San
Juan de la Cruz (y su importancia para el mundo moderno)
por Isaías A. Rodríguez
1. El desconocido
San Juan de la Cruz es el gran desconocido del pueblo cristiano. Sólo los estudiosos
se acercan a él para descubrir en sus obras un tesoro espiritual. Tomás Merton
no duda en llamarle "el más grande teólogo de los místicos católicos". Allison
Peers afirma que "ningún contemplativo, por muy avanzado que se encuentre, dejará
de recurrir a él y hallar iluminación e inspiración". Para otros autores es, "el
místico de los místicos", "el poeta de los poetas", "espíritu de llama", "único",
"maestro", "un sicólogo nato", " un gigante", "el más culto y sabio de los místicos
del siglo XVI". Alabanzas como éstas se podrían multiplicar indefinidamente.
Ante tanto honor y gloria, el santo se quedaría turbado, pues lo único que deseó
en su vida fue indicar un camino seguro y rápido para llegar a la unión con Dios.
Los honores y las glorias quedaban para Dios, para sí solamente pedía de lo alto
la gracia de: "Morir sin cargo alguno de superior, en un lugar desconocido, y
después de haber sufrido mucho". El Señor se lo concedió, y hoy el mundo celebra,
como en Jesús, su luminosa resurrección.
2. Vida
Ofrecemos solamente unas pinceladas. Nace en 1542 en Fontiveros, Ávila, España,
de Gonzalo de Yepes y Catalina Álvarez. A los tres años muere su padre y quedan
sumidos en la mayor pobreza; a los nueve aprende artes y oficios: carpintero,
sastre, pintor. De joven cursa humanidades con los jesuitas. Tenía 21 años cuando
entra en la Orden Carmelitana. Cursa teología en Salamanca; se gradúa como teólogo,
y es ordenado de sacerdote en l568.
A los 25 de edad, tiene un encuentro casual en Media del Campo con santa Teresa
de Jesús, que le conquista para colaborar con ella en la reforma de la Orden Carmelitana.
El 28 de noviembre de 1568 se inaugura el primer convento reformado en Duruelo.
Desde ese momento todo será un ascenso del Monte Carmelo. La escalada en el establecimiento
de la Orden le llevará al mismísimo encarcelamiento en Toledo por parte de los
antiguos frailes. La escalada espiritual le llevará muy pronto a la cumbre de
la perfección cristiana. Con toda probabilidad, a los treinta años había logrado
"la transformación espiritual en Dios". En términos místicos, "el matrimonio espiritual".
Desde esa alta cumbre, dedicaría toda su vida a la dirección espiritual de frailes,
monjas y laicos. Una orientación encaminada al sublime ideal de la unión con Dios.
El establecer firmemente la nueva Orden de los Carmelitas Descalzos le acarrearía
múltiples sufrimientos, pero el santo los aceptaría con agrado con tal de imitar
siempre a Cristo hasta en el último detalle. Con mucho sufrimiento físico, pero
en su último encuentro de amor divino aquí en la tierra, partiría para la otra
vida a las doce de la noche, el 13 de diciembre de 1591, a los 49 años de edad.
En 1726 fue canonizado; en l926 declarado Doctor de la Iglesia, y en l952 nombrado
patrono de los poetas españoles.
3. Escritos
Se ha indicado que la intención primordial de toda su vida fue la de encaminar
las almas por los senderos más seguros del espíritu. Su vocación no fue la de
escribir. No fue el teólogo que dedicó su vida a la pluma. Las más de las veces
escribe porque otras personas se lo ruegan. Con todo, lo escrito por él, le ha
ganado títulos en los campos de la teología, sicología, mística, espiritualidad
y poesía. No podía ser menos de una personalidad tan rica como la de san Juan
de la Cruz.
A los treinta y cinco años, estando preso en un cuartucho pequeño, oscuro y ardiendo
en los calores toledanos, escribe la primera versión del Cántico espiritual,
junto a Romances a la Trinidad, "Super flumina" y La Fonte que
mana y corre.
Sus obras mayores: Subida del Monte Carmelo, Noche oscura, Cántico
espiritual, Llama de amor viva, son fruto de su madurez espiritual
y personal. Las culmina a partir de sus cuarenta años. Mientas escribe la Noche
y Llama de un tirón, en unos pocos días, a la Subida dedicó varios
años.
Entre sus obras menores se han de mencionar 5 poemas, 2 romances, 5 glosas, 200
dichos de luz y amor, cautelas y cuatro avisos a un religioso.
4. Significado espiritual
En un mudo de secularización y de apatía espiritual, ¿por qué sigue en crescendo
la fama de este santo y desconocido carmelita? Sin duda alguna, porque él tiene
la respuesta al vacío que angustia a los seres modernos.
En el siglo XX se dieron más conflictos bélicos que todos los ocurridos en el
conjunto de la historia de la humanidad. La angustia y el terror cundieron en
demasía. Luego llegaron la prosperidad, la abundancia, y el desatino en la exaltación
de un espíritu humano libre de barreras y cortapisas. La desorientación se ha
ido apoderando de unos y otros, y de ahí la nueva búsqueda de algo que llene de
verdad.
En los últimos cuarenta años han proliferado métodos de oración y meditación trascendental.
Y es precisamente en esa búsqueda de algo firme y permanente donde muchos se han
topado con san Juan de la Cruz.
San Juan de la Cruz, al paso que canta la belleza de la creación en sus sublimes
poemas, nos recuerda que toda la belleza creada es nada comparada con la divina.
Quien renuncie a lo pasajero, superficial e ilusorio, se encontrará con el Todo
de Dios.