| Carta
Pastoral de la Obispa Presidenta |
Carta Pastoral sobre la Reforma Inmigratoria
18 de abril de 2007
por Katharine Jefferts Schori
Estimados amigos en Cristo:
Como cristianos hemos sido llamados a abrazar al forastero, a ser hospitalarios
con los más débiles y a encontrar a Cristo en todos quienes se acercan a nosotros
teniendo necesidades. Se nos ha mandado que amemos a nuestro prójimo tal como
Dios nos ama. En el bautismo hemos prometido buscar y servir a Cristo en todas
las personas. Por lo tanto compartimos las aflicciones de los trabajadores arrestados
por nuestro gobierno por carecer de estado legal. Sus familias están pasando
por momentos de inseguridad y separación, y se está infligiendo un grave daño
a quienes tratan de ganarse la vida para sí y sus familiares en una nación donde
a menudo se necesitan sus labores pero les deniega su dignidad humana fundamental.
Puesto que somos sus hermanos y hermanas nos sentimos afectados por su sufrimiento.
Cuando en nuestra nación se debatió la reforma al sistema migratorio durante
una gran parte del año pasado, la Iglesia Episcopal se unió a quienes abogaban
por una ley que subsanara las fallas del sistema actual. Una amplia coalición
de organizaciones religiosas y seculares ha estado solicitando un sistema inmigratorio
que reconozca la necesidad de contar con trabajadores y establezca un sistema
que: permita que los trabajadores que viven fueran de nuestras fronteras ingresen
a los Estados Unidos legalmente y puedan solicitar residencia permanente; apoye
la rápida reunificación de las familias; y que establezca un sistema orientado
a otorgar la residencia permanente de los más de 11 millones de trabajadores
que se encuentran en los Estados Unidos y que carecen de estado legal pero que
fielmente han contribuido con su tarea al bienestar de todos. Lamentablemente
la solución legislativa buscada no fue aprobada y por lo tanto se continúa con
un sistema defectivo.
Si se hubiera aprobado la ley, ahora se contaría con una nueva forma de responder
a las necesidades de los migrantes que están en nuestro país y aquellos que
se encuentra fuera de nuestras fronteras tratando de escapar de la enorme pobreza
y llegar a ser trabajadores autorizados en los Estados Unidos, donde sus aportes
serán reconocidos. En cambio, nuestro gobierno se ocupa en una persecución sin
precedentes de trabajadores indocumentados. Funestamente la respuesta oficial
ha sido el castigo y no la reforma. La Iglesia Episcopal continúa sintiéndose
comprometida con los principios que definieron nuestros esfuerzos anteriores.
Quiero elogiar a todas las personas de fe, tanto dentro como fuera de la Iglesia
Episcopal que se sienten profundamente ofendidas por los actos de nuestro gobierno
y que comprenden que el llamado a la hospitalidad es el centro del mandato evangélico
que define nuestra fe. Hemos sido llamados a encontrar formas de proteger y
atender al forastero que se encuentra entre nosotros y quien a menudo es ignorado
por los demás. Debemos recibir a los forasteros en nuestras congregaciones y
comunidades y debemos reclamar que el gobierno apruebe una justa reforma inmigratoria.
Nuestro llamado a una hospitalidad fiel se hace particularmente importante en
esta bendita estación de nueva vida, pues como cristianos hemos sido llamados
a ofrecer la esperanza Pascual de una nueva vida a todos los que están atemorizados
y desanimados.
Cordialmente,
- S. E. Rvma. Katharine Jefferts Schori
Obispa Presidenta y Primada de la Iglesia Episcopal