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El tema está de moda en los Estados Unidos. En algunos
forma parte obligatoria del curriculum escolar. En el
de Georgia se pasó una ley en l997 obligando al Departamento
de Educación a desarrollar un programa educacional sobre
carácter que habría de llamarse "el curriculum
del carácter" y enseñarlo en las escuelas del kindergarten
al grado doce, a partir del año escolar l997-l998. Ahora
la obligación se extiende a todos los niveles, a partir
del curso 2000-2001. Y se urge a todas las instituciones
educativas a embarcase en tan loable proyecto.
Entre otros valores se exige que se enseñen los siguientes:
valentía, patriotismo, sinceridad, cooperación, puntualidad,
limpieza, autodominio, dignidad, paciencia, deportividad,
gentileza, y así hasta un total de treinta y seis cualidades
morales.
Mas no podemos dejar de preguntarnos, ¿Por qué tal
urgencia? ¿Por qué el gobierno civil, al parecer, ocupado
en otros asuntos ha de intervenir en uno que debiera
darse como aceptado normalmente? Tal vez esa sea la
respuesta: la conducta de esta sociedad ya no es normal.
Como la bola de nieve, el desajuste social, con el rodar
del tiempo, ha ido creciendo de una forma monstruosa,
tan monstruosa que, por fin, los líderes políticos lo
están notando.
El arte del cine es un excelente reflector de la sociedad.
Bastaría nombrar unos pocos títulos para que en ellos
se viera reflejada la corrupción de las costumbres.
Quiero recordar sólo tres: Ice Storm, American Beauty,
Magnolia , sin incluir películas de violencia. Viendo
estas películas uno debe concluir: "Esta es
una sociedad enferma moral y sicológicamente".
De siempre se ha sabido que los pilares débiles de
esta cultura han sido el sistema filosófico positivista,
que relativiza y subjetiviza la moralidad, y el agudo
individualismo. La virtud y la moral dependen del individuo,
no de un orden establecido y permanente. ¡Paradoja
de paradojas que un país tan religioso como éste venga
a caer en una decadencia moral carente de Dios! De todo
esto hemos escrito en nuestro libro "Temas de
un diario". Algunos criticaron mi espíritu
crítico, pensando que porque este país nos ha abierto
las puertas hemos de aceptar un mundo sin valores.
Mi mayor satisfacción es ver que se presta atención
al tema.
Mas el desquicio se ha extendido, en parte, a todo
el mundo. A partir de los años sesenta, se aflojaron
las cuerdas en todos los campos, incluso en el religioso.
Llegó el momento en que nadie sabía cómo conducirse.
La permisividad y el libertinaje se convirtieron en
ley. ¿Será verdad que ha llegado el momento de dar marcha
atrás?
Hemos de apoyar este movimiento de la formación del
carácter con todos los medios a nuestra disposición.
Y ojalá que esta oleada de buena fe trascienda las fronteras
de este país y se extienda por todo el mundo y así imiten,
no sólo lo superficial, sino lo que tiene buen fundamento.
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