Francisco, hijo de un rico mercader de Asís, nació en 1182.
Pasó la temprana juventud en inofensivas diversiones y deseos frustrados de lograr
gloria militar.
Varios encuentros con mendigos y leprosos aguijonearon la conciencia del joven,
que decidió abrazar una vida dedicada a la Dama Pobreza. A pesar de la intensa
oposición del padre, Francisco renunció a todos los valores materiales y se entregó
al servicio de los pobres. En 1210 el papa Inocencio III confirmó la sencilla
regla para la Orden de los Hermanos Menores, un nombre escogido por Francisco
para enfatizar el deseo de ser nombrado entre los "menores" siervos de Dios.
La Orden creció rápidamente por toda Europa. Pero en 1221 Francisco había perdido
el control de la misma ya que su ideal de pobreza estricta y absoluta, tanto para
frailes individuales como para la Orden en general, pareció algo muy difícil de
observar. Pasó los últimos días de su vida con mucho sufrimiento de cuerpo y de
espíritu, pero nunca perdió su alegría invencible.
No mucho antes de morir, en un retiro en el monte La Verna, Francisco recibió,
el 14 de septiembre, día de la Santa Cruz, las marcas de las heridas del Señor,
los estigmas, en sus mismas manos, pies y costado. El papa Gregorio IX, un antiguo
patrocinador de los franciscanos, canonizó a Francisco el 1228 e inició la erección
de la gran basílica de Asís donde Francisco fue enterrado. Francisco es el más
popular y admirado de todos los santos, pero probablemente el menos imitado; pocos
han llegado a la total identificación con la pobreza y el sufrimiento de Cristo.
Francisco escribió poco, pero de lo que dejó, su espíritu de fe alegre se manifiesta
con más autenticidad en el "Canto al sol", que compuso en Las Damas Pobres de
San Damiano, el convento de Clara. La versión del himno empieza así:
Altísimo, omnipotente, buen Señor,
Te corresponden alabanzas sin cesar
Y bendiciones sin medida.
Todas las criaturas te den gracias
Y te sirvan con gran humildad.