Imagen de San Lázaro en la Iglesia de El
Rincón (Cuba).
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En los evangelios, aparece el nombre de Lázaro en san
Lucas, en la parábola de El rico malo y Lázaro el pobre
(Lc 16, 19-31), y en san Juan, en el milagro de La
resurrección de Lázaro (Jn 11,1-44). De los dos, curiosamente,
el que más interés ha suscitado en el pueblo ha sido el
Lázaro imaginario de la parábola, que en la Edad Media
fue venerado como el patrón de los leprosos. En la actualidad,
su devoción se ha localizado de una manera especial en
Cuba.
Es este un caso típico del sincretismo creado en esta
isla por la confluencia de diferentes culturas. Al parecer,
la mayoría de los cubanos veneran tras san Lázaro a un
santo o deidad yoruba.
Según cuenta el relato legendario, en tiempos remotos
una epidemia de lepra se extendió por la tierra de los
dahomeyanos. Como éstos tuvieran noticia de un milagroso
rey lucumí acudieron a él suplicando ayuda. Tardó en llegar
y cuando lo hizo quedaban sólo unos pocos sobrevivientes.
Apareció un jinete cabalgando en un corcel blanco. Descendió
de la cabalgadura, abrazó a todos los enfermos y se contagió
de la enfermedad. Mas he aquí que con una escoba hecha
de ramas de coco y un mazo de hierbas, se frotó todo el
cuerpo y quedó curado. Repitió la operación con todos
los enfermos y les dijo que él era, Babalú-Ayé, señor
de la tierra y de las enfermedades, y que el que creyera
en Dios, por su fe, sería curado. Los dahomeyanos se lo
agradecieron tanto que optó por quedarse reinando entre
ellos, donde fue muy venerado hasta el fin de sus días.
En Cuba, san Lázaro es un santo creado por la devoción
popular. Es el patrón de los pobres y de los enfermos.
La Iglesia católica, a pesar de conservar una imagen del
mismo en un altar lateral del templo, en la localidad
habanera de El Rincón, Cuba, no lo reconoce oficialmente
como santo. Con todo, debido a la devoción que le profesan,
El Rincón es uno de los lugares de mayor peregrinación
para todos los cubanos. Allí se acercan a rendir tributo
a esa deidad de la Regla de Ocha, Babalú-Ayé, representado
por el Lázaro de las muletas acompañado de unos perros
lamiéndole las llagas. Para los creyentes de la Regla
de Ocha, Babalú-Ayé y san Lázaro son el mismo. Es la deidad
que cura las enfermedades de la piel, las enfermedades
contagiosas y las epidemias. Es también el patrón de los
perros, sobre todo de aquellos que no tienen dueño, los
callejeros. Cualquiera que maltrate a uno de estos animalitos
se acarrea la ira de la gente.
La fiesta tiene lugar el día 17 de diciembre, pero ya
dos días antes empiezan a llegar al pueblo gran número
de devotos para cumplir sus promesas. Llegan unos de rodillas,
arrastrándose sobre el polvo de la calle; otros con pesados
ladrillos atados a sus pies, y otros con ofrendas que
presentan a los pies del santo. La peregrinación es tan
impresionante que algunos la comparan con la que se realiza
todos los años el 12 de diciembre en la basílica de nuestra
Sra. de Guadalupe, en México (D.F.).
La fiesta, es una ocasión que aprovechan algunos para
realizar pingües ganancias vendiendo velas, estampitas,
refrigerios variados, imágenes del santo, llaveritos,
comida criolla y china. Es un espectáculo de carácter
religioso popular, en el que la fiesta profana se mezcla
con lo religioso en un todo difícil de discernir dónde
termina lo uno y empieza lo otro.
Los cubanos exiliados han traído esta devoción popular
a Estados Unidos. Especialmente en Miami, por ser la ciudad
que reúne la mayor concentración de población cubana,
esta devoción está muy extendida.
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