Domingo fue el fundador de la Orden de Predicadores, conocida
como los "dominicos". En Inglaterra se los llamaba los frailes negros, por el
manto negro que llevaban sobre el hábito blanco. Domingo nació hacia el 1170 en
España.
Se dice que Domingo, influido por un ambiente coetáneo de búsqueda de una vida
de pobreza evangélica, vendió todo su haber para ayudar a los pobres durante el
hambre de 1191. Ordenado en 1196, pronto llegó a ser canónigo y superior de la
catedral de Osma, donde se había establecido una regla de estricta disciplina
entre los canónigos.
En 1203 inició una serie de viajes de predicación por Languedoc, una región en
el sur de Francia, contra los herejes albigenses, que mantenían opiniones dualistas
maniqueas. Sin embargo, se mantuvo ajeno a la represiva cruzada que se había instigado
contra ellos. En 1214 empezó a madurar la idea de fundar una orden especial para
la conversión de los albigenses y el año siguiente llevó a sus seguidores a Tolosa.
En octubre de 1215, en el concilio IV Lateranense, Domingo solicitó del papa Inocencio
III la aprobación de la Orden. El sucesor de Inocencio, Honorio III, lo concedió
en 1216 y 1217.
Durante los años siguientes Domingo viajó sin descanso fundando monasterios, organizando
la Orden y predicando, hasta el día de su muerte ocurrida el 6 de agosto de 1221.
Se dice que fue un hombre de pobreza austera y heroica santidad, siempre celoso
de ganar almas mediante la predicación de una doctrina pura.
Las Constituciones de los dominicos, escritas por vez primera en 1216 y
revisadas y codificadas por el general de la Orden, Raimundo de Peñafort, en 1241,
enfatizan el estudio, la predicación, la enseñanza, y, en parte por la influencia
de Francisco de Asís, la pobreza absoluta.
Los dominicos han dado prioridad al trabajo intelectual. Establecieron casas de
enseñanza en la mayoría de los centros universitarios que ennoblecieron con maestros
de la categoría de Tomás de Aquino. Las Constituciones manifiestan esa
prioridad de esta manera: "En las celdas, además, pueden escribir, leer, orar,
dormir, e incluso estar despiertos toda la noche, si lo desean, por razón del
estudio".