Después de la Basílica de Guadalupe ningún otro santuario
es tan concurrido en México como éste dedicado a Santa
María de San Juan de los Lagos y ubicado en los Altos
de Jalisco.
En 1542 se fundó en Mezquititlán o lugar de mezquites
la ciudad de San Juan Bautista que a partir de 1633 empezó
a pertenecer a la jurisdicción civil de los Lagos de Morelos.
Al poco de fundada, el padre franciscano Miguel de Bolonia
regaló una diminuta imagen de la Virgen a la nueva fundación
misionera. Sin embargo, sólo después de 1623 crecería
el culto a la misma por adquirir fama de milagrosa. Y
es ahora el jesuita Francisco de Florencia quien cuenta
cómo en 1623 un trapecista enseñaba a sus hijas un ejercicio
difícil de trapecio sobre puntas de espadas. Una de las
niñas se cayó y murió. Una anciana –que ya había recibido
gracias de la Virgen– aconsejó al trapecista que llevara
su hija a la Virgen del pueblo. Fueron a la ermita, colocaron
la imagen sobre el pecho de la niña y ésta revivió. A
partir de este momento la fama del lugar aumentó, dando
lugar a la construcción del primer santuario concluido
hacia el año 1643 conocido como Capilla del Primer Milagro.
En l682 ya se había construido el segundo, que en la actualidad
es parroquia. En l769 el obispo de Guadalajara inició
la construcción de la basílica actual que recibe de los
papas Pío X, Pío XI, los títulos de Colegiata, Basílica,
Pablo VI la consagra Catedral de la diócesis de San Juan
de los Lagos.
El bello
e imponente edificio actual, ya está quedando pequeño
y se habla de la construcción de otro de mayores dimensiones.
Y es que a partir del 8 de enero comienzan a salir las
peregrinaciones rumbo a la Catedral Basílica de este lugar
para asistir a la fiesta de la Candelaria del 2 de febrero.
Llegan al lugar, durante el año, casi dos millones de
personas. Las peregrinaciones se extienden a lo largo
de kilómetros enteros y son motivadas y controladas por
oficiales identificados con brazaletes y distintivos,
que dan órdenes, dirigen oraciones y cánticos y todo el
ritmo de la procesión. Al frente de otros grupos se ven
sacerdotes o capellanes como líderes espirituales de los
peregrinantes. Se ve a otros caminantes cumpliendo rigurosas
mandas, y van de rodillas ayudados por otras personas,
o cargados de instrumentos penosos, pero tanto unos como
otros han de llegar de alguna manera, ya que interrumpir
la promesa significaría convertirse en piedra, según la
creencia popular. Cuando llegan a la Catedral les espera
el señor obispo del lugar quien les asperja con agua bendita.
La ciudad se convierte toda ella en una feria cultural,
donde abundan la alegría, la música, las danzas, la comida,
las artesanías, cerámicas, artículos religiosos, etc.
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