Este día da inicio
al gran Triduo pascual. Alguien ha dicho que el Jueves
Santo es "uno de los días más complejos de todo el año
eclesiástico". Se han conjugado en este día varios elementos:
la conmemoración de la Última Cena, la reconciliación
de los penitentes, la bendición de los óleos y el lavatorio
de los pies, que en un principio se hacía el Sábado Santo.
Al principio no se celebraban eucaristías durante la semana
precedente a la Vigilia pascual. Al final del siglo IV
en algunas zonas ya se celebraba una misa el Jueves Santo.
Egeria, que llegó a Jerusalén como peregrina, cuenta cómo
a las dos de la tarde se celebraba en este día una misa
en el Martirio (la gran basílica edificada por Elena sobre
el lugar donde se descubrió la cruz). A las cuatro de
la tarde se reunían de nuevo detrás de la iglesia donde
se había erigido una cruz -según se creía en el lugar
de la crucifixión- para tener otra celebración. Luego
iban a casa para comer algo, y regresaban más tarde al
Monte de los Olivos, y pasaban la noche en oración y en
lecturas de los evangelios, yendo de una iglesia a otra.
La costumbre de celebrar la eucaristía ese día por la
tarde, bajo el nombre de la cena del Señor, se extendió
por toda la Iglesia. Los penitentes, que antiguamente
se reconciliaban en la Vigilia pascual, ahora eran admitidos
en este día. En el siglo IV se empezó a permitir que los
sacerdotes presidieran en los ritos de iniciación celebrados
en la Vigilia pascual. Puesto que sólo el obispo podía
bendecir los óleos que se usaban en el bautismo y en la
confirmación, dicha acción tuvo que ser anticipada al
Jueves santo, para que los sacerdotes usaran los óleos
en la Vigilia pascual.
En la Edad Media se incorporó la reserva de la eucaristía
para la comunión del sacerdote al día siguiente y el lavatorio
de los pies; en muchos lugares, los abades (directores
de monasterios) lavaban los pies a los monjes, y los reyes
a los aldeanos.
En la actualidad, se acentúa la manifestación de unidad
del presbiterado con el obispo. Todos renuevan los votos
sacerdotales. El obispo bendice los óleos. Por razones
prácticas, en algunas confesiones cristianas, esta celebración
con el obispo tiene lugar otro día de la semana, anterior
al Jueves Santo, permitiendo así que los sacerdotes puedan
celebrar la festividad con sus feligreses.
(Tomado del libro: Introducción al Culto, por
Isaías A. Rodríguez)
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