por Víctor Ruiz
La masiva afluencia de emigrantes latinos a Estados
Unidos en las últimas décadas ha traído
consigo, para la población local de lengua inglesa,
un contacto directo con un nuevo colectivo, el hispano,
poseedor de un idioma propio, el español. A pocos
años de sobrepasar el segundo milenio, queda
claro que ningún prejuicio podrá ser tan
persistente como para impedir la presencia creciente
de los "latinos", en todos los ámbitos
y niveles institucionales del país. De hecho,
en casi todos los colegios públicos y privados
de los distintos Estados, se prefiere la enseñanza
del español como segundo lenguaje, y esto no
por razones turísticas, sino porque será
una herramienta de uso cotidiano para todos en cuestión
de pocos años.
Hispanos al encuentro con la religión
Entre aquellos de este país que no tienen raíces
hispanas, buen número está empezando a
conocer este grupo, que llaman "Hispanics"
o "Latins". Una de sus primeras sorpresas
es la inexistencia de una uniformidad cultural total
en los recién llegados. Pero es cierto que hay
algo que da cohesión a la mayoría de ellos:
la pobreza y la marginación, padecidas por igual,
se convierten en un nuevo factor de cohesión.
Es, desde esta perspectiva de indigencia, donde surge
un nuevo denominador común para los latinos en
EEUU: una extrema necesidad para establecer de nuevo
contacto con la religiosidad. Ahora bien, desde una
posición verdaderamente cristiana, la Iglesia
episcopal no puede desoír la llamada de nuestros
hermanos.
A las personas vinculadas al trabajo pastoral y a la
cultura hispana, se les presenta una preciosa coyuntura
para compartir verdaderos sufrimientos. Sin salir de
nuestras propias ciudades, allá donde vive y
trabaja un grupo de latinos, existe una oportunidad
de realizar nuestra tarea cristiana. Y, a menudo, esta
relación va tomando forma: nace una misión,
que, con mucho esfuerzo, pero en poco tiempo se convertirá
en nueva misión hispana. El nombre de un apostolado
al que se han consagrado muchas vidas ya en esta breve
historia, dentro de la Iglesia episcopal, y que conlleva
unos desafíos que no se deben menospreciar.
"START UP, START OVER"
| Una de las primeras reuniones
del programa Start Up, Start Over, celebrada
en Miami, con la asistencia de (izquierda
a derecha): Rvdo. Benjamín Santana,
de la diócesis de Florida Central,
Rvda. Margarita Santana, de la Rep. Dominicana,
Rvdo. Isaías A. Rodríguez, de
Atlanta, Rvdo. Charles Fulton, director del
programa, Sra. Susy miller, consultora, Rvda.
María Consuelo Cartagena, de Honduras,
Obispo James H. Otley, de la diócesis
de Sureste de Florida y el Sr. George Porter,
de Nicaragua. |
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Es el nombre de un programa que lleva años
funcionando en la Iglesia episcopal, para ayudar a la
creación de nuevas congregaciones o a la revitalización
de las que languidecen. Dirigido por el Rvdo. Charles
Fulton, ha comenzado hace escasos meses a colaborar
con el Ministerio Hispano, encontrando que es necesario
realizar previamente toda una serie de adaptaciones,
para que el programa se pueda aplicar al grupo hispano.
Para ello, cuentan con la inestimable experiencia de
un buen número de clérigos episcopales,
bilingües e hispanos, que llevan años acumulando
éxitos y fracasos en este tipo de proyectos.
Algunos encuentros preliminares, entre los técnicos
de "Start up" y líderes hispanos, ya
se han celebrado en Miami y San Diego.
Antecedentes que cuentan
En un país donde tradicionalmente se practica
la libertad de opciones religiosas, no es fácil
hacer entender que para la mayoría de los latinos
la religión es algo elegido de antemano. El haber
nacido en países donde prácticamente no
se ofrece una alternativa a la Iglesia católica
romana y crecido, por lo regular, en un ambiente social
dogmático y autoritario, si acaso produce algo,
suele ser miedo a un posible cambio de confesión.
Pero, también es verdad, que la nueva realidad
conduce a muchos a un replanteamiento de su religiosidad.
Por otra parte, no todos estos cristianos son practicantes.
Un estudio religioso realizado recientemente en España
entre 10.000 encuestados, concluyó que de un
81% que se confesaba creyente, sólo el 21% practicaba
la religión. Esto demuestra que no se puede asumir
que un latino sea religioso o pertenezca a una iglesia
por el simple hecho de que casi todos ellos han sido
bautizados.
El objetivo misionero son los que no practican ni asisten
a ninguna iglesia
Una confesión como la episcopal, que no busca
el proselitismo, no obstante puede y debe actuar, sin
herir sensibilidades religiosas. No puede ignorar una
situación de indigencia espiritual que afecta
a millones de personas.
No obstante, nadie que pretenda levantar una misión
entre los hispanos, debe olvidar que, aunque sea mucha
la necesidad de estas almas y la humildad de sus hogares,
no aceptarán ayuda alguna si no observan, en
quien pretende prestársela, una actitud personal
dedicada, y comprensiva de sus costumbres y tradiciones.
Gracias a no pocos fracasos se conoce ahora la importancia
de esta lección, del exquisito respeto que se
requiere.
Otro tipo de integración
La historia de EEUU está marcada por sucesivas
olas de inmigración, en su mayoría provenientes
de Europa, que asimilaban rápidamente el idioma
inglés y la mentalidad local. Por el contrario,
la inmigración hispana se caracteriza por la
conservación de su idioma, de sus costumbres
y la continua comunicación con sus países
de origen. Este vínculo, favorecido por la proximidad
de los países latinoamericanos y la facilidad
con que se viaja en nuestros días, produce una
constante retroalimentación cultural que "americaniza"
a los de allá e "hispaniza" a los de
acá. Por lo tanto, ya no cabe esperar una posible
"integración" de este grupo, sino más
bien de una "fusión" multicultural.
El mayor obstáculo en este proceso ya no es el
racial, sino el socioeconómico. La pobreza, la
desorientación y la falta de atención,
son factores constantes entre la mayoría de los
hispanos llegados en las últimas décadas.
El Rvdo. Tony Rojas lleva la comunión
a los campos donde juegan al futbol los jornaleros
agrícolas, en las cercanías de Newton
Grove, Carolina del Norte. |
Nuevas maneras de apostolado
Quienes se han consagrado al apostolado hispano encuentran,
en este nuevo concepto de misión y en unos tiempos
de vertiginosos cambios, la oportunidad de abrir nuevos
caminos. Y, una vez más, los líderes religiosos
encuentran en Jesús el mejor ejemplo a seguir.
Jesús no sólo practicó las vías
tradicionales de la predicación y la enseñanza.
Para "proclamar la buena noticia de Dios", emprendió
todo un abanico de nuevas formas, que se salían
de las costumbres tradicionales, y que suponían
asumir grandes riesgos.
Este aspecto innovador, parece ser la clave de muchos
éxitos en las misiones hispanas, en opinión
de muchos que han vivido esa experiencia. La mayoría
de ellos coinciden en que a las formas más eficientes,
para acercarse a los hispanos, no fueron aprendidas en
el seminario. Sin citar ahora nombres, existen casos que
van desde la creación de agencias de servicios
sociales, clases de inglés, hasta llevar el servicio
religioso a las áreas de cultivo agrícola,
celebrándolo en un campo de fútbol, si es
preciso.
Primeras piezas
A la hora de levantar una misión, la lista de
los consejos, es extensa. Cabe citar aquí algunos,
que para muchos resultarán familiares y para
otros servirán de recordatorio.
Para evitar que los primeros pasos no sean en falso,
resulta conveniente hacer una evaluación de la
población hispana en el área dada, así
como averiguar su situación socioeconómica.
Por ejemplo, las distintas nacionalidades de los grupos,
si viven en casas o departamentos, si son capaces de
acercarse a la parroquia o si están demasiado
lejos, etc.
A continuación hay que ver si se cuenta ya con
personas bilingües dispuestas a colaborar y sustentar
la nueva misión. Esta ayuda es de gran valor
y, sin el apoyo de la congregación existente,
no debería iniciarse misión alguna. La
fase siguiente sería la creación de un
comité para el Ministerio Hispano, que en un
comienzo estará todavía compuesto por
personas no hispanas o hispanas bilingües, pero
dispuestas a emprender este proyecto. Después
de suficiente preparación, habrá que determinar
si es posible ofrecer servicios religiosos a los hispanos
de la zona.
Difundiendo la Buena Nueva
Los primeros servicios y primeros pasos de una nueva
misión, son acontecimientos importantes que deben
ser preparados y difundidos meticulosamente. Existe
una serie de técnicas que puede asegurar un buen
desarrollo, entre las que se encuentran las siguientes:
· Imprimir tarjetas de visita con el nombre del
ministro o pastor y entréguelas a todo el mundo.
· Imprimir volantes y repartirlos por los negocios
y empresas donde trabajan hispanos.
· Difundir la noticia por los medios de comunicación
social: radio, periódico, televisión.
· Considerar que es posible que otras parroquias
episcopales cercanas no estén interesadas en
este ministerio con los hispanos y sin embargo existan
allí familias y personas deseosas de participar
en esta empresa religiosa.
· Hacer mapas, indicando dónde se encuentra
la parroquia.
· Colocar señales en los caminos, para
indicar la dirección a la parroquia.
· No olvidarse que el sistema más eficiente
para difundir una noticia es de boca en boca. Es decir,
si los recién llegados son recibidos con una
calurosa acogida cristiana, ellos mismos serán
los mejores difusores de la nueva misión.
Consejos para los primeros servicios
Para que un grupo de hispanos, que no conoce la lengua
inglesa, sea capaz de seguir un servicio, basta en principio
con que sólo algunas partes del mismo se hagan
en español. Si no hay sacerdote hispano o bilingüe,
de inigualable ayuda es contar con un líder laico,
que se haya podido instruir, quien podrá tomar
la iniciativa de oraciones como el gloria, el credo,
y que incluso puede leer el evangelio y una homilía
escrita. Las canciones elegidas debieran ser las conocidas
por los recién llegados o las fáciles
de aprender. Demasiados libros o escritos, pueden producir
un efecto contrario al deseado: los hispanos suelen
poseer una tradición principalmente oral.
En definitiva, si los asistentes a estos servicios,
han encontrado un ambiente familiar, volverán.
Por último, no suele haber mejor manera de culminar
un servicio que con un acto social. El sentido de "fiesta"
es algo plenamente arraigado en los latinos.
El problema económico
Capítulo aparte merece el problema financiero
que por lo regular aqueja toda misión hispana.
La principal dificultad radica en la escasez de recursos
característica de toda inmigración. Pero
no es la única: además está la
inexistencia en la cultura religiosa del pueblo latino,
de la costumbre del diezmo. En la tradición católico-romana,
el pueblo está acostumbrado a un "pago"-
donación aislada por casi toda clase de servicio
religioso -, y a la hora de ofrecer una "promesa
financiera fija" se resiente. La estructura independiente
de las iglesias episcopales no puede subsistir luchando
con esta mentalidad.
¿Realmente no hay dinero?
Se debe reconocer, sin embargo, que los limitados recursos
que la propia Iglesia episcopal dedica a estas misiones
hispanas no proceden de un problema de escasez general.
Es frecuente encontrar parroquias con generosas cuentas
discrecionales, donde se acumula el dinero sin darle
utilidad. A veces, para apaciguar su conciencia, piensan
en ayudar misiones situadas a miles de millas. Nada
que objetar, si es que no se ignora que las misiones
"de acá" pueden llegar a ser tan pobres
como las de allá.
Ante esta situación, al líder hispano,
no tiene más remedio que acudir, a tiempo o a
destiempo, para convencer de esta necesidad a las parroquias
ricas. Esto debe hacerse siempre de una manera clara,
presentando propuestas concretas y tangibles, puesto
que la mentalidad norteamericana rechaza las ambigüedades
respecto al dinero. Muchas veces, es mejor pedir para
apoyar actividades aisladas, explicando siempre con
transparencia en qué se utiliza cada centavo.
Por otra parte, los líderes de las nuevas misiones,
tendrán que insistir e insistir en la enseñanza
de una mayordomía sana con una ofrenda sacrificada.
Pero tampoco se deben excluir vías alternativas
de financiación, como son las campañas
de donación, rifas y sorteos, bailes y cenas
benéficas, etc.
Una misión abnegada, aunque recompensada
El líder religioso al cargo de una misión
hispana debe estar animado de una auténtica vocación
de entrega. Es una tarea de verdadero sacrificio acompañada
de múltiples frustraciones.
Los principios una buena administración, deben
de aplicarse antes que nada por los propios líderes
religiosos a sí mismos. Deben trabajar con una
buena planificación, anticipando tareas para
que, cuando lleguen los momentos de mayor actividad,
no quedar desbordados. Deben desarrollar una enérgica
creatividad, para realizar actividades hasta ese momento
inexistentes en la congregación.
Es preciso advertir que, a pesar de seguir todos estos
consejos, el éxito completo de la misión
nunca estará garantizado. Existen otros condicionamientos,
como: la fidelidad a las tradiciones familiares, que
harán que muchos hispanos no se conviertan nunca
en episcopales, aunque lleven años atendiendo
exclusivamente a esta iglesia; las dificultades para
lograr que una congregación hispana sea autosuficiente
económicamente; el nomadísmo que mueve
a las familias a trasladarse a donde encuentran mejores
oportunidades; no es extraño que den como resultado
el que algún día el clérigo tenga
que marcharse para subsistir.
Con todo, la creación de una misión entre
el colectivo hispano, rebosante de auténtico
sentimiento religioso, puede ser una de las tareas más
satisfactorias; sin duda también, gracias a las
muchas dificultades que conlleva.
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