En la última parte
del siglo XII la Iglesia estaba pasando por una decadencia
y se había empobrecido espiritualmente. Por aquel entonces
Francisco de Asís renunció a toda riqueza y fundó la orden
mendicante de los franciscanos. En la primera reunión
de la Orden en 1212, Francisco predicó un sermón que habría
de cambiar radicalmente la vida de una joven de dieciocho
años llamada Clara.
Las palabras de Francisco inspiraron en Clara, de notable
belleza, e hija de una familia rica, el deseo de servir
a Dios y de consagrar la vida siguiendo las enseñanzas
de Cristo. Buscó a Francisco y le rogó la aceptara como
miembro de la Orden. Clara colocó sobre el altar, como
ofrenda, todas sus joyas y lujosos vestidos. Francisco
no pudo rechazar los ruegos de la joven, y la colocó temporalmente
en un convento de benedictinas cercano.
Cuando se supo lo sucedido, familiares y amigos trataron
de sacar a Clara del monasterio. Pero ella permaneció
inflexible. Sería sólo la esposa de Cristo. Triunfó y
poco después Francisco la llevó a una vivienda pobre al
lado de la iglesia de San Damián en Asís. Otras mujeres
se unieron a ella. Clara fue la madre superiora de la
Orden, que se llamó: "Las Damas Pobres de San Damián".
Las costumbres de la Orden eran austeras. Aceptaron la
regla franciscana de pobreza absoluta. Pasaban el día
pidiendo y trabajando en obras de misericordia por los
pobres y abandonados.
Clara era una sierva no sólo de los pobres sino también
de sus monjas. Clara gobernó el convento durante cuarenta
años, cuidando a las hermanas, y dispuesta a hacer lo
que Francisco le indicara. Le dijo: "Soy tuya por haber
entregado mi voluntad a Dios". Su biógrafo dice que Clara
radiaba un espíritu de fervor tan fuerte que encendía
a los que sólo oían su voz".
En 1253 contrajo la última enfermedad. Cada día se debilitaba
más y cada día recibía más visitas de gente devota, de
sacerdotes e incluso del papa. El último día de su vida,
al ver a tantos llorar junto al lecho, exhortó a todos
a que amaran la "santa pobreza" y compartieran sus posesiones.
Dijo: "Vete en paz, porque has seguido el camino recto.
Vete sin miedo porque el que te creó te ha santificado,
protegido siempre y amado como una madre. Bendito sea
Dios, por haberme creado".
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