¿De dónde eres y cómo llegaste a la Iglesia Episcopal?
E.G.: Soy colombiano. Vine a Nueva Jersey a la
edad de 28 años, con estudios universitarios de psicología.
Crecí dentro de la Iglesia católica romana. Al final de
los años ochenta había dejado esa iglesia, debido a que
no podía identificarme con la extrema rigidez de la jerarquía,
y su falta de contacto con las necesidades del pueblo.
En aquel tiempo no pensaba "cambiarme" a otra confesión,
así que me había hecho a la idea de no pertenecer a ninguna
iglesia organizada y vivir mi propia espiritualidad.
Por aquel entonces obispo episcopal John Spong publicó
Rescuing the Bible from Fundamentalism. Leí el
libro, y me encontré con que el punto crucial del mismo
era que la Biblia no se puede interpretar literalmente,
sino teniendo en cuenta que fue escrita por seres humanos
en diferentes períodos históricos. Una parte apreciable
de ella nos ha llegado por tradición oral, transmitida
de generación en generación durante cientos de años, todo
lo cual influyó el contenido de la Biblia. Tal concepto
estaba de acuerdo con mis propias reflexiones sobre las
Santas Escrituras, y me dio alivio el pensar que no era
malo que usara mi razón para entenderlas. Esto me "picó
la curiosidad" sobre la Iglesia episcopal, y me llevó
a dar pasos que eventualmente terminaron en mi recepción
oficial en 1993.
¿Cuéntanos algo de tu período de formación? ¿Estuviste
en un seminario de tiempo completo, o trabajabas y estudiabas?
E.G.: Estuve en el Seminario Teológico General
de Nueva York. Durante el primer semestre me dediqué únicamente
a estudiar, lo cual no había hecho desde el "High School"
en Colombia. Al comienzo del segundo semestre, estando
limitado de dinero, decidí regresar a mi trabajo part-time
durante la mayor parte de mi período de formación. Y estudié
de tiempo completo en el seminario. Además tuve que encontrar
tiempo para hacer los internados de formación parroquial
y de Educación Pastoral Clínica.
Si fueras obispo, o tuvieras poder para cambiar algo
en el sistema educativo, ¿qué cambios introducirías?
E.G.: Cursos obligatorios en nuestros seminarios
sobre ministerio hacia minorías para capacitar a líderes
a ejercer apostolado en esta Iglesia que se caracteriza
por su diversidad en todos los campos. A pesar de que
los episcopales promovemos la inclusividad, las instituciones
educativas varían mucho en la importancia y los recursos
que invierten en ese sentido, yendo de muy amplios a muy
limitados.
Ofrecería mayores oportunidades de intercambio
de ideas entre estudiantes y cuerpos docentes en los seminarios
de la Iglesia; entre otras razones para incrementar el
conocimiento y la experiencia de la diversidad en la Iglesia
por parte de los futuros líderes, y el establecimiento
de redes a nivel nacional desde el período formativo.
En particular, buscaría la desegregación de los programas
de capacitación para el ministerio de minorías. En algunos
seminarios se han desarrollado programas específicos para
formar a líderes hispanos, adoptando formas creativas
de capacitación que rompen el molde tradicional de la
educación ministerial, lo cual es muy positivo. Sin embargo,
esos esfuerzos han llevado, en algunos seminarios, como
el Teológico General en Nueva York, a una separación casi
total entre los seminaristas latinos y los angloparlantes.
Tal separación es contraproducente. En lugar de crear
puentes entre los futuros líderes de los dos grupos, se
crea una distancia mayor con todas las consecuencias negativas
que acarrea. Debido a ello, buscaría la forma de crear
la oportunidad para que unos y otros inter-actuaran tanto
en el culto como académicamente.
Es muy importante identificar y apoyar a mujeres y hombres
latinos, tanto ordenados como laicos, que estén interesados
en cursar estudios superiores, como doctorados en teología
y en otras áreas relacionadas con el ministerio. Necesitamos
incrementar el número de hispanos que puedan enseñar en
nuestras instituciones educativas, y que aporten algo
en todos los niveles del discurso eclesial. Mayores oportunidades
de capacitación para el laicado. Los laicos son parte
integrante de la Iglesia, por lo cual es crucial que les
ofrezcamos las posibilidades que podamos para su capacitación
en todas las áreas del ministerio.
¿Qué cargo tienes ahora? ¿Trabajas con hispanos? ¿De dónde proceden los
hispanos de tu zona? ¿Piensas dedicarte siempre al ministerio hispano?
E.G.: Soy el párroco asociado de la iglesia de san
Pablo en Paterson, Nueva Jersey. Parte de mi trabajo es
facilitar y promover el ministerio hispano en la parroquia,
el cual ha crecido últimamente. Además, asisto al párroco
en la parroquia, cumpliendo funciones administrativas,
y desarrollando liturgias y programas.
La mayoría de nuestros hispanos proceden de Puerto Rico
y de la República Dominicana. También hay bastantes peruanos
y colombianos. No conozco los designios de Dios, así que
no puedo afirmar si me dedicaré siempre a este ministerio.
Sin embargo, puedo decir que veo muy difícil el dejarlo
por completo, ya que es una parte importante de mi vida,
tanto personal, como espiritual y profesional.
¿Estás satisfecho en tu ministerio o te gustaría desempeñar
otros cargos?
E.G.: Estoy muy contento en este ministerio. Tengo
mucho trabajo con abundantes responsabilidades. Por supuesto
que algún día, quizá no muy lejano, me gustaría dejar
de ser asociado y convertirme en el párroco de una iglesia
donde pueda desarrollar mis propias ideas ministeriales.
Por otro lado, creo que parte de mi futuro se desarrollará
trabajando a nivel diocesano y para la Iglesia en general.
¿Cómo podemos empujar, o adelantar más el ministerio
hispano?
E.G.: Necesitamos promover el liderazgo hispano en
la Iglesia. Es importante apoyar a los líderes, hombres
y mujeres, de todas las edades, desde que llegan a nuestras
puertas.
Es crucial, que los latinos nos demos cuenta de que Dios
llama a los hispanos, al igual que a todos los grupos
raciales/étnicos del mundo, a participar activamente en
la vida del cuerpo de Cristo, lo cual incluye liderazgo,
a nivel parroquial, diocesano, y nacional.
También es importante incrementar nuestra visibilidad.
Tenemos que estar presentes en todos los eventos locales
y nacionales que sea posible, y contar nuestras historias
incluyendo aportes que ayuden la vida de la Iglesia. Tenemos
que enviar a los medios de comunicación de lengua inglesa
e hispana las buenas noticias de nuestro crecimiento en
la Iglesia; historias de lucha y triunfo estableciendo
nuevas congregaciones hispanas; historias de nuestras
gentes y de sus talentos. La Iglesia debe saber que no
sólo somos una estadística, sino que disponemos de una
gran riqueza cultural. De lo contrario, continuaremos
pasando desapercibidos y siendo ignorados.
¿Qué clase de teología sigues, conservadora, liberal,
flexible? ¿Estás de acuerdo con estos términos?
E.G.: Tengo una teología flexible, pero enraizada
en fundamentos conservadores. Eso se refleja en la forma
como celebro la eucaristía. Creo que hay metáforas sobre
Dios, que pueden ser modificadas para reflejar nuestro
rechazo de nociones machistas, pero sin eliminar completamente
la tradición, ya que se perdería el vínculo con el pasado,
que es nuestra raíz. "Inclusividad" para mí significa
honrar la visión 'liberal" de Dios, y honrar también la
noción "conservadora" de Él (o Ella). Estos términos son
imperfectos, pero adecuados en cuanto describen de forma
clara las diferentes posiciones teológicas de los miembros
de la Iglesia.
¿Cómo calificarías a Jesús, de conservador o de liberal?
E.G.: Creo que era un radical liberal, firmemente
afianzado en la tradición de su pueblo. No tuvo reparo
en decir la verdad, con amor y con firmeza, ni en cambiar
de opinión, (por ejemplo en el encuentro con la cananea)
pero siempre partiendo del contexto tradicional de la
religión judía.
¿Cómo describirías a la Iglesia episcopal? ¿Teológicamente
estás satisfecho en ella, o crees que habría que introducir
alguna modificación?
E.G.: La Iglesia episcopal es el camino medio entre
los extremos conservadores y liberales. Uno de nuestros
aportes es la noción de que Dios nos habla a través de
la Escritura, la tradición y la razón. Esto nos permite
reconocer que Dios no ha cerrado por completo el proceso
de la revelación. Nuestro objetivo es prestar atención
que implica un proceso, a veces agonizante, de discernimiento
sobre cuál es "la verdad".
Esta flexibilidad, este espíritu de búsqueda y lucha por
vivir tan honestamente como podamos de acuerdo a los llamados
de Dios es parte de lo que me brinda satisfacción en cuanto
a la teología de la Iglesia. Creo que siempre hay lugar
para modificaciones, y que nuestro dinamismo nos permitirá
lograrlo. Por ahora el mayor cambio es darle más cabida
a la reflexión teológica de las minorías, y en particular
a la hispana. Tenemos buenos teólogos entre nosotros.
Tenemos que oír sus voces en la Iglesia.
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