoso a una mujer pensar sobre la naturaleza que tiene". "Toda mujer debería enrojecer de vergüenza sólo de pensar que es mujer" (López Ibor, Libro de la vida sexual p. 62).

Tertuliano: Dice de la mujer, "La maldición que Dios pronunció sobre tu sexo todavía pesa en el mundo. Tú eres la puerta del diablo" (López Ibor, p. 62).

Semejantes frases se pueden encontrar en santos como Agustín, Jerónimo, Justino, Atenágoras y Orígenes.

Todo lo dicho debe ayudarnos a comprender que somos víctimas de los tiempos en que vivimos. Las costumbres cambian según la filosofía o la teología que reina en el mundo en un determinado tiempo. Hoy tenemos mejor entendimiento sobre estos temas, pero todavía no vemos claro sobre otros. Por eso, hemos de adoptar una postura de comprensión sin juzgar ni condenar a nadie.

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