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Un siervo de Dios, obispo de la Diócesis Central de Ecuador
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El Rvdmo. Wilfrido Ramos-Orench fue entronizado como el 3er. obispo diocesano de la Diócesis Central de Ecuador el 13 de septiembre de 2006, en la Catedral de El Señor, en Quito, Ecuador.

A la Diócesis Central de Ecuador le ha caído en suerte el tener como líder espiritual de la familia episcopal ecuatoriana a todo un "siervo de Dios", según declarara en el sermón de instalación el obispo diocesano de Connecticut, el Rvdmo. Andrew D. Smith. La larga amistad que une a estos dos obispos pudiera dar la sensación que se trataba sólo de una galantería. En realidad, fue su buena labor, luego de servir varios años como miembro de la facultad docente del Seminario Episcopal del Caribe, y de trasladarse en 1984 a la diócesis de Connecticut para ejercer la función de misionero hispano, la que condujo a los fieles de la diócesis a elegirlo obispo sufragáneo el año 2000. En aquella ocasión declaró con sencillez: "Serviré con humildad, con amor y compasión, y haré todo lo que pueda en el nombre de Dios". El también entonces misionero oficial del Ministerio Hispano, padre Daniel Caballero, corroboró que el nuevo obispo "era un hombre de gran integridad, que aportaba visión, y estabilidad al cargo, así como gran sabiduría y experiencia". Esas palabras resultaron tener un tono profético, porque ahora, cuando nuestro obispo, nacido en Puerto Rico el 13 de mayo de 1940, debiera estar gozando de una jubilación bien merecida, la providencia de Dios le encamina hacia nuevos horizontes, acompañado de Marling, su bella y generosa esposa.

Con un profeta de este calibre, Ecuador está de suerte y también el propio obispo Ramos-Orench. La muestra de cariño que tanto nativos como visitantes le brindaron en la Eucaristía, celebrada en la vistosa catedral de El Señor, y en la recepción posterior, es suficiente para conmover al corazón más fuerte. De fuera habían llegado obispos de varias repúblicas latinoamericanas; nombres como Francisco Duque, Julio C. Holguín, Alfredo Morante, David A. Álvarez, Orlando Guerrero, Soares de Lima, James Ottley, Antonio Ramos-Orench (hermano del Wilfrido), Lloyd E. Allen -celebrante principal por ser el Presidente de la IX Provincia y, finalmente, David Reed (primer obispo de las Diócesis de Colombia y Ecuador); todos le ofrecieron amistad y apoyo. A esas intenciones se unieron otros clérigos llegados con diferentes funciones: Juan Márquez, David Copley, Kate Cullinane, Daniel Caballero, Anthony Guillén, Isaías A. Rodríguez, Moisés Quezada, Francisco Salazar, Carlos Sandoval, y los laicos José Gonzáles, Donald Romanic, Maurice Seaton,Anne Rowthorn y Consuelo Sánchez. Por parte de la diócesis ecuatoriana había diecisiete clérigos/as amén de varios misioneros y misioneras.

Pero la nota más alta la dieron los mismos nativos que, de todos los puntos de la geografía ecuatoriana, habían corrido a Quito para demostrar su amor al nuevo obispo. El largo repertorio de danzas, iniciado en la Eucaristía, continuó en una cena de festejo tenida en el hotel Savoy. Ahí, niños, jóvenes, mayores y abuelitas; blancos, negros, quichuas y de otras etnias, lucharon, en sin par porfía, por ver quien agradaba más al homenajeado. Hasta un presbítero se unió a su gente y, camuflado en traje folclórico, quiso representar las más de las veintidós provincias del país. Color y forma, sonido y ritmo, fueron los elementos estéticos que adornaron todo el evento. El obispo Wilfrido había declarado en el año 2000 que "valoraba altamente los principios morales de integridad y autenticidad". "Jamás pretenderé -dijo- ser lo que no soy. Mis origines son humildes".

En esta ocasión, todos apreciamos la grandeza de alguien que era honrado por los más humildes del pueblo. Y allí, en medio de todos, con palabras de agradecimiento que le salían del fondo del alma, retó a todos los presentes: "Miremos hacia delante, tenemos un nuevo amanecer". Y nos fuimos todos.., seguros de que tanto talento, humano y espiritual, no podrá menos de fructificar en algo hermoso.

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