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| Santiago,
Apóstol |
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Imagen del Apostol Santiago esculpida en una columna
de su catedral.
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Incluimos a este santo en honor al colectivo español que
reside en EE.UU. y por ser un caso altamente interesante
para comprender esta temática acerca de la devoción popular.
Santiago el Mayor, apóstol, y su hermano Juan, llamados
ambos hijos de Zebedeo, eran - junto con Pedro- los tres
apóstoles preferidos de Jesús. Jesús les puso el sobrenombre
de "hijos del trueno" por su fogosidad. De los largos
viajes de Santiago, su predicación en España y el traslado
de su cuerpo de Jerusalén a Galicia, nos informan las
distintas leyendas y tradiciones.
Según la desbordante imaginación de alguien, Santiago
viajó de Jerusalén a Cádiz, España, y luego a Zaragoza,
al norte de la península, donde convirtió a mucha gente
a la nueva fe. Más tarde, en el sur de España cayó prisionero
con algunos de sus conversos. Suplicó ayuda a la Virgen
María que todavía vivía en Jerusalén. Ésta le concedió
el favor de liberarlo y le sugirió que se trasladara a
Galicia, región situada al noroeste de la Península, a
predicar la fe, y que luego regresara otra vez a Zaragoza.
En esta ciudad se le apareció la Virgen sobre una columna
y le pidió erigiera allí una iglesia y una vez concluida
la construcción del templo se retirara a Jerusalén. (En
Zaragoza se puede admirar hoy la bella basílica de Nuestra
Señora del Pilar). Camino de Jerusalén se detuvo en Éfeso
para visitar a la Virgen y a su hermano Juan. Según los
Hechos de los apóstoles (Hch 12,1-2), Santiago fue decapitado
por orden de Herodes Agrippa en el año 44. Su cuerpo estuvo
durante cierto tiempo en las cercanías de Jerusalén. Cuando
se desencadenó una nueva persecución, siete discípulos
recogieron el cadáver en Jerusalén y se embarcaron en
una nave sin timón, que navegaría sin rumbo fijo hasta
llegar a las bravas costas gallegas, al puerto romano
más importante a la sazón, Iria Flavia, en las proximidades
de Santiago de Compostela. Fue enterrado en un bosque
cercano llamado Liberum donum, donde se erigió
un altar sobre la llamada Arca marmorea. Tras persecuciones
y prohibiciones de visitar la zona, el lugar cayó en el
olvido, hasta que un ermitaño en el año 813 vio luces
extrañas y escuchó cánticos de ángeles provenientes del
lugar. Se lo comunicó al obispo (de la mitra compostelana)
Teodoro, quien visitó el lugar y encontró una vieja lápida
con restos humanos que atribuyó al apóstol Santiago y
a dos de sus discípulos. El obispo informó al rey Alfonso
II (791-842) que visitó el lugar y proclamó a Santiago
patrono de su reino, ordenando la construcción de una
pequeña iglesia que se convertiría luego en la conocida
catedral. Pero el apoyo más decisivo lo ejercieron el
papa León III y el rey Carlomagno (742-814); ambos se
apresuraron a certificar que se trataba del mismo apóstol
Santiago. El mundo de aquella época necesitaba creencias
y los cristianos una justificación que les moviera y estimulara
a luchar contra la invasión musulmana, que había llegado
ya hasta las puertas de la localidad francesa de Poitiers
y amenazaba con penetrar más profundamente hacia el interior
de Europa.

Plaza del Obradoiro, con la portada de la catedral
de Santiago de Compostela.
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La actual catedral de Santiago de Compostela se comenzó
a construir en 1075. El santuario se convirtió en un lugar
de culto y símbolo del poder cristiano. Alfonso X el Sabio
(1252-1284), rey de Castilla, en su Crónica General
da cuenta detallada de la participación milagrosa del
apóstol en la batalla de Clavijo montado sobre un blanco
y brioso corcel y matando moros. De ahí se originaron
los dichos de Santiago "matamoros" y "Santiago por España".
También se le atribuye una intervención decisiva en la
victoria del rey leonés Ramiro II sobre el musulmán Abad
al-Rahmand III en la batalla de Simancas. Fernando I (1035-1065)
permaneció orando tres días y tres noches ante la tumba
del santo, pidiendo apoyo para conquistar la ciudad de
Coimbra, Portugal. De esta manera, la Reconquista fue
triunfando lentamente, a pesar del temible Almanzor y
de otros caudillos militares musulmanes. Cuando Almanzor
arrasó Compostela, respetó las reliquias, una circunstancia
que afianzó todavía más la leyenda.
Hay teorías que sitúan mucho antes la ruta del Camino
de Santiago, como una peregrinación pagana, ya que si
desde el resto de Europa se sigue la Vía Láctea, esto
le lleva a uno a Santiago. De hecho el nombre de Compostela
puede que venga de "Campus stellae" o "Campo de la estrella";
pero el viaje no se detenía en Santiago, sino que continuaba
hasta Finisterre, la última tierra conocida en aquel entonces.
Más allá se encontraba lo ignoto.
Por el contrario, según algunos autores, los restos que
yacen en la basílica de Santiago no son los del apóstol
sino los de Prisciliano, nacido en Iria Flavia en 345.
Joven dotado de gran inteligencia, don de gentes y palabra,
que perfeccionó sus estudios en Burdeos. Allí descubrió
el cristianismo primitivo mezclado con ideas maniqueas
y orientales. Promovió una enseñanza de ascetismo exagerado
que consideraba a sus seguidores como elegidos, puros
e inspirados por Dios. Profesaban la pobreza, la continencia,
abstinencia de carnes y vida de penitencia. El éxito de
sus doctrinas tomó proporciones enormes que se extendieron
hasta Portugal e inquietaban a la Iglesia oficial. Se
le acusó de toda clase de excesos, y fue el primer hereje
condenado por la iglesia. Su ejecución tuvo lugar en 389
en Tréveris, ordenada por el emperador Magno Máximo. Sus
discípulos llevaron los restos a su Galicia natal por
una ruta que luego seguirían los peregrinos de Compostela.
Sin embargo, algunos autores partidarios de la tesis de
Santiago atestiguan que tampoco hay fuentes suficientemente
fiables para demostrar que los restos sean los del propio
Prisciliano.
¿Quién está, entonces, enterrado en la cripta de la catedral
de Compostela: el apóstol palestino o el hereje gallego?
Quizá el hecho histórico no es tan importante como la
creencia popular, pues no cambiaría la fe de los peregrinos
ni el sentido del Camino de Santiago. En definitiva, la
verdad histórica ya sea en uno u otro sentido carece de
mayor trascendencia; en todos estos mitos y leyendas lo
que cuenta, según el historiador Américo Castro, "es
la invención de Santiago y sus fabulosas consecuencias",
pues la leyenda del apóstol Santiago infundió tal fe a
los hispanos que durante siglos lo utilizaron en su lucha
contra el moro. Esa fe profunda - acaso carente de fundamento
histórico - les condujo a grandes proezas. Ya Jesús aseguró
a sus discípulos que con muy poca fe podrían mover montañas.
El Camino de Santiago alcanzó tanta importancia que los
ingleses llamaban a todo el norte de España, en los siglos
X, XI y XII, Jacobsland (tierra de Santiago). De
los siglos XI al XIII el Camino se convirtió en una de
las peregrinaciones más importantes de la Cristiandad.
Reyes y reinas, príncipes y princesas, santos, monjes
y peregrinos de toda naturaleza y condición realizaban
el viaje a Santiago. Goethe afirmó que "Europa comenzó
en el Camino de Santiago". Los peregrinos no han cesado
de llegar, incluso entre los no católicos, desde monjes
sintoístas procedentes del Japón a actores y actrices
de Hollywood. En un año normal llegan a Santiago unos
dos millones de peregrinos, cuando es Año Santo (Año Jacobeo,
siempre que coincide el 25 de julio en domingo) la cifra
asciende a más de cinco millones.
La catedral actual es un prodigio y compendio de todas
las características del arte románico y barroco (en su
fachada de la Plaza del Obradoiro), tanto en arquitectura
como escultura. Ese prodigio arquitectónico también es
fruto de la fe de millones de fieles. (Tomado del libro
Devociones populares)
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