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Martín Lutero (1483-1546)
Martín
Lutero
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Sacerdote agustino, con problemas espirituales, rompió
con la Iglesia debido, entre otras cosas, a la cuestión
de las indulgencias. En octubre 31 de 1517 colocó en
la puerta de la iglesia de Wittenberg sus 95 famosas
tesis.
El papa León X estaba muy ocupado con la construcción
de la basílica de san Pedro (por eso, el papa había
acentuado la predicación de las indulgencias, para recaudar
dinero necesario para la construcción). Al principio,
el papa no prestó interés al fraile, pero en 1520 el
papa publicó la encíclica Exurge Domine en la
que condenaba la doctrina de Lutero y le daba sesenta
días para retractarse. Como no lo hiciera, en abril
de 1521 fue excomulgado.
La doctrina de Lutero puede resumirse en los siguientes
puntos: 1. La salvación se logra sólo por la fe. 2.
La Iglesia carece de autoridad; es sólo una sociedad
libre de creyentes. 3. Sólo la Biblia es norma de fe.
4. Sólo el Bautismo y la Comunión fueron instituidos
por Cristo. 5. El monacato y el celibato son un mal.
6. El estado debe proteger a la Iglesia.
En pocos años el luteranismo se extendió por Dinamarca,
Suecia y Noruega.
Juan Calvino (1509-1564)
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Suizo, de temperamento más frío y lógico que el de
Lutero. De educación católica desde su infancia, pero
con ideas infiltradas ya del luteranismo. En 1536 publicó
Las instituciones de la religión cristiana. No
sólo se salva uno por la fe, sino que la fe es un don
divino otorgado solamente a algunos. El ser humano no
puede hacer nada para salvarse o condenarse.
Fue más estricto que Lutero en la interpretación de
la Biblia. Los sacramentos son puros símbolos que no
tienen poder para ayudar a salvarse. Los sacerdotes
no tienen poderes sacramentales, sólo deben predicar.
Calvino se estableció en Ginebra, Suiza. Gobernó "la
ciudad de los elegidos" con mano dura. Se prohibieron
hasta las diversiones más inocentes. Sin embargo, su
doctrina se hizo famosa y popular, a pesar del rigor
de su contenido. Calvino exaltó las virtudes de la clase
media: trabajo, frugalidad, tesón. Pareció lógico a
la gente que el progresar en la vida era señal de bendición
divina. Así la riqueza se convirtió en signo de salvación.
La clase media, pues, fue la más adepta a las ideas
calvinistas.
Se extendió rápidamente por Holanda, Escocia y parte
de Alemania y Francia.
Enrique VIII (1509-1547)
Rey
Enrique VIII de Inglaterra
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Coronado rey de Inglaterra en 1509. En 1521 escribió
contra Lutero la Defensa de los siete sacramentos;
el papa le otorgó el título de Defensor de la fe.
En 1527 llevaba ya casado dieciocho años con Catalina
de Aragón, de quien había tenido tres varones y dos
hembras, pero todos, excepto una niña, habían muerto
en la infancia. Catalina, ya en los cuarenta, no parecía
ofrecer esperanzas de alumbrar a un nuevo varón. Ninguna
mujer en el pasado había reinado con acierto en Inglaterra.
Se necesitaba un hombre para suceder a Enrique en el
trono. Éste se había casado con Catalina, viuda de Arturo,
hermano mayor de Enrique, muerto en 1502, a instancias
de sus padres y bajo dispensa especial del papa Julio
II. En el curso normal de las cosas, a Enrique no se
le hubiera permitido casarse con Catalina. Y ahora el
rey insistía en que su matrimonio era nulo por esa razón.
No pedía un divorcio sino una declaración de nulidad.
Efectivamente, muchos eruditos contemporáneos dudaban
sinceramente que el papa pudiese conceder semejante
dispensa, a saber, casarse con la viuda de su hermano,
ya que parecía contradecir el mandado del Levítico:
"Si uno toma la mujer de su hermano, es una inmundicia.
Descubrió la desnudez de su hermano. No tendrán hijos".
Los papas en el pasado habían anulado matrimonios en
circunstancias parecidas y con razones de menos peso.
Todos sabían que el papa, ahora Clemente VII, deseaba
conceder a Enrique la anulación anhelada si pudiera
hacerlo sin ofender al emperador Carlos V, sobrino de
Catalina, y a quien el papa tenía miedo acérrimo.
Por ello en 1532, cansado de esta indecisión y apoyado
en el derecho romano, el rey promulgó el Acta de Limitación
de Apelaciones, reconociendo a Inglaterra como "imperio,
con poder plenario, completo y entero", sin necesidad
de recurrir a autoridad extranjera para ninguna causa.
Roma e Inglaterra quedaban separadas.
El 23 de marzo de 1533, el nuevo arzobispo de Inglaterra,
Tomás Cranmer, declaró nulo el matrimonio del rey.
Enrique VIII suprimió las órdenes religiosas para apropiarse
de sus bienes. Sin embargo hubo poca protesta ante tal
agresión. Según Moorman, las mismas órdenes habían perdido
su espíritu religioso. Mas tal atropello supuso un desastre
cultural para la nación inglesa.
Enrique VIII, se preocupó de que se mantuviera el orden
católico. En l536 promulgó los Diez artículos,
en los cuales, entre otras cosas pedía que los sacerdotes
debían predicar por lo menos trece domingos seguidos,
y después regularmente, en contra de la "autoridad jurisdiccional
que el papa se había usurpado". En l539, de nuevo el
rey publicó un libro conocido como Los seis artículos,
en el cual defendía seis puntos tradicionales doctrinales,
litúrgicos y pastorales, que la rama protestante quería
cambiar.
El problema que esto presentaba era que la mayoría de
los sacerdotes en Inglaterra, y en otras partes del
mundo cristiano, no sabían predicar, y muchos no conocían
bien la doctrina de la Iglesia. Para aliviar el problema,
Cranmer escribió un libro conocido como El libro
del obispo en el cual se presentaba la enseñanza
de la Iglesia.
Mientras tanto, Enrique VIII se había transformado en
el tirano que mataba por igual a católicos como a luteranos
que no acataran sus órdenes. Tuvo cinco mujeres y a
la última la hizo decapitar por infidelidad.
Al final de su reinado, Enrique VIII se había nombrado
a sí mismo, "cabeza suprema en la tierra de la Iglesia
de Inglaterra"; sin embargo, la vida religiosa en las
parroquias continuaba como si nada hubiera pasado, la
liturgia seguía siendo la misma y los sacerdotes se
conducían como siempre. La reforma que afectara al pueblo
no había llegado. Enrique VIII moría en 1547.
Tomás Cranmer (1469 - 1556)
Arzobispo
Tomás Cranmer |
(Esta biografía se ha tomado del libro: Las
fiestas menores y los días de ayuno 2003, editado
en español en 2005)
Tomás nació el 2 de julio de 1469 en Aslockton, condado
de Nottingham. A la edad de catorce años se matriculó
en el Jesus College, Cambridge, donde para el año 1514
había logrado un bachillerato y maestría en artes y
había recibido una colegiatura. En 1526 llegó a ser
doctor en teología, profesor en su colegio y examinador
de la universidad. Durante los años en Cambridge, estudió
con diligencia la Biblia y las nuevas doctrinas emanadas
de la reforma llevada a cabo en Alemania.
Un encuentro casual con el rey Enrique VIII en la abadía
de Waltham en 1529 condujo a una intervención de Cranmer
en el llamado "asunto del Rey": la anulación del matrimonio
de Enrique con Catalina de Aragón. Cranmer preparó la
defensa de la causa del rey y se la presentó a las universidades
de Inglaterra y de Alemania, y a Roma.
Encontrándose en Alemania se asoció a los reformadores
luteranos, especialmente a Oslander, con cuya hija se
casó. Cuando murió el arzobispo Warham, el rey consiguió
la confirmación papal del nombramiento de Cranmer a
la sede de Cantórbery y fue consagrado el 30 de marzo
de 1533. Una de sus decisiones iniciales fue declarar
nulo e inválido el matrimonio del rey. Luego validó
el matrimonio del rey con Ana Bolena. Su hija, la futura
reina Isabel I, fue ahijada de Cranmer.
La fe sincera del arzobispo en la supremacía del rey
sobre todos los asuntos, tanto civiles como religiosos,
fue el móvil principal de su actuar. Esto explica los
muchos compromisos contraídos con ideales reformadores
los cuales le llevaron finalmente a la ruina.
Durante el reinado de Eduardo VI, Cranmer tuvo mano
libre en la reforma del culto, de la doctrina y de la
práctica de la Iglesia. Su obra inmortal fue el Libro
de Oración Común. Pero a la muerte de Eduardo, desgraciadamente
aceptó la voluntad del rey moribundo que la sucesión
pasara a la Dama Juana Grey. Por esto y por su trabajo
reformador, fue encarcelado, degradado por la reina
María I, hija de Enrique VIII y de Catalina, y una firme
católica romana.
Cranmer escribió dos retractaciones de sus supuestamente
doctrinas heréticas mientras estaba preso, pero al final
las desdijo, y murió heroicamente, diciendo: "Puesto
que la mano ofendió al escribir contrariamente al corazón,
que sea castigada primero; porque si he de llegar al
fuego será quemada primero". Y así sucedió el 21 de
marzo de 1556 en Oxford.
La Cristiandad dividida
La Cristiandad se dividió por falta de comunicación
sincera y caritativa. Todos andaban cegados por sus
pasiones, incapaces de mantener un diálogo calmado.
Se cometieron excesos por todos los lados. Por ambos
bandos se cayó en el fanatismo. No hubo reforma completa
por ninguna parte. Vemos esto porque la Iglesia Católica
Romana tuvo que esperar cuatrocientos años, hasta el
concilio Vaticano II (1962-65), para adoptar muchos
de los cambios litúrgicos y pastorales realizados por
la Iglesia Anglicana en el siglo XVI. La separación
de Roma e Inglaterra, en un principio, fue más política
que doctrinal. Enrique demostró tener razón al librarse
de las intromisiones papales en los reinos civiles.
Hoy ninguna nación tiene que pagar impuestos de ninguna
clase a Roma.

Papa Juan XXIII
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Hoy día corren mejores vientos que hace quinientos
años. El 25 de enero de 1959 el papa Juan XXIII, a quien
el pueblo bautizó como "el papa bueno", anunció a los
cardenales, en la basílica de san Pablo Extramuros,
su propósito de convocar un concilio. Ese concilio sería
el Vaticano II (1962-1965). Un concilio verdaderamente
innovador, pastoral, ecuménico y reconciliador.
Se publicaron cuatro constituciones: sobre la Iglesia,
sobre la revelación divina, sobre la sagrada liturgia,
sobre la Iglesia en el mundo actual. Se publicaron nueve
decretos: sobre el oficio pastoral de los obispos, sobre
el ministerio y vida de los presbíteros, sobre la formación
sacerdotal, sobre la adecuada renovación de la vida
religiosa, sobre el apostolado de los seglares, sobre
las Iglesias orientales católicas, sobre la actividad
misionera de la Iglesia, sobre el ecumenismo, sobre
los medios de comunicación social. Se publicaron tres
declaraciones: sobre la libertad religiosa, sobre la
educación cristiana de la juventud, sobre las relaciones
de la Iglesia son las religiones no cristianas.
Se puede asegurar, sin lugar a dudas, que se concilio
fue no de los acontecimientos más revolucionarios y
transcendentales de todo el siglo XX. Los cambios por
él generados afectarían no sólo a toda la Iglesia Católica
Romana, sino a todas las confesiones cristianas. Gracias
a ese concilio, hoy todos los cristianos estamos más
cerca unos a otros. Gracias a ese concilio, hoy día
somos todos hermanos y no enemigos. Gracias a ese concilio
caben esperanzas de tiempos mejores para toda la Cristiandad
y para toda la humanidad.
Isaías A. Rodríguez
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