| Miércoles
de Ceniza (Cuaresma I) |
El "Miércoles de Ceniza" marca el comienzo de la Cuaresma, sin embargo,
históricamente este día, con su connotación litúrgica y espiritual, no aparece
hasta el siglo XI. En el Antiguo Testamento ya se usaba la ceniza con carácter
penitencial. Así lo entendieron y emplearon también los primeros cristianos
en casos de pecadores notorios.
La costumbre de distribuir las cenizas no se originó en Roma, sino en las liturgias
galicana y mozárabe, cuando los penitentes la recibían al entrar en orden penitencial.
La práctica adquirió popularidad con el tiempo. Sin embargo, fue el papa Urbano
II, en 1091, quien mandó imponer las cenizas en las cabezas de los fieles el
miércoles anterior al primer domingo de Cuaresma. Esto dio origen al Miércoles
de Ceniza. Al imponer las cenizas, después de la homilía, el ministro cita la
frase bíblica: "Eres polvo y al polvo tornarás" (Gn 3,19).
La Cuaresma se inicia con el Miércoles de Ceniza y dura hasta el Domingo de
Ramos según unos, hasta el Jueves Santo según otros; en la enumeración de "cuarenta"
días unos computan los domingos y otros no.
Para el hispano -sobre todo para los mexicanos- es éste uno de los días más
significativos. Virgilio Elizondo, en su libro Galilean Journey, explica
cómo el Miércoles de Ceniza no es principalmente para los mexicanos ni el principio
de la Cuaresma ni el inicio de una serie de sacrificios, sino una renovación
cúltica de comunión con la Madre Tierra, porque la Tierra ha sido siempre sagrada
para el mexicano y quiere mantener una identidad fundamental con ella. Ese miércoles
casi todas las iglesias se llenan de fieles y al final del acto, algunos feligreses
mexicanos piden que se les dé algo de ceniza para imponérsela ellos mismos a
los enfermos que no han podido asistir a la celebración.
Tenemos en esta práctica religiosa un ejemplo de la simbiosis ecuménica que
los hispanos están originando en este país de acogida. Algunas confesiones cristianas
que no celebraban el Miércoles de Ceniza lo están implantando para, de este
modo, complacer la demanda espiritual de los latinos.
(Tomado del libro: Introducción al Culto, por Isaías A. Rodríguez)