¿Cómo llegaste a la Iglesia Episcopal?
P.B.- Acabábamos de llegar de México a Los Ángeles, allá
por noviembre de l989. No sabíamos inglés. Un día paseando
vimos un anuncio de una iglesia que decía: "misa en español
los domingos a las 12 del mediodía". Mi esposo dijo: "el
domingo vamos ahí a la misa". Así lo hicimos. Al entrar
en la iglesia nos recibieron muy atentamente. El servicio lo estaba presidiendo
una mujer. Mi esposo comentó: "no sé dónde nos hemos
metido, pero si esa mujer lee el evangelio, nos vamos". Afortunadamente
"esa mujer" era una invitada; el evangelio lo leyó el sacerdote
de la parroquia, y nos quedamos. Después de la misa, nos gustó
el compañerismo de la gente. Nos trataron como si hiciera mucho tiempo
que nos conocían. Seguimos yendo. Finalmente preguntamos quién
era la mujer que estaba presidiendo el servicio el primer domingo que llegamos.
Nos dijeron que era la misionera hispana de la diócesis, que cada domingo
visitaba una misión. Así descubrimos que nos encontrábamos
en la Comunión Anglicana, que en este país recibe el nombre
de Iglesia Episcopal.
¿Qué clase de apostolado realizas dentro del ministerio hispano?
P.B.- Siempre he sido una mujer de mucha energía y espíritu
de servicio. Soy "cursillista". He sido rectora de dos Cursillos.
Y durante tres años consecutivos he participado de la conferencia "Mujeres
unidas en liderazgo". Los dos últimos años colaboré
como coordinadora y presentadora. Ese programa me llena de satisfacción,
al ver el cambio que se opera en muchas de las mujeres hispanas que han participado.
También soy coordinadora de un retiro para niños y niñas
de la Diócesis de Los Ángeles, llamado "Un encuentro con
Dios", que tiene lugar una vez al año en las montañas de
Wrigthwood y que fue creado por mi esposo el reverendo Juan Barragán.
¿Qué asistencia dominical tenéis en vuestra parroquia?
P.B.- Unas noventa personas. La misa en español es a las once de la
mañana. Al principio, cuando llegamos, sólo asistían
unas diez personas. Así que hemos crecido mucho, considerando también
que el sacerdote es relativamente nuevo.
¿Nos podrías recordar cuantas congregaciones hispanas hay
en la diócesis?
P.B.- En la diócesis de Los Ángeles hay 26 congregaciones. Algunas
con una asistencia de más de trescientas personas, otras con el reducido
número de unas cuarenta. La gente proviene de casi todos los países
de América Latina; dependiendo de la zona de la ciudad, predomina un
grupo nacional sobre otro.
¿Cuál ha sido tu experiencia real respecto al ministerio hispano?
P.B.- Una experiencia muy real en mi vida es el poder compartir enseñanzas
con mujeres hispanas de otras diócesis del país. Cuando llegué
a la Iglesia Episcopal me di cuenta que no todos los que hablaban español
eran mexicanos. Encontré variedad de culturas y diferentes creencias
religiosas. Te contaré una anécdota. Eramos tan creyentes de
san Judas Tadeo que mi esposo y yo habíamos prometido ponerle ese nombre
al primer hijo que tuviéramos. Cuando nació una niña,
vimos que Tadea no sonaba muy bien, le pusimos Judea Esmeralda. Un año
después vino el niño y le nombramos Ricardo Tadeo. Pero a nuestro
tercer hijo, que es una niña, la llamamos Rubí; no es que ahora
no crea en los santos, pero en la Iglesia Episcopal he aprendido que Jesús
es el centro de nuestras vidas.
¿Cuáles son las mayores dificultades que has encontrado para
el desarrollo del apostolado hispano?
P.B.- Una de mis preocupaciones es que los sacerdotes de habla hispana se
concentran sólo en sus parroquias y no ponen sus dones al servicio
de toda la comunidad. Debieran compartir más a nivel diocesano los
talentos que tienen. La gente que llega a nuestra Iglesia viene buscando lo
que no ha encontrado en otras confesiones. Si les brindamos la debida atención
a esos buscadores de la verdad, si les preparamos debidamente, contaríamos
con muchos líderes.
¿Qué provecho crees que se puede sacar de este ministerio?
P.B.- ¡Mucho! Ser un pueblo de Dios significa un pueblo que es consciente
de dónde se encuentra y adónde va. Un pueblo comprometido que
responde a las necesidades. Yo he visto ordenarse a varios sacerdotes que
surgieron de las congregaciones hispanas. Entre ellos mi esposo, Juan Manuel,
que fue ordenado en junio de l998. Esos sacerdotes ahora están desarrollando
una gran labor apostólica. También sé de muchas mujeres
hispanas que desempeñan un maravilloso liderazgo en la Iglesia.
¿Qué futuro crees que le espera al ministerio hispano a corto
y largo plazo?
P.B.- Si contamos con el apoyo de las personas mencionadas anteriormente,
sacerdotes y laicos comprometidos, este ministerio podría llegar a
ser el más fuerte y fértil de nuestra Iglesia. A largo plazo
seremos una gran fuerza en la nación y en la Iglesia.
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