Tomás de Aquino es el mayor teólogo
del alto Medioevo, y, después de Agustín, quizás el mayor
teólogo de la historia del cristianismo. Nacido de una
familia noble italiana, probablemente en 1225, ingresó
en la nueva orden dominicana de predicadores y después
de poco tiempo llegó a ser maestro destacado en una época
de fermento intelectual.
Al percibir el reto que las recién descubiertas obras
de Aristóteles suponían para la tradicional doctrina católica,
especialmente en el énfasis dado al conocimiento empírico
derivado de la razón y de la percepción de los sentidos,
independientemente de la fe y de la revelación, Tomás
afirmó que la razón y la revelación se encuentran básicamente
en armonía. "La gracia (la revelación)", dijo, "no es
la negación de la naturaleza (la razón), sino su perfección".
Tomás logró esta síntesis en sus obras mayores, la Summa
theologica y la Summa contra gentiles, que
incluso hoy siguen ejerciendo gran influencia en el pensamiento
y la filosofía cristianos. Lo consideraban un pensador
atrevido, incluso "radical", y ciertos aspectos de su
pensamiento fueron condenados por las autoridades eclesiásticas.
Su canonización el 18 de julio de 1323 lo vindicó.
Tomás entendió que la revelación de Dios en su nombre, en Éxodo 3:14, "Yo soy el que soy", quería decir que Dios es el Ser, la realidad última de la cual todo lo demás deriva su ser. La diferencia entre Dios y el mundo es que la esencia de Dios es el existir, mientras que todos los demás seres derivan su ser de él por el acto de la creación. Aunque para Tomás, Dios y el mundo son distintos, hay, sin embargo, una analogía de ser entre Dios y el mundo, puesto que el creador queda reflejado en la creación. Así es posible tener un conocimiento limitado de Dios, por analogía del mundo creado. Con esta base, la razón humana puede demostrar que existe Dios; que creó el mundo; y que él contiene dentro de sí mismo, como la causa de ellas, todas las perfecciones que existen en la creación. Sin embargo, las verdades distintivas de la fe cristiana, como la Trinidad, la Encarnación, sólo se conocen por la revelación.
Tomás murió en 1274, a poco menos de cincuenta años de
edad. El 28 de enero de 1368, sus restos fueron trasladados
a Tolosa de Francia. Además de sus muchas obras teológicas,
compuso varios himnos eucarísticos. Entre otros "Oh
víctima salvífica" y "Canta, lengua, el gran misterio".
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