¿Cuántos años lleva en Estados
Unidos?
Llegué a estas playas a fines de 1960, dos años
después del triunfo de la revolución, pero
he pasado 22 años en América Latina, ocho
de los cuales en Venezuela donde serví como obispo.
Desde 1995 hasta fines del año pasado fui obispo
auxiliar en Atlanta y Alabama.
¿Ha vuelto por Cuba?
Sí, en tres ocasiones, siempre en función
de mi ministerio en la iglesia. La última vez
que estuve allá fue en 1984 cuando celebramos
una consulta de Compañeros en Misión.
Mantengo muy buenas relaciones con la iglesia cubana
que me nutrió e inspiró para dedicar mi
vida al ministerio ordenado.
¿Cómo fue su ministerio en la Novena Provincia?
En aquella época, a principios de los años
70, la provincia comprendía México, Centro
América, el norte de Sur América y el
Caribe de habla hispana. Era un área tremenda
y la situación política relativamente
estable. La oficina provincial se ocupaba de comunicaciones,
liturgia, evangelismo, mayordomía, educación
cristiana y acción social. Yo viajaba desde San
Salvador por toda el área con bastante frecuencia,
al extremo que mi hijo de cuatro años le dijo
a un amiguito que yo trabajaba en el aeropuerto.
¿Cómo era la situación?
Uno de los principales problemas de las 18 diócesis
de la provincia era la inter-comunicación. Varias
de las diócesis eran de reciente creación
y los líderes no se conocían. El Seminario
del Caribe en Puerto Rico jugó un papel en la
integración de la provincia y en la educación
de los clérigos. Estábamos en un período
de transición. Se estaba pasando de la época
de obispos misioneros norteamericanos a obispos nativos.
Esto no ha sido fácil y todavía se ven
las consecuencias.
¿Qué se hacía en comunicaciones?
En 1971 yo comencé un pequeño noticiero
de dos páginas que salía puntualmente
todos los meses. Rápidas fue progresando poco
a poco y ampliando su tiraje. Las iglesias alemanas
se interesaron y nos dieron fondos para que tuviera
mayor cobertura ecuménica. Eventualmente Rápidas
pasó al CLAI, el Consejo Latinoamericano de Iglesias
y hoy su obra ha sido ampliada y continuada mediante
Nuevo Siglo, sin lugar a dudas, el mejor periódico
cristiano de habla española. Yo tengo el honor
de escribir allí una columna mensual llamada
Rapidísimas que también se distribuye
por la internet.
¿No hizo algo similar en Nueva York?
Sí, me pidieron que fuera a formar parte del
equipo de misión mundial en el Centro Episcopal
de Nueva York. Allí se ampliaron más los
ámbitos y comencé World Mission News que
se distribuía por todo el mundo. Tuve que viajar
por Asia, Africa y América Latina. Como no podía
dejar de comunicar en español, fundé Anglicanos
que todavía se publica en Centro América.
¿Estuvo después en Inglaterra?
Sí, me invitaron a dirigir la oficina central
de comunicaciones de la Comunión Anglicana en
Londres donde estuve por tres meses hasta enero del
2003. Esto ha sido un honor que aprecio mucho. Aquí
he estado muy cerca de la vida de la Comunión
Anglicana y me ha tocado escribir noticias sobre la
transición del Arzobispo Carey al Arzobispo Williams.
Algunas veces he pensado que si mi abuela me viera no
lo creería.
Usted ha tenido un ministerio muy interesante.
No cabe duda que he sido ricamente bendecido, pero
debo advertir que he trabajado mucho, que me he esforzado
mucho en aprender nuevas cosas, que no me he rendido
ante los fracasos, que siempre he tratado de ver lo
positivo en las cosas y las personas, que las críticas
positivas me han ayudado a crecer y que siempre creo
que Dios tiene la última palabra.
¿Cuál es su próximo proyecto?
Es hacer para la diócesis del Sureste de la
Florida un periódico en español a colores
cuatro veces al año. Al Obispo Leo Frade le encanta
la idea y ya está buscando los chavos. Ya tenemos
un equipo profesional dispuesto a trabajar y hasta el
nombre de la publicación. Se llamará La
Red, que tiene significado bíblico y es la versión
española del actual periódico diocesano.
¿Cómo impartir entusiasmo?
Esa es una lucha larga. Hay que ayudar a esos compañeros
que no se superan, que siempre se quejan de todo, que
prefieren hacerse las víctimas. Muchos de esas
personas han perdido el romance de la misión.
Es cierto que han sufrido, que el trabajo es duro, que
hay que muchas incomprensiones pero los cristianos somos
gente de la resurección, gente de la esperanza.
¿Y las comunicaciones?
Ese es un ministerio especializado que requiere estudio,
paciencia y dedicación. Yo qusiera celebrar talleres
de comunicaciones para reunir un grupito y juntos aprender
cómo se hace una noticia, cómo se da a
aconocer la iglesia y el evangelio. Si el evangelio
no es comunicación, entonces qué es. Hay
que prepararse constantemente y armarse de las herramientas
modernas para que el evangelio sea conocido. Yo no me
explico que haya clérigos, y hasta obispos, que
no quieren ni tocar una computadora.
Cuéntenos de su familia.
Nina, mi esposa, y yo llevamos 43 años de casados.
Ella es cubana también, es educadora cristiana
y en los últimos diez años ha editado
Día a Día, un devocionario diario de amplia
circulación. Tenemos cuatro hijos, tres mujeres
y un varón. Todos casados, todos profesionales
y todos activos en la iglesia. Tenemos cuatro nietos
y una que llega en marzo. Viven en cuatro puntos diferentes
de la geografía de Estados Unidos pero nos reunimos
dos o tres veces al año y nos comunicamos casi
a diario por la internet y el teléfono.
Y ahora le llegó su merecido retiro...
Un momento, prefiero la palabra jubilación que
viene de júbilo, alegría...
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