Dios nos amó de tal manera que vino a habitar entre nosotros morando en la tienda
de un cuerpo humano. Estas palabras nos hacen recordar que mientras Israel deambulaba
por el desierto Dios estaba presente en la tienda de reunión. El don de la Encarnación
nos demuestra que Dios está dispuesto a irrumpir en la tienda de un cuerpo humano
y ser uno con y entre nosotros.
Esta frágil tienda de carne es capaz de contener la divinidad pero también puede
difundir su espíritu. Ireneo y Atanasio insistieron que el don de la Encarnación
consistía en que "Dios se hizo humano para que nosotros lleguemos a ser divinos".
Ustedes y yo somos portadores de la imagen de Dios, y ustedes y yo somos partícipes
en la Encarnación pues Jesús lo hizo primero por nosotros. Dios también nace en
nosotros.
La sencillez de un nacimiento en la oscuridad para una pareja de campesinos refugiados
en un lugar remoto nos demuestra que Dios está con nosotros en las cosas más insignificantes
de la vida y, tal vez, nos recuerda que nosotros también podemos descubrir a Dios
en situaciones humildes e insignificantes tan sólo si estamos dispuestos a buscar.
La historia de Mateo sobre los sabios de oriente que llegaron tratando de saber
lo que había acontecido con este niño extraordinario también nos recuerda que
el amor de Dios es para todos, que Dios viene en forma humana para toda la humanidad
y no sólo para nuestros correligionarios ni tampoco para los que esperan que Dios
se manifiesta de la misma forma en somos nosotros, ni tampoco en una forma bien
establecida en el altar.
Recientemente yo observé y escuché a una mujer que conversaba con un niño de tres
años. La mujer le preguntó qué pasa en la Navidad pero el niño, aunque podía hablar
bien, no pudo decir mucho. Con el tácito permiso de sus padres, la mujer le preguntó
sobre Santa Claus y comenzó a hablarle sobre el amanecer en el día de Navidad
y encontrar regalos. Ella no dijo nada sobre la fiesta de San Nicolás o sobre
Jesús y su nacimiento pero ella transmitió ese sentimiento de asombro y amor relacionado
con la Navidad.
Esto es una oportunidad para quienes nos decimos seguidores de Jesús. Es la clase
de invitación que los sabios de oriente escucharon. Aun la moderna historia de
Santa Claus, que no tiene mucha relación con la santa fidelidad de San Nicolás,
puede ser otra clase de estrella que dirija a otros al humilde establo donde Dios
llegó entre nosotros. Dios continúa llegando entre nosotros con humildad; Dios
continúa naciendo en las frágiles oportunidades que necesitarán ser cuidadas y
nutridas por otros. El niño que viajaba en el autobús abrió su mente y corazón
a la gran historia de la Navidad. Ahora bien ¿quién contará la historia, la antigua
historia del amor de Dios a quienes están listos y dispuestos a escuchar?
- S. E. Rvma. Katharine Jefferts Schori es Obispa Presidenta y Primada de la Iglesia
Episcopal.