La Vigilia pascual es la piedra angular sobre
la que gira y se funda todo el año cúltico y eclesiástico. Todos los bautismos
celebrados durante el año hacen referencia al rito de este día. Todas las eucaristías
celebradas durante el año son como la repetición de lo celebrado en esta liturgia.
En esta celebración recordamos los eventos claves de salvación: la pascua judía
que celebra la salida de la esclavitud en Egipto a la libertad de la Tierra
Prometida, la pascua de Jesucristo pasando de la muerte a la resurrección, y
nuestra propia pascua superando la esclavitud del pecado y resucitando a una
nueva vida que nos da el Cristo resucitado. La Vigilia abre el tiempo pascual
con el retorno del Gloria y del Aleluya, suprimidos durante la
Cuaresma. Además, la Pascua, o el domingo de Resurrección, es el primer día
del tiempo pascual.
Aunque no hay vestigios cristianos de esta fiesta en el Nuevo Testamento, se
daba una práctica de la que ya hay testimonio claro en el siglo III. Según la
Tradición Apostólica, en esa época todos los bautizos tenían lugar en
la gran Vigilia pascual.
En tiempo de los sacramentarios, la Vigilia se iniciaba encendiendo el nuevo
fuego y cantando el Exultet. Este es un canto que se remonta por lo menos
al siglo IV. Esa es la primera palabra del canto cuyo inicio dice así: "Exulten
por fin los coros de los ángeles, exulten las jerarquías del cielo, y por la
victoria de Rey tan poderoso que las trompetas anuncien la salvación". Continuaba
una serie de entre cuatro y doce lecturas del Antiguo Testamento, entre las
cuales había salmos, cánticos y oraciones. Normalmente los temas de las lecturas
eran: la creación, la caída, el diluvio, el sacrificio de Isaac, la pascua,
el paso del mar Rojo, la entrada en la tierra prometida, Isaías 4 y 55, el valle
de los huesos secos, y Jonás. Después se bendecía el agua de la pila bautismal
con una fórmula repleta de imágenes bíblicas; en algunas partes se asperjaba
a la gente como recuerdo de su propio bautismo. Se llamaba a los candidatos
al bautismo para que hicieran las renuncias y la profesión de fe. Después de
la inmersión en el agua se les ungía con el aceite bendito. En el rito galicano,
un sacerdote con cargo destacado lavaba los pies de los nuevos bautizados. A
los bautizados se les vestía con ropas blancas, (que debían llevar durante varios
días), y luego se celebraba la eucaristía, en la cual todos comulgaban sin importar
la edad.
A medida que se empezó a bautizar a los niños al poco tiempo de nacer, la Vigilia
pascual dejó de ser el día principal para los bautizos. Los ritos de este día
se acortaron, y la ceremonia empezó a celebrarse el sábado por la tarde.
El Libro de Oración Común de l549 tampoco ofreció una liturgia especial
para la Vigilia, los temas asociados al bautismo se incluyeron en la liturgia
del día de Pascua. El nuevo libro de oración de l979, recobra al máximo la liturgia
de la Vigilia pascual, con sus cuatro partes principales: el servicio de la
luz, la liturgia de la palabra, los bautismos o la renovación de las promesas
bautismales, y la santa eucaristía.