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Los orígenes del pesebre o nacimiento deben remitirse
al siglo doce cuando, por iniciativa de San Francisco
de Asís, se realiza en el bosque de Creccio, en Italia,
una representación de las principales situaciones que
refiere la Biblia sobre el nacimiento de Jesús. Posteriormente
se propagó la preparación de representaciones alegóricas,
incorporándose variantes, producto de la creatividad
y recursos de cada comunidad. La Iglesia auspició la
realización de estas representaciones, así como su instalación
dentro de los templos, viviendas y lugares públicos,
de modo que contribuyera a exaltar la devoción. Se inició
la producción artesanal y artística de figuras que simbolizan
los personajes principales del Nacimiento de Jesús.
Esas obras de arte se encuentran hoy formando colecciones
en museos. Son valiosos ejemplares de esta costumbre
que floreció en Italia auspiciada por la nobleza del
siglo trece. Desde allí pasó a España, donde adquirió
características peculiares y se popularizó.
Por lo general, el nacimiento se instala en un espacio
principal de la vivienda, de modo que constituya un
elemento que invoque fe, ante visitantes esperados y
eventuales.

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