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| Mildred
González |
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Asistente administrativa de la Oficina del Ministerio
Hispano en Nueva York.
Pregunta.- ¿De dónde eres y cómo
llegaste a la Iglesia Episcopal?.
Mildred González.- Nací en Puerto Rico,
en un pueblecito llamado Castañer. Llegué
a la Iglesia Episcopal el año 1996 cuando comencé
a trabajar en las oficinas de la iglesia nacional, en
Nueva York, como secretaria del obispo de las Fuerzas
Armadas, Ministerio de Salud y Ministerio de Prisiones.
Era el obispo Charles L. Keyser. En esa posición
fui adquiriendo conocimiento de la estructura de esta
iglesia, que me era totalmente desconocida. A pesar
de lo complejo y de las muchas demandas que cada uno
de esos apostolados enfrentaba, me llamaba la atención
el cuidado, la dedicación y el compromiso de
cada uno de los sacerdotes de esa oficina. Todo eso
me llegó al corazón y me animó
a cambiar de denominación, antes era católica
romana. En el año 2000, fui confirmada por el
obispo Egbert Don Taylor.
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P.- ¿Qué es lo que más te gusta
de la Iglesia Episcopal?
M.G.- La manera como se vive el evangelio de Jesucristo,
la forma en que se vive la palabra de Dios, la amplia
libertad de reflexión e interpretación.
También, el hecho de que es una Iglesia multicultural,
que respeta y celebra la diversidad.
P.- ¿Cómo se podría dar a conocer
más rápidamente a nuestra Iglesia?
M.G.- Pienso que una de las formas más efectivas
sería llevando el evangelio de forma directa y
personal, ya sea a través de la distribución
de pequeños folletos, ya sea ofreciendo servicios
en los hogares de los feligreses. Los servicios en los
hogares brindan la oportunidad de que asistan amigos,
familiares y vecinos.
P.- ¿Cuánto tiempo llevas trabajando
en la oficina nacional y qué responsabilidades
tienes en tu cargo?
M.G.- Llevo seis años trabajando en la oficina
nacional, el último en el Ministerio Hispano. Una
de mis mayores responsabilidades es la de atender a las
necesidades de las diferentes áreas de nuestro
apostolado, asegurar que se envíen a tiempo pagos,
becas y materiales que nos piden. Desempeño toda
clase de trabajo, desde tareas administrativas, actualización
de información de datos, hasta asistir en la coordinación
de talleres y encuentros a nivel nacional, en los cuales,
a veces, tengo que participar.
P.- ¿Cuáles son las mayores dificultades
de este cargo?
M.G.- Una de las mayores dificultades es la falta de fondos
económicos. Me gustaría poder ayudar a todas
las personas que nos solicitan apoyo pero, desafortunadamente,
no podemos asistirles como quisiéramos, pues la
ayuda económica es cada vez más limitada.
P.- ¿Estás contenta con tu trabajo?
M.G.- Si lo estoy. Lo desempeño con mucha satisfacción.
Siento que es un llamado a servir, a ayudar en todo lo
que esté al alcance de mis posibilidades. Servir,
es lo que hago constantemente y me siento muy complacida
al hacerlo.
P.- ¿Qué opinión tienes del Encuentro
de líderes hispanos celebrado en mayo en Los Angeles?
M.G.- Fue un acontecimiento de alto significado para nuestro
pueblo hispano. El ánimo de todos los que asistieron
fue muy positivo. Se nos felicitó, en gran manera,
por el buen trabajo que esta oficina desempeñó
en la coordinación del encuentro. Me causó
mucha satisfacción ver la gran cantidad de personas
que asistió, proveniente de casi todos los Estados
de la nación. También me impresionó
el comprobar cómo el ministerio hispano se ha ido
expandiendo en los últimos años.
P.- ¿Qué tal se vive en Nueva York?
M.G.- Muy aceleradamente, porque los trabajos exigen demasiado
y las distancias son grandes. Sin embargo, hay muchas
oportunidades. Nueva York es el centro cultural y financiero
del mundo, donde se encuentran los mejores centros médicos
e instituciones educacionales. Es una ciudad internacional.
Aquí se mezclan y coexisten diversas razas, lenguas
y culturas que celebran sus festividades típicas
en las cuales todo el mundo puede participar. En esta
ciudad existen las cosas más extrañas y
sofisticadas que difícilmente se hallarán
en otros lugares, desde alimentos, especies, música,
libros, vestuarios y restaurantes étnicos, hasta
centros de culto y adoración de toda clase de religiones
y filosofías.
P.- ¿No echas de menos a Puerto Rico?
M.G.- Si, extraño mucho a mi Isla del Encanto,
el sol, las playas, las cálidas noches de verano,
el cantar del coquí. En realidad lo que más
extraño es la tranquilidad que se goza en un pueblo
pequeño, rodeado de montañas, donde cada
persona se conoce por su nombre y todos se tratan con
mucho afecto y respeto.
P.- ¿Qué aficiones o hobbies tienes?
M.G.- En mis años adolescentes me gustaba el canto,
pero, por cosas del destino, nunca pude dedicarme a él.
Me encantan la música, el teatro, la lectura y
el cine.
P.- ¿Qué significa para ti Jesucristo?
M.G.- Jesucristo significa todo en mi vida. Él
es mi fortaleza. Puedo dar firme testimonio de que se
ha manifestado en mi vida de una manera muy real y especial.
Él es quien ha llenado mi vida de paz y esperanza.
Dios me ha dado seguridad, y sobre todo la confianza de
una vida mejor en Él.
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