Revista CAMINOS: Realizamos esta entrevista cuando
ya el padre Daniel se encuentra gozando de una jubilación merecida. Así que
le preguntamos: ¿Cómo se encuentra: añora su ministerio pasado o se da por
satisfecho por el trabajo realizado?
D.C.- Muy bien, gracias. Aun me siento algo raro sin el trabajo. En estos
días todavía tengo una ambivalencia sobre el trabajo y el retiro. Creo que
esto se aclarará cuando mi papel a ejercer en el futuro se defina. De momento
oro y medito. Ahora voy tomando notas sobre las cosas que están pasando, sobre
el propósito de Dios para mi vida dentro de este nuevo contexto. Voy apuntando
lo que necesito hacer aquí en casa. He recibido varias invitaciones para participar
en otras tareas. Estoy considerando varias opciones para el futuro sobre lo
que todavía siento que me falta realizar para el servicio de Dios.
C.- Mucha gente se sorprendió ante su inesperada jubilación, entendemos
que lo hizo por razones personales ¿por cuánto tiempo podía haber continuado?
D.C.- Todavía me siento muy bien y tal vez podría haber continuado otros dos
o tres años pero, teniendo en cuenta el ministerio, así como mi esposa y familia,
empecé a orar y pedir dirección sobre el tiempo adecuado para jubilarme. Hubo
varias ocasiones en que comenté el tema de mi retiro con mis amigos así que
empecé a orar y pedir a Dios orientación sobre la manera de proceder. Un poco
después, compartí lo que estaba considerando con mi superior, le planteé que
con su apoyo me jubilaría, y le pedí que me diera la oportunidad de orientar
a mi sucesor sobre este ministerio, para dar continuidad a la obra que se
ha realizado en los últimos años. Así que, dentro de este contexto, decidí
jubilarme. Esto le dará a mi sucesor la oportunidad de establecerse en el
puesto antes de la Convención General del próximo año, 2006, cuando el enfoque
de la Iglesia será la elección y el establecimiento del nuevo Obispo Primado.
C.- La verdad que la posición de misionero oficial para el ministerio hispano
implica bastante sacrifico ¿qué ha sido lo más duro de ese tiempo de servicio?
D.C.- Ver la necesidad del pueblo por todos lados y no poder hacer lo necesario.
Necesidades como la falta de vocaciones para fundar iglesias, establecer y
mantener distintas áreas del ministerio, por ejemplo, pero también el cómo
apoyar al clero y laicado y a la juventud para que desarrollen sus propios
ministerios, formación/educación cristiana y el entendimiento sobre nuestra
mayordomía a Dios y su Iglesia. Sin duda alguna, esta oficina debiera ser
autónoma para poder realizar lo necesario sin encontrar los obstáculos que
frecuentemente se presentan dentro del sistema. Casi todo lo que se necesita
en el ministerio hispano, de una manera u otra se relaciona con esta oficina,
y no todo se puede atender al mismo tiempo. Tampoco ha sido fácil mantener
un equilibrio entre la función misionera - como sacerdote administrador -
y la propia familia y la espiritualidad individual de uno mismo.
C.- Cuando le encargaron la dirección de la Oficina Nacional, en 1999,
¿qué clase de entidad era la que usted heredó?
D.C.- Me encontré con una identidad del ministerio latino en este país que
era la de un pueblo pluricultural, plurinacional, pluriracial, plurilingüe,
y a pesar de todo, clasista. La "red" de comunicaciones existente contaba
con varios ministerios, un pequeño número de obispos latinos, clérigos y líderes
muy activos. Se contaba ya con algunos textos en español. Pude orientarme
gracias al padre Arrunátegui (antecesor en el cargo) y a la valiosa asistencia
de la Srta. Elma Blair. Pero también me encontré con cierta "resistencia"
sutil por parte de la Iglesia a la hora de evangelizar al latino. Por un lado
parece claro que Cristo nos ha dado el mandato de "ir y bautizar a todo ser
humano en el nombre del Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo", pero la realidad
es que entre quienes tienen el poder no todos están totalmente dispuestos
a responder a éste llamado -una actitud agresiva-pasiva, a mi entender. La
respuesta que se necesita hace referencia siempre a recursos. . . recursos
humanos, monetarios... Se ven esfuerzos intencionales por parte de la comunidad
angloparlante, pero no se nota el mismo deseo evangélico dentro de la Iglesia
institucional. Un deseo que implique riesgo, en vez de solamente mantener
lo que ya se ha logrado en el pasado. Hay que orientar la vista hacia el horizonte
y ver el arco iris que Jesús nos pide que sirvamos. Es la visión de nuestro
pacto bautismal.
C.- ¿Cuáles han sido los principales cambios que ha visto producirse en
estos años a cargo de la Oficina?
D.C.- Los cambios se han notado sobre todo en la producción de recursos escritos.
La respuesta de nuestra gente ha sido muy positiva ante la abundante producción
de materiales que les hemos ofrecido. Entre ellos, podría enfatizar el último
libro: Las fiestas menores y los días de ayuno 2003; una obra que ha implicado
muchas horas de trabajo, con varias personas colaborando. Pero era algo necesario
para nuestro ministerio. También fueron muy bien recibidas las homilías para
los tres ciclos del Leccionario. Se suspendió la revista, El Informador, y
se decidió iniciar CAMINOS, una publicación más accesible y práctica, que
tiene en cuenta las necesidades de la comunidad hispana. Se creó y adaptó
una página web en la red electrónica, para compartir la documentación publicada
por la Oficina, así como los recursos de otros centros. Esto ha jugado un
papel decisivo para un pueblo que muchas veces se siente aislado ¡dentro de
este país tan amplio y poblado! También logramos una expansión del ministerio
hacia América Latina. Han sido muchas las veces que, en equipo con otros compañeros
de la oficina central, he visitado países latinoamericanos para llevarles
nuestro aliento y el producto de nuestros esfuerzos. También hubo importantes
cambios institucionales. El antiguo "Cluster" de Ministerios Congregacionales,
cambió de nombre y de equipo. Separaron los ministerios étnicos por un lado
y los ministerios de desarrollo congregacional por otro. Nos quedamos sin
director durante más de un año y medio. Nos dieron el nombre de "Desarrollo
Congregacional Étnico". Afortunadamente, en enero de 2003 se nombró un director
interino, el Obispo Arthur Williams, que nos ha apoyado en el ministerio.
Luego, el Obispo Primado le confirmó el cargo indefinidamente.
C.- ¿Estima que el apoyo a este ministerio se ha producido al ritmo que correspondería?
D.C.- Aunque el presupuesto no ha sido grande, ni tampoco consistente, se
ha mantenido y reorientado. Hemos tenido que mantener cierta disciplina y
enfoque, en medio de tantos cambios internos, para no desviarnos de la meta.
A pesar de que, como he dicho, hay una resistencia al cambio que supone la
llegada de los nuevos inmigrantes, lo cierto es que la población de EEUU se
está convirtiendo en "mestiza". La cultura de este país está cambiando y la
Iglesia Episcopal tiene que tomar conciencia de ello para acomodarse al nuevo
color y cultura, o morir por no estar dispuesta a aceptarlo.
C.- ¿Qué proyectos de los que tenía en mente han quedado sin realizar?
D.C.- Los puedo enumerar. Nuevo Amanecer -desarrollar y mantener cada dos
o tres años este encuentro de liderazgo Latino/Hispano que se dio por primer
vez en mayo 2002. MUEL (Mujeres unidas en liderazgo) ver el desarrollo del
entrenamiento de mujeres a nivel local, diocesano, provincial y mundial. También
echo de menos una serie de encuentros exclusivamente para el clero, hombres
y mujeres. Otro proyecto es publicar, en colaboración con la oficina de Church
Publishing, un himnario episcopal hispano, con el texto solo o con el texto
y la melodía. Organizar un comité compuesto de músicos para crear una obra
de himnos originales para las iglesias latinas episcopales. Contar con tiempo
adecuado para poder informar mejor y dar apoyo consistente a aspirantes y
pastores de otras denominaciones interesados en el proceso episcopal. Organizar
una Comisión teológica para crear un plan y currículo nacional para la formación
y desarrollo de vocaciones sacerdotales. Reestablecer el comité/comisión del
ministerio latino. Como ven, hay varias cosas de importancia.
C.- ¿Qué ha sido lo más positivo y satisfactorio de todo su ministerio
en este cargo?
D.C.- Para mí, esta obra ha sido un don de Dios, un verdadero placer. El Señor
me dio la oportunidad de hacer algo que valía la pena; de aprender a amar
lo que debía hacer y de servir, aunque haya sido de una manera pequeña, al
pueblo hispano.
C.- Ahora, desde el descanso de la jubilación, ¿hay algún proyecto que
pueda realizar que beneficie al Ministerio Hispano?
D.C.- Si, un proyecto para el apoyo al clero. Organizar a los clérigos retirados
o sin ministerio propio e interesados en ayudar a los ocupados en el ministerio
cuando han de tomar vacaciones, o en momentos de emergencia familiar, o cumplir
con la obligación de una educación continua, así como en tiempo sabático,
y finalmente para servir un tiempo de interinos mientras una misión o parroquia
encuentra un rector o vicario nuevo para su iglesia.
C.- ¿Tiene algún consejo para el nuevo oficial?
D.C.- Mi sucesor es una persona respetada de todos y buen conocedor de la
Iglesia Episcopal. Primeramente, le diría que si sigue actuando como lo ha
hecho en el pasado -y no se espera menos de él-, podrá desarrollar nuestro
ministerio mucho más de lo que ya se ha logrado. Que aproveche las oraciones
y recomendaciones de nuestro pueblo, tomándolas siempre en cuenta. La misión
del Señor es un gran desafío y la tarea no será fácil. Y aunque nuestro Señor
no nos dijo que el desarrollo del evangelio fuera fácil, el favor de Dios
será lo suficiente para que todos alcancemos la salvación. Finalmente, que
siga siendo la persona que es, alguien accesible y comprometido al Señor.
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