El Día de la madre es un día muy celebrado y explotado
por la sociedad de consumo. El Día del padre pasa casi
desapercibido. ¿Por qué? Tanto amor despliega el padre
como la madre en la procreación de los hijos. Un amor
que se manifiesta de manera diferente, pero en el fondo
es amor profundo y verdadero.
En la actualidad, con la multiplicación de los divorcios,
la sociedad está advirtiendo que donde falta el padre
los hijos carecen de algo muy fundamental. Y se inicia
ya una tendencia a fortalecer las parejas y matrimonios
para que no den el paso que conduce a tanto dolor.
El movimiento feminista sacó las cosas de quicio. Tal
ha sido la crítica dirigida al hombre, al esposo y al
padre que se está produciendo una reacción para equilibrar
el desequilibrio. Warren Farrell publicó en l993 un libro
titulado: El mito del poder del hombre, y ha fundado
"el movimiento en defensa del hombre".
Efectivamente, las feministas han querido demostrar que
"el hombre siempre, y en todas partes ha dominado y esclavizado
a la mujer". Este argumento es inválido pues, como dicen
los filósofos: "Lo que prueba demasiado, no prueba nada".
Tal aserción vendría a probar que el hombre ha sido víctima
de una sociedad corrompida en la que desde la niñez está
orientado a ser un pervertido.
Por el contrario, fácilmente se podría probar la tesis
de que el hombre ha sido el verdadero esclavo, no ya de
la mujer, sino de la evolución social e histórica.
Mientas la mujer quedaba en casa, el hombre tenía que
moler su cuerpo en las entrañas de la tierra extrayendo
minerales, o se pasaba el día en los campos trabajando
las tierras con el sudor de su frente, o era azotado meses
enteros por tormentas marinas, o daba su sangre en batallas
en favor de una paz que muchas veces él mismo no vería.
Esta ha sido la historia del hombre en una evolución inclemente.
Ha sido precisamente la sociedad moderna, creada por el
hombre (y apoyado por la mujer) la que ha liberado a ambos
sexos de una esclavitud física, y es ahora cuando se acusa
al hombre de haber controlado a la mujer. ¡Injusticia
de injusticias! Todos somos conscientes de casos anormales,
de machistas que de hombres tienen poco, de filosofías
desviadas que proclamaron desigualdad esencial entre ambos
sexos. Esos fueron errores que no han hecho más que demostrar
que el hombre y la mujer han sido y serán seres con igualdad
de derechos y de destino, aunque con características fisiológicas
y psicológicas distintas. Igualdades esenciales, diferencias
accidentales. Mas la crítica lanzada contra el hombre
ha producido en éste un complejo tal que hoy día no sabe
ser hombre ni padre. Y ha caído en una crisis psicológica
y sociológica. Más aún, esta crisis ha provocado desorientación
en el matrimonio y en la familia. Donde no hay capitán,
el barco va a la deriva. Es necesario que alguien tome
las riendas y oriente de nuevo a la institución familiar.
La madre tiene que ejercer su autoridad sin restarle nada
al padre. El padre debe recobrar y ejercer su autoridad
con amor. No como déspota. El joven Alejando Magno dijo
un día a su padre Felipe, rey de Macedonia, que jamás
aceptaría órdenes de ningún general. Felipe le preguntó:
"¿Acaso no estás ahora bajo mi control?". "De ninguna
manera, contestó Alejandro, pues no te obedezco como a
rey sino como a padre".
por Isaías A. Rodríguez
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