El Rvdo. Daniel Caballero, Misionero Hispano
de la Iglesia, avista signos esperanzadores, pero comparte
las preocupaciones de muchos otros. En Adviento, Caballero
imprimió la tercera edición de "El
Manifiesto de Atlanta", un documento firmado por
seis obispos el lunes de Pascua de 2001. En éste
texto titulado "Un llamado a la acción",
los obispos declaran que no están satisfechos con
la manera en que la Iglesia está afrontando el
desafío que supone el ministerio para los hispanos,
cuyo número se ha triplicado y cuadruplicado en
algunos Estados. "En los años 80 el ministerio
estuvo dormido. Sólo en los 90, varios obispos
y algunos rectores han despertado a esta realidad misionera",
dicen. Y preguntan a la Iglesia: "¿Cómo
podríamos permanecer inconscientes ante tanta presencia
hispana y mantenernos pasivos, sin avergonzarnos, si no
damos respuesta a esta oportunidad misionera que Dios
nos ha dado?
La Iglesia, "desatenta" a las necesidades
La "oportunidad misionera" a la que se refieren,
es la siguiente: para el 2025 los hispanos supondrán
el 18% de la población, de acuerdo a la Oficina
del Censo de EEUU. Actualmente, los miembros latinos
de la Iglesia Episcopal ascienden tan sólo a
50.000, entre 1,8 millones de comulgantes.
Los obispos critican a la cultura dominante de la Iglesia
por no darse cuenta ni prestar atención a las
necesidades de este ministerio. "Estas congregaciones
de cristianos devotos... se sienten contentos en su
ambiente y con sus logros", dice el documento.
"Por regla general, no afrontan grandes dificultades
económicas... no piensan siquiera en la posibilidad
de expandir el reino de Dios con sangre nueva, con caras
nuevas, distintas de las que ya conocen". Los obispos
también reprochan el inadecuado tipo de bienvenida
que se ha estado ofreciendo: "El mensaje, en esencia,
ha sido: usted es bienvenido a ser como nosotros".
Escasa ha sido la respuesta a esta declaración
de los obispos. El obispo sufragáneo de la diócesis
de Carolina del Sur, William Skilton, cubano-americano
que fuera uno de los firmantes del Manifiesto, comenta,
"¡No hemos oído nada en respuesta
a este llamado! ¡Es como si no hubiéramos
dicho nada! La Iglesia debe responder....".
En un encuentro de hispanos episcopales celebrado el
pasado año en Los Angeles, el Dr. Justo González
advirtió, "la Iglesia que se desentiende
del latino, se desentiende de su futuro".
El padre Caballero indica que hasta ahora poco se ha
hecho. De acuerdo a la Oficina del Ministerio Hispano,
que él dirige, existen más de 200 "misiones"
hispanas en todo el país. Este número,
dice él, "puede que parezca un gran triunfo,
pero en realidad es muy decepcionante, hasta el punto
de que podría decirse que no lo hemos hecho demasiado
bien". "Este es realmente un ministerio misional
dentro de Estados Unidos... el más significativo
que se haya dado en este país desde que se convirtiera
en colonia".
Al mismo tiempo, Daniel Caballero resalta la existencia
de ministerios innovadores en el país y otras
señales alentadoras: "Chicago ha experimentado
un renacimiento de su ministerio. El obispo (William)
Persell pidió que viniera de Panamá al
obispo Víctor Scantlebury, quien ha traído
consigo nueva vida. La diócesis de Connecticut
ha elegido recientemente a Wilfrido Ramos, un sacerdote
hispano, como obispo sufragáneo. Y en Illinois,
añade Caballero, una nueva y floreciente congregación
latina ha visto cómo se consagraba su iglesia
tan sólo hace unos meses.
La Comisión Permanente de Liturgia y Música
está proponiendo una serie de cuatro nuevos ritos
y tres fuentes adicionales para que sean aprobadas en
la Convención General. Según el Rvdo.
Clayton Morris, encargado de la misma, "una novedad
a destacar es que los textos se presentarán tanto
en español como inglés".
No obstante, tales signos no aparecen en todas partes.
"Algunas diócesis, de Estados con densa población
latina, están ignorando por completo esta misión",
escribe el Rvdo. Isaías Rodríguez, de Atlanta,
en el ensayo titulado Otros caminos para llegar al sacerdocio,
editado por la oficina del Rvdo. Caballero; para que una
misión sea eficiente, asegura, "necesita el
apoyo moral y económico, al menos proporcional,
de la diócesis. En el momento presente, menos de
10 diócesis dedican a esta misión el 10%
de su presupuesto general". "A mediados de este
siglo, cuando los más jóvenes entre los
baby boomers (nacidos después de la II Guerra Mundial),
sean octogenarios, la población blanca será
justo la mitad de la nación y los hispanos serán
el mayor grupo minoritario, cerca de 80 millones",
advierte el Rvdo. Rodríguez.
El reto es claro
El Obispo James H. Ottley, Asistente de la Diócesis
del Sureste de Florida, muestra que el mensaje del programa
20/20 pide a todos comprender que la tarea es misionera.
"Esto implica una transformación interior
de cada uno de los episcopales", dice; "no
es necesario salir fuera del país para encontrar
trabajo misionero significativo. La misión hispana
nos da la oportunidad más inmediata y más
desafiante a la vez".
El reto para la Iglesia es claro, y un buen número
de líderes hispanos laicos y ordenados trabajan
para asegurar que se le presta atención. Es una
cuestión difícil para Daniel Caballero,
quien recibe llamadas cada semana de parroquias preguntando
por sacerdotes hispanos o bilingües. "Me siento
perplejo al tener que reconocer la carencia de clérigos
para esta misión", confiesa el padre Caballero.
El Rvdo. Butch Gamarra, misionero para los Ministerios
Multiculturales de la diócesis de Los Angeles,
cree que la Iglesia Episcopal "ya no es una iglesia
blanca. Se está produciendo un fenómeno...
una Nueva Mayoría Americana, compuesta por latinos,
asiáticos, negros y nativos. No se trata de una
iniciativa demográfica o política: es
Dios que nos está poniendo en una situación
nueva, ante la que tenemos que cambiar."
El Rvdo. William Leeson, rector de la iglesia de Todos
los Santos de Los Angeles, afirma que este cambio conllevará
algo más que un simplemente abrir las puertas
y traducir la experiencia episcopal de los anglos a
español. "Eso no funcionará",
advierte. "La religiosidad popular de la cultura
latina debe ser incorporada; y esto significa celebrar
a nuestra Señora de Guadalupe, misas de presentación,
rosarios, etc. Incorporar nuevas tradiciones que van
a desafiar a la Iglesia Episcopal a profundizar y a
ver si es capaz de instruir una fe de la gente, según
su cultura, y a veces contrariando a éstos en
lo que conocían de antes - como el pago por sacramentos,
como los matrimonios o los bautismos". "Si
en la Iglesia Episcopal podemos ceder en entrañables
religiosidades culturales y acercarnos a otras culturas
de esta nación... entonces el futuro es un campo
listo para ser cosechado", observa Bill Leeson.
Los hispanos, portadores de valores y otros dones
Las parroquias que abran sus puertas a este ministerio
serán enriquecidas por la fe y los valores culturales
que los latinos aprecian, como muestra el Rvdo. Isaías
Rodríguez, quien puede enumerar algunos de éstos:
"profundo respeto por la dignidad de cada persona,
amor reverencial a la vida de familia, agradecimiento
sincero a Dios por el don de la vida, un sentido de
la religiosidad auténtico y profundo, y un maravilloso
sentido de comunidad que celebra la vida por medio de
la fiesta".
La Iglesia Episcopal, con su liturgia, y su carácter
flexible y comprensivo, abre a los latinos una gran
puerta insospechada. Al no exigir el celibato como condición
para una carrera eclesiástica, y al no excluir
a las mujeres de ésta posibilidad, la Iglesia
se muestra mucho más acogedora, incluso para
aquellos con vocación religiosa. Pero esto no
elimina otros obstáculos económicos.
La escasez de recursos económicos es un problema
para los clérigos latinos. Estos no cuentan con
el apoyo de los propios hispanos, quienes normalmente
están rodeados de muchos hijos y trabajan en
los puestos peor remunerados. La Iglesia Católica
Romana, la mayor referencia religiosa que tiene la mayoría
de los latinos, no estimula la ofrenda del diezmo. En
su lugar, la costumbre es pedir por servicio ofrecido
- como misas, bodas, funerales y bautismos. Las contribuciones
entregadas en el plato los domingos pueden ser de unos
pocos dólares. En la comunidad hispana, dice
el Rvdo. Caballero, "hay una mentalidad diferente
sobre mayordomía. La manera de contribuir es
distinta. La gente tiene que ser instruida en esto".
Los costos del seminario, un obstáculo
"En nuestra Iglesia abundan las vocaciones",
dice el Rvdo. Isaías Rodríguez. "El
problema es el financiamiento de los estudios, que pueden
llegar a unos $25,000 al año, incluida pensión.
Aunque el esposo o la esposa trabajen, aunque consigan
una beca, no es extraño que salgan del seminario
con una deuda cercana a los $30.000. ¿Cómo
sería esto posible para una familia hispana?"
El padre Rodríguez tiene además otra pregunta:
¿Qué es lo que realmente define a un sacerdote?
"¿Es acaso el teólogo, cuya vida
consiste en pensar y escribir en una universidad, pero
que no hace ningún trabajo directo, ni pastoral,
ni espiritual o sacramental, con alma alguna, mejor
sacerdote que un cura que, con estudios elementales,
proclama día y noche a Jesucristo crucificado?
Lo más probable es que al teólogo le fuera
imposible trabajar entre los indios del Amazonas, o
incluso en cualquiera de los vecindarios hispanos, poblados
por inmigrantes de áreas rurales de México
o Centroamérica. Pero eso es lo que estamos haciendo,
exigiendo a las nuevas vocaciones un alto entrenamiento
teológico, con conocimientos de griego y hebreo,
para que puedan trabajar con gente que no conoce bien
ni sus propios idiomas", explica Isaías
Rodríguez.
De acuerdo con Edgar Gutiérrez-Duarte, psicólogo
colombiano de 48 años, y seminarista del Seminario
Teológico General de Nueva York, existe además
otro problema, menos evidente. "La verdadera discriminación...
es la práctica exclusión, en el programa
académico regular, de cualquier estudio que tenga
que ver con la cultura hispana". "Esto es
discriminación por omisión", señala
Edgar, quien sí encontró el apoyo económico
de su diócesis de Newark, New Jersey, pero que
saldrá del seminario sin otro currículo
de contexto latino que el que trajo al entrar.
En general, los líderes laicos hispanos, carentes
de estudios superiores en su mayoría, están
teniendo verdaderas dificultades para un pleno desarrollo
de sus vocaciones. "Si se educa al pueblo hispano,
dice René Barraza, asistente administradora del
Centro Catedral de San Pablo, LA, podría ser
una gran fuerza". "Se podrían formar
líderes laicos para apoyar al clero", añade.
Caballero piensa que una manera de conseguir esto es
utilizar una serie de recursos de comunicación
que puedan ayudar a las misiones. "Uno de los programas
más importantes ha sido el de los tres ciclos
de sermones de nuestro sitio web. Aún así,
hay mucho que hacer todavía para alcanzar el
nivel donde se encuentra hoy día la Iglesia.
Debemos tener en cuenta que, en comparación,
el ministerio hispano de EEUU está todavía
en su infancia respecto al resto de la Iglesia".
El nuevo director en activo para el desarrollo étnico
congregacional de la Iglesia nacional, obispo Arthur
Williams, confirma que, mientras reestructura el departamento,
continuará habiendo cuatro secciones étnicas,
incluida la del ministerio hispano. "La diferencia
es que, además de la tarea de apoyo, habrá
un componente de desarrollo congregacional", explica,
enfatizando que las voces de las etnias episcopales
seguirán siendo escuchadas.
Se necesita un espíritu misionero
Los obispos latinos dicen que hace falta un cambio de
mentalidad. "Debemos convertirnos en una Iglesia
en estado de misión... Este espíritu misionero
nos llevará a constatar la urgente necesidad
de formar líderes hispanos a todos los niveles",
afirman en el documento mencionado. Y hacen una serie
de recomendaciones, entre las que se encuentran el fomentar
las vocaciones para el ministerio sacerdotal y el proveer
a los nuevos episcopales con una literatura adecuada
para su formación. También desean crear
una Asamblea Misionera Hispánica Nacional, con
un comité representativo que tenga medios para,
organizar y preparar dicha asamblea.
El Rvdo. Caballero cree que la prioridad ahora es desarrollar
una estrategia para el ministerio hispano y llevarla
a los obispos diocesanos. Espera comenzar este proceso
con un Consejo Asesor que acaba de crear. También
quiere implementar las propuestas presentadas el pasado
mes de mayo, durante la reunión de 220 episcopales
hispanos que tuvo lugar en Los Angeles. Representando
a más de 50 diócesis, éstos recomendaron
buscar modelos alternativos para fortalecer y apoyar
los ministerios tanto laicos como clericales.
Un modelo que propone Caballero es el siguiente: "El
latino con vocación demostrada podría
iniciar sus estudios, mientras sigue trabajando, orientado
por un mentor; esto alargaría el proceso, pero
lo haría viable". "Trabajando junto
a un sacerdote en una parroquia, según progresara
iría convirtiéndose en "lector",
"predicador" o "líder pastoral",
ministerios de hecho admitidos en los cánones,
superando las asignaturas teológicas necesarias
hasta llegar al sacerdocio, pero sin tener que dedicarse
exclusivamente al seminario durante tres años".
Existen signos de esperanza
Uno de los signos esperanzadores es el Programa de Estudios
Hispánicos con que cuenta el Seminario del Sudoeste
(ETSS) en Austin, Texas. En su primer año, los
estudiantes asisten a un curso de inmersión de
tres semanas en enero, en un entorno mexicano-americano.
A esto sigue un curso intensivo de cuatro semanas, titulado
Misiología en un contexto multicultural. Otro
desarrollo positivo es el Encuentro anual para seminaristas
hispanos que cuenta con la ayuda de la Oficina nacional
de este ministerio, y también se invita a sacerdotes
envueltos en este apostolado para que les cuenten sus
experiencias. El profesor de estos estudios Rvdo. Paul
Burton explica que "la proporción de hispanos
en cualquiera de los 11 seminarios episcopales es tan
reducida -2 ó 3 por seminario- que para aliviar
el shock nos vemos en la necesidad de organizarlos".
A pesar de todo, el ministerio de y para los latinos
norteamericanos e inmigrantes, está creciendo
en muchas partes del país. El Rvdo. Isaías
Rodríguez pudo reunir en Atlanta una congregación,
por medio de la organización de ligas de fútbol,
un deporte profundamente instalado en la cultura latina,
llegando a contar con 20 equipos tras 12 años
de ministerio.
En Bellaire, Texas, el Rvdo. Alejandro Montes trabaja
para llegar a la juventud de ésta zona. Allí
se lleva a cabo un programa de juventud y de estudios
bíblicos que reúne a 120 jóvenes
en la iglesia de San Mateo. El promedio de asistencia
los domingos es de 1.200 hispanos.
La Rvda. Elizabeth Montes, diácona en la capellanía
de la Universidad de Lamar, Texas, y asignada a otra
congregación, la de St. George en Port Arthur,
TX, se convirtió en una fuente de ayuda para
las mujeres pobres del barrio, "que no tenían
antes a nadie con quien desahogarse en su propio idioma",
dice ella.
El pasado19 de octubre de 2002, la congregación hispana de la diócesis
de Chicago vio cómo su sueño se cumplía. Después
de años de superar dificultades, y gracias a la ayuda de otras dos
parroquias, más de 200 personas llenaron los bancos de la nueva iglesia,
Nuestra Señora de Guadalupe, mientras era consagrada por el arzobispo
George Carey, en uno de sus últimos actos públicos como Arzobispo
de Cantérbory. El acontecimiento fue un testimonio de las virtudes
pastorales del Rvdo. Narciso Díaz, y un recordatorio de la necesidad
y oportunidad de llegar a los latinos, la etnia de más rápido
crecimiento en el Chicago metropolitano. La oportunidad de esta misión
estuvo reflejada de manera prominente en el sermón del obispo asistente
de Chicago, Víctor Scantlebury: "Siempre hemos seguido el mandato
de Cristo de ser una misión de amor en el mundo. Más que estar
en una misión, más que sobrellevar una misión, nosotros
somos la misión".
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