por Zenón de Citium
Se debe a la avaricia que
los graneros de unos pocos estén llenos de trigo
y vacío el estómago de muchos.
A la misma avaricia se debe
la inflación de los precios y la falta de productos.
A causa de ella nace el fraude, el robo,
las guerras y los pleitos.
Todos los días busca el lucro
a costa de los gemidos ajenos.
La avaricia ha convertido la acumulación
y el monopolio de bienes en una industria.
El apetito de poseer los bienes ajenos
urge con argumentos apasionados, bajo
el pretexto de la defensa de los propios derechos.
De este modo logran que lo que tenga
algún indefenso o inocente
lo pierda según las leyes.
Y este hecho tan frecuente
es peor que toda violencia,
porque aquello que se arrebata por la fuerza
alguna vez puede llegar a recobrarse,
pero lo que se quita con el amparo de la ley,
se pierde para siempre.
El que se atreve a gloriarse
de su avaricia e injusticia,
que lo haga, pero sepa que para Dios,
el más miserable de los vivientes
es aquel que se enriquece con al miseria ajena.