La Semana Santa se inicia con el domingo
de Pasión, o domingo de Ramos, y se desarrolla hasta la
Vigilia Pascual celebrada el sábado, al caer la tarde.
Antes de la reforma litúrgica, el domingo anterior al
de Ramos se conocía como domingo de Pasión. Ahora se han
fusionado los dos en uno sólo, de tal manera que la primera
parte de la liturgia celebra la entrada de Jesús en Jerusalén,
y la segunda parte se centra en la lectura de la pasión
del Señor.
La religiosa Egeria, en una peregrinación realizada entre
381-384, describe cómo en el siglo IV ya se celebraba
el domingo de Ramos en Jerusalén. A la una de la tarde,
la gente se reunía con el obispo en el Monte de los Olivos,
en la iglesia de Elena, una de las iglesias edificadas
por Elena, la madre de Constantino; a las tres de la tarde
la procesión se dirigía hacia la ciudad. La gente llevaba
ramos y los movían mientras cantaban salmos y la antífona:
"Bendito el que viene en el nombre del Señor". La procesión
marchaba lentamente porque en ella se encontraban ancianos
y mujeres llevando bebés. Llegados a la iglesia del Santo
Sepulcro celebraban un oficio vespertino, se recitaba
una oración en el lugar de la cruz, y se despedía a la
gente.
Se marcó este día siguiendo la frase del Evangelio de
Juan: "Seis días antes de la Pascua..."(Jn 12,1).
En la procesión, el obispo representaba a Jesús. Más tarde,
la imaginación medieval lo representó de diferentes maneras:
el Evangeliario abierto; en Inglaterra y Normandía, la
hostia consagrada; en Alemania, se llevaba un burro de
madera con ruedas, sobre el cual iba una figura del Salvador.
Esta costumbre del domingo de Ramos se imitó, primero
en España en el siglo V, en la Galia en el VII, en Inglaterra
al principio del VII, y finalmente en Roma en el XII.
La devoción del pueblo acostumbra a llevarse a casa las
palmas o ramos bendecidos al principio de la celebración
eucarística. Los coloca en pequeños altares o en lugares
apropiados para acordarse de que Cristo es nuestro Rey.
También es costumbre en muchos lugares llevar un burro
en la procesión, recordando al que llevó a Jesús.
(Tomado del libro: Introducción al Culto, por
Isaías A. Rodríguez)
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