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| Thomas
Mansella |
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Hablamos con Thomas Mansella,
traductor oficial para el Ministerio Hispano y radicado
en las oficinas de Nueva York, 815.
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C.- ¿De dónde eres y cómo llegaste a la Iglesia Episcopal?
T.M.- Nací en Buenos Aires, dentro de una fiel
familia católico-romana. Durante mi juventud, los compromisos
sociales poco a poco me fueron alejando de la Iglesia.
Más adelante, cuando me integré a la Peña Universitaria,
un grupo afiliado al Inter-Varsity Christian Fellowship,
conocí a unos misioneros anglicanos que trabajaban entre
los nativos del Norte Argentino. Su testimonio me atrajo
de tal manera que decidí visitar una iglesia anglicana.
Después de la visita, simplemente reconocí que allí era
donde debía estar, un hogar espiritual que, sin haberlo
conocido, siempre había imaginado.
C.- ¿Cuando llegaste a este país y qué cargos has ejercido
en el pasado?
T.M.- En 1986 la Diócesis de Virginia decidió ampliar
la obra hispana y comenzó la búsqueda de un segundo misionero
para colaborar con el Padre Iván Ramírez. Presenté mi
nombre, fui entrevistado y contratado; y allí llegué,
junto con mi familia, a fines de 1987. Trabajé como misionero
hispano colaborando en las congregaciones locales y, posteriormente,
llegué a ser el vicario fundador de la Iglesia de Cristo
Rey, cargo que desempeñé hasta fines de los años 90. Ahora
me dedico a hacer suplencias y a colaborar en congregaciones
locales.
Antes de llegar a Estados Unidos, durante diez años fui
misionero en la Diócesis de Paraguay y rector de la Catedral
de San Juan Bautista, en Buenos Aires. Asimismo, fui secretario
del Consejo Anglicano Sudamericano y primer secretario
provincial de la Iglesia Anglicana del Cono Sur de América.
Estos trabajos me permitieron viajar extensamente por
Latinoamérica, Canadá, África del Sur, Europa y, finalmente,
por Estados Unidos como miembro del Comité Nacional Hispano.
C. ¿Cuál es el título de tu nuevo cargo y qué implica?
T.M.- Soy el coordinador de servicios de traducción
de la Oficina de Comunicaciones. Además de traducir noticias
y documentos oficiales del Obispo Primado, de la Oficina
de la Convención General y otros departamentos, coordino
la provisión de intérpretes profesionales para las reuniones
del Consejo Ejecutivo y otros comités y organizaciones.
Además, coordino la producción de traducciones en francés
y, en la medida de lo posible, apoyo la tarea de traducción
de materiales en español para la Iglesia Episcopal. Este
es un nuevo puesto y, por lo tanto, hay otras tareas fundacionales
que deben ser hechas. Por ejemplo, creación de un glosario
oficial, preparación de contratos para intérpretes y traductores.
C.- En nuestro Ministerio Hispano tenemos que hacer
frente a muchos imponderables. Por una parte es conveniente
cubrir cargos como el tuyo y otros de alta administración,
pero, al mismo tiempo, perdemos gente valiosa en el campo
de misión. ¿Qué opinas de esto?
T.M.- Yo considero que mi tarea es servir a los siervos
de Dios. Mi ministerio permite multiplicar los ministerios
que los presbíteros, los diáconos y el pueblo cumplen
en sus propios lugares. Desde otro punto de vista, es
una forma de ser un fiel mayordomo de los conocimientos
técnicos y los dones y visión de la Iglesia, que Dios,
en su misericordia, ha querido darme durante casi 30 años
de sacerdocio.
C.- Ministerialmente, ¿crees que tu cargo es importante
y por qué?
T.M.- El trabajo es importante porque es el resultado
de la visión y la dedicación que durante mucho tiempo
han tenido los líderes del ministerio hispano, de la Convención
General y del Consejo Ejecutivo. La importancia radica
en que es un ministerio creado no como fruto de una necesidad
administrativa sino de una visión misionera. La traducción
y la interpretación son dones puestos al servicio de la
misión que Dios ha encomendado a nuestra Iglesia: restaurar
a todos los pueblos a la unión con Dios y unos con otros
en Cristo.
C.- ¿Crees que nuestros líderes debieran usar más los
medios de comunicación social para difundir la Buena Nueva
de Jesús y de nuestra Iglesia?
T.M.- En su época, san Pablo se preguntaba "¿cómo
creerán en Aquel de quien no han oído?" La gente necesita
escuchar las Buenas Nuevas. Nuestra responsabilidad personal
y corporativa consiste en proclamar el Evangelio usando
los medios necesarios para llegar dónde la gente está
y usando los medios que la gente usa. Los pergaminos y
papiros fueron medios útiles en una época. Hoy debemos
servirnos de la Internet, i-Pods, MP3, SMS, telefonía
celular, televisión por cable, etc. Hay que llegar a un
mundo donde muchos jóvenes escuchan reggaetón y
no conciertos de Bach, y donde incluso los ancianos pasan
horas mirando televisión.
C.- ¿Qué se podría hacer para lograrlo?
T.M.- Hay que comenzar haciendo que el clero y los
líderes laicos miren hacia el futuro y no hacia el pasado,
preparándolos y haciéndolos sentirse cómodos con el uso
de la tecnología moderna. Y, en segundo lugar, hay que
dar énfasis en conseguir los medios tecnológicos necesarios
para que los líderes y las congregaciones puedan proclamar
el Evangelio en forma eficaz.
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