|
por Isaías A. Rodríguez
El celibato sacerdotal, dentro de la Iglesia Católico
Romana, siempre ha sido un tema candente. Más aún en
los últimos años. La verdad es que durante la mayor
parte de la historia de la Iglesia los eclesiásticos
pudieron casarse y la inmensa mayoría así lo hizo. ¿Por
qué este asunto ha sido tan discutido y prohibido? Jesús
no le dio tanta importancia. Sus discípulos estaban
casados. El mismo papa Juan Pablo II, tan conservador,
reconoció que Jesús no promulgó una ley que prohibiera
a sus discípulos casarse.
San Pablo menciona el matrimonio como un derecho natural.
En la carta a los de Corinto dice: ¿Por ventura no
tenemos derecho a comer y beber? ¿No tenemos derecho
a hacernos acompañar de una esposa cristiana como los
demás apóstoles, los hermanos del Señor y Cefas?
(1Cor 9,4-5). La misma doctrina se encuentra en sus
cartas a Tito (Tit 1,6) y a Timoteo (1 Tim 3) en las
cuales insta a los sacerdotes a que sean fieles a sus
mujeres. ¿Por qué se complicaron las cosas, si al principio
nadie pensó en prohibir tal cosa".
El origen de una mentalidad
A medida que la incipiente religión cristiana crecía
y era atacada por pensadores de otras religiones, se
vio obligada a defenderse con argumentos filosóficos.
Para explicar, de alguna manera convincente, la existencia
del mal en el mundo, existían doctrinas dualistas que
afirmaban que hubo dos principios eternos creadores,
uno positivo del que procede lo bueno, el espíritu,
la luz, y otro negativo del que procede lo malo, la
carne, la tierra, la tiniebla. Así podemos recordar
el dualismo de los maniqueos, de los pelagianos, de
los cátaros. La Iglesia rechazó esos sistemas, pero
quedó impregnada de algunas de las enseñanzas por ellos
mismos combatidas. La idea de que el cuerpo es una cárcel
para el alma, metáfora original de Platón, también ha
sido muy usada por escritores cristianos.
Si lo material procede de un principio malo, cada vez
que se multiplica lo material se multiplica el mal y
el pecado. El ser humano reproduce lo material a través
del sexo, por ello, según estas interpretaciones, el
sexo es malo. Algunos santos de altar fueron víctimas
de estas doctrinas y condenaron injustamente a la mujer
y al sexo. Se podrían aducir muchas citas. Sirvan de
ejemplo las siguientes. Tertuliano escribió que: "La
maldición que Dios pronunció sobre tu sexo (el de la
mujer) todavía pesa en el mundo. Tú eres la puerta del
diablo". San Agustín exclamó de las mujeres cristianas:
"¡Cuán sórdido, inmundo, y horrible es el abrazo
de una mujer!". Y Juan Eudes llegó a decir que era
una humillación para todas las mujeres el embarazo con
niño, ya que éste (el niño, aludiendo a la doctrina
del pecado original) era ¡enemigo de Dios y santuario
del demonio!"
Para Edward Schilebeeckx y otros autores se trataba
de una práctica de "pureza ritual" basada en el Levítico,
que exigía abstinencia sexual, por lo menos un día antes
de un servicio ritual. Según Schilebeeckx, de esto es
de lo que se trató durante los primeros diez siglos,
no de una ley de celibato, sino de una ley de abstinencia
o continencia sexual antes de celebrar la eucaristía.
Largo rastro de la "impureza"
No es de extrañar, pues, que lo relacionado con el sexo,
por las razones apuntadas, tuviera connotaciones negativas
y siempre hubiera alguien que tratara de impedir que
el sacerdote se casara. A pesar de ello, los clérigos
se casaron a lo largo de los siglos. En el siglo XI,
cuando el papa Gregorio VII (1073-85) quiso imponer
el celibato a los sacerdotes, tan arraigada estaba la
práctica del matrimonio que los sacerdotes bramaron
de coraje contra el papa acusándolo de hereje, pues
iba claramente contra las palabras del Señor: "No
todos son capaces de ello" (Mt 19,11) y contra las
del Apóstol: "Mejor es casarse que abrasarse"
(1Corr 7,9). En el siglo XIII, el celibato trató de
imponerse con más rigor, sin éxito total. (Dígase de
paso que esta doctrina fue degradante no sólo en relación
al matrimonio sacerdotal, sino a la relación sexual
en todos los matrimonios, prohibiéndoseles la práctica
sexual excepto para tener hijos).
El concilio Vaticano II evitó toda referencia a impureza
ritual y a cualquier denigración del matrimonio, antes
bien, insistió en la dignidad y estado sacramental del
matrimonio.
Véase a continuación una lista de papas que fueron hijos
de sacerdotes: Sixto I, Dámaso I, Bonifacio I, Sixto
III, Félix III, Agapito I, Marino, Juan XV. Papas que
fueron hijos de obispos: Teodoro I, Bonifacio VI. El
hijo del papa Anastasio I fue el papa Inocencio I. El
papa Juan XI fue hijo ilegítimo del papa Sergio III.
Adrián II (867-72) fue el último papa casado. Pero otros
papas posteriores, aunque no estuvieron casados, tampoco
fueron célibes: Benito V, Juan X y Juan XII, Benito
VII y IX, Alejandro VI, Julio II, Pablo III, Julio III,
Gregorio XIII y Gregorio XV, Urbano VIII, Inocencio
X, Alejando VII, los últimos doce pertenecientes a los
siglos XVI y XVII. Esta información referida a los papas
está tomada del libro: Rome Has Spoken editado
por Maureen Fiedler y Linda Rabben.
Con este artículo he querido orientar a la gente sobre
un tema acaso desconocido. El pueblo, ya sea por mala
información o por ignorancia o incomprensión, a veces
se escandaliza y pierde la fe en el sacerdocio y en
la Iglesia. La Iglesia Católica Anglicana, igual que
otras confesiones cristianas, han permitido el matrimonio
sacerdotal como algo normal y santo, según los dictados
del creador. Debemos ver el sexo no como algo diabólico,
sino como un regalo divino ofrecido al ser humano para
que hombre y mujer se amen como Dios quiere.
Volver
|