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por Isaías Rodríguez
Al acercarnos a la confirmación, nos adentramos en
un mar de incertidumbre. Algo paradójico, ya que si
nos atenemos a ciertos textos bíblicos y a la práctica
primitiva de iniciación, este rito pudiera parecer diáfano.
Sin embargo, alguien ha dicho que la confirmación es
un rito en búsqueda de una teología; otros afirman que
hay varias formas de confirmación en búsqueda de una
teología.
El término "confirmación" es propio de Occidente,
en Oriente se usa "crismación". Ambos términos
hacen referencia al gesto de ungir con el crisma: mezcla
de aceite y bálsamo, bendecida por el obispo el día
de Jueves Santo.
Algunos pasajes bíblicos, especialmente de los Hechos
de los Apóstoles (2,37; y capítulos 8 y 19), parecieran
indicar que la imposición de las manos para recibir
el Espíritu Santo es un rito nuevo y diferente. A estos
textos se responde diciendo que se trata de una continuación
de un bautismo incompleto en el que no se había recibido
todavía el Espíritu. En las Escrituras unas veces se
recibe el Espíritu después del bautismo, otras antes;
unas veces imponiendo las manos y otras sin hacerlo.
Históricamente, no hay duda que el rito episcopal,
añadido al bautismo descrito en la Tradición Apostólica,
dio origen a la confirmación. Más tarde, cuando la práctica
de bautizar a personas adultas fue decreciendo y la
de bautizar a bebés creciendo, y, más aún, cuando el
bautismo se desligó de ser administrado en la Vigilia
pascual, el niño bautizado por el presbítero debía ser
presentado a los pocos días al obispo para que "completara"
o "confirmara" la iniciación cristiana. Esto
era fácil en diócesis pequeñas como la de Roma, pero
en otras de gran extensión, el obispo no podía cumplir
con ese requisito sino después de meses o incluso años.
Cuanto más crecía el cristianismo, más difícil se hacía
la pronta acción del obispo. En el siglo IX, al imponerse
uniformidad ritual en todo el sacro Imperio romano,
la iniciación cristiana vino a quedar establecida de
esta manera: bautizo a bebés, confirmación hacia los
siete años y luego primera comunión.
Lo que en un principio era una participación del obispo
en bautismos administrados por sus presbíteros y diáconos,
se convirtió, en un nuevo rito de "confirmación".
De hecho el término "confirmación" no aparece
hasta mediados del siglo V, en la región de sudeste
de lo que hoy es Francia. Al encontrarse de repente
con un rito nuevo surge la necesidad de darle una explicación
teológica. La pregunta se hizo explícita de esta manera:
"¿Después del bautismo, qué bien puede conferir
la confirmación?". La respuesta la da un obispo
semipelagiano de la misma región francesa, llamado Fausto
de Riez, que en una homilía pronunciada el día de Pentecostés,
trataba de convencer a la gente de que viniera a recibir
la acción del obispo, y argumentaba de esta manera:
la confirmación es necesaria para todos los niños que
superan la infancia y han de vivir en un mundo en lucha
constante; la confirmación los provee de armas para
la batalla. Este obispo dio un rumbo nuevo a una práctica
ritual intrínsecamente ligada al bautismo.
Los conceptos de fortaleza y madurez espiritual los
encontramos ligados por santo Tomás de esta manera:
así como el bautismo se relaciona con el nacimiento,
la confirmación se relacionaría con el crecimiento y
la eucaristía con el alimento espiritual.
La explicación definitiva del nuevo sacramento sería:
un aumento de la gracia para crecer espiritualmente,
de fortaleza para luchar en un mundo hostil y predicar
con audacia la fe. De pequeños estudiábamos en el catecismo
que por la confirmación "nos hacemos soldados de
Cristo". En el siglo XIII por primera vez se encuentra,
en el libro pontifical del obispo de Mende, William
Durand, la bofetada que recordaba a los confirmados
la necesidad de ser soldados de Cristo.
Con un rito separado de la acción iniciadora bautismal,
y con una explicación teológica, los teólogos medievales
lo incluyeron entre los siete sacramentos, y así lo
definió el concilio de Trento, estableciendo que la
edad de recibirlo eran los siete años.
En el siglo XVI los Reformadores rechazaron la confirmación
como innecesaria, ya que el bautismo era suficiente
para entrar en la Iglesia y recibir el Espíritu Santo.
Sin embargo desarrollaron ritos de "confirmación"
que culminaban un proceso catequético y serían administrados
durante "los años de discreción". De esta
manera trataban de recobrar el antiguo catecumenado
de tres años exigido a los adultos antes del bautismo.
Se estableció que la edad de la confirmación serían
los siete años durante los cuales el niño había de aprender
los rudimentos doctrinales de la fe: el credo, el padrenuestro,
el ave María y los sacramentos. Lutero permitía que
un presbítero "confirmara" a los niños imponiéndoles
las manos si sabían esos rudimentos doctrinales. Erasmo
y Martin Bucero, añadían que el rito debía ser una prerrogativa
del obispo. Estos autores siguen hablando de la "fortaleza"
de los dones del Espíritu Santo, irónicamente, anclados
más en una doctrina medieval que en la primitiva.
En la Comunión anglicana, en los libros de oración
de l549 y 1552, la liturgia de la confirmación permaneció
sustancialmente inalterada respecto de la práctica medieval.
En la práctica actual, en la Iglesia católico romana
la confirmación se administra de las dos formas históricas
mencionadas; para adultos, como conclusión del bautismo;
para niños se mantiene la forma medieval. En las Iglesias
luterana y episcopal, la confirmación está desligada
del bautismo, y no se puede repetir. Se imparte por
la imposición de las manos. En otras confesiones cristianas
sencillamente se declara a los candidatos "miembros"
de la iglesia, con todos los derechos y obligaciones.
Terminamos como iniciamos. Mientras unos ven el bautismo
como el sacramento de entrada en la Iglesia, y la confirmación
como la recepción del Espíritu Santo, otros creen que
la confirmación debe ser la conclusión del rito necesario
para entrar en el cuerpo de Cristo. Siguiendo la teología
medieval, si la confirmación representa un fortalecimiento
espiritual ¿por qué no se ha de repetir varias veces
en la vida, como la confesión y la eucaristía?
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