
San Ignacio de Antioquía. Icono griego sin
fecha
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Para ser reconocidos como tales
se requieren las siguientes características: su doctrina
no debe ofrecer duda sobre las verdades de la fe, se
debe haber distinguido por su santidad, debe haber vivido
en Occidente antes de la muerte de san Gregorio el Grande
(604) y en Oriente antes de san Juan Damasceno (753)
sus obras deben haber sido aceptadas por la Iglesia.
Algunos Padres reciben el título de Doctores de la Iglesia
por su especial actitud de educadores en la fe.
Los Padres apostólicos.
Sus enseñanzas son importantísimas pues estuvieron
en contacto con los mismos apóstoles o con sus discípulos.
Clemente
Según tradiciones antiguas, Clemente fue discípulo de
los apóstoles y el tercer obispo de Roma. Generalmente
se le considera como autor de una carta escrita hacia
el año 96 desde Roma a la iglesia de Corinto, y conocida
como "La Primera de Clemente" en la colección de antiguos
documentos llamada: "Los padres apostólicos".
El motivo de la carta fue la decisión de un grupo más
joven de Corinto de deponer a clérigos mayores porque
estaba insatisfecho con su ministerio. La unidad de
la Iglesia se ponía en peligro por la disputa sobre
el ministerio. La carta de Clemente establece una visión
jerárquica de la autoridad en la Iglesia. Insiste en
que Dios exige el debido orden en todas las cosas, que
los clérigos depuestos deben ser reinstalados y que
hay que obedecer a los superiores legítimos.
La carta usa los términos "obispo" y "presbítero" intercambiablemente
para describir las categorías más altas del clero, pero
se refiere a algunos de ellos como "gobernantes" de
la Iglesia. Ellos son los que dirigen la adoración y
"ofrecen los dones" de la eucaristía, como los debidamente
escogidos sacerdotes del Antiguo Testamento ejercieron
los diversos sacrificios y liturgias en su tiempo.
Muchas congregaciones de la Iglesia primitiva leían
esta carta en la adoración, y varios manuscritos antiguos
la incluyen en los libros canónicos del Nuevo Testamento,
junto con una segunda carta, que es en realidad una
homilía antigua de autor desconocido. El texto de la
Primera de Clemente se perdió en la Iglesia occidental
durante la Edad Media, y no se volvió a descubrir hasta
el año 1628.
Escribe Clemente: "Los apóstoles recibieron el evangelio
del Señor Jesucristo; Jesús el Cristo fue enviado por
Dios. Así Cristo viene de Dios, y los apóstoles, de
Cristo. En ambos casos, el ordenado procedimiento depende
de la voluntad de Dios. Así, después de eso, cuando
los apóstoles habían recibido las instrucciones, y se
habían disipado todas las dudas por la resurrección
de nuestro Señor Jesucristo, salieron con la confianza
del Espíritu Santo a predicar las buenas nuevas de la
venida del reino de Dios. Predicaron en el campo y en
la ciudad, y nombraron los primeros convertidos, después
de probarlos en el Espíritu, para que fueran obispos
y diáconos de los futuros creyentes".
Ignacio de Antioquía (35-107)
Ignacio de Antioquía, martirizado en 115, tenía un sentido
profundo de dos fines, el de su propia vida y el de
la consumación de la historia en Jesucristo. En un éxtasis,
vio su inminente martirio como una conclusión apropiada
a su largo episcopado. Se le considera el segundo obispo
de Antioquía en Siria.
Siete cartas auténticas que Ignacio escribió a las iglesias
mientras viajaba por Asia Menor custodiado por diez
soldados ("mis leopardos" los llamaba él), ofrecen información
muy valiosa sobre la vida de la Iglesia primitiva. Sobre
ciertas doctrinas agnósticas que exaltaban la divinidad
de Jesús a expensas de la humanidad, Ignacio escribió:
"No escuchéis (…) doctrina alguna que se desentienda
de Jesucristo, del linaje de David, de María; que realmente
nació, comió y bebió; fue realmente perseguido bajo
Poncio Pilato; realmente crucificado y murió a la vista
del cielo, de la tierra y de los infiernos. Realmente
resucitó de entre los muertos".
En otro lugar condenó una forma de biblismo defendido
por algunos como el método de interpretación histórica
y como única regla en la práctica de la Iglesia. Escribió:
"Cuando oí a algunos decir, ´si no lo encuentro en documentos
antiguos, no lo creo en los evangelios", yo les contesté,
´pero está escrito en ellos´. Respondieron, ´hay que
probarlo´. Pero para mí los documentos antiguos son
Jesucristo".
Ignacio mantenía que la unidad de la Iglesia brotaría
siempre de la liturgia por la cual todos son iniciados
en Cristo mediante el bautismo. Exhortaba: "Procurad
reuniros con más frecuencia a celebrar la eucaristía
de Dios y a adorarlo (…) En estas reuniones debierais
hacer caso atentamente al obispo y al presbiterio y
partir un pan, que es la medicina de la inmortalidad
(…)".
Ignacio consideraba a la Iglesia como el santo orden
de Dios en el mundo. Por ello, estaba preocupado por
el orden apropiado de enseñanza y de adoración en la
Iglesia. Escribió: "Evitad el cisma como fuente de problemas.
Seguid todos al obispo como Jesucristo obedeció al Padre.
Obedeced, también, al presbiterio como a los apóstoles,
y respetad a los diáconos como si fueran la ley de Dios…
Donde está presente el obispo, que se reúna la congregación,
lo mismo que donde está Jesucristo, allí está la Iglesia
católica".

San Justino, martir
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Apologistas (s. II-III)
Apología es una defensa de algo o de alguien. Los
apologistas defendían a los cristianos y a la fe cristiana.
Algunos nombres son: Cuadrato, Arístides, Traciano,
Justino Mártir, Atenágoras, Minucio Félix, Melitón,
Ireneo y Tertuliano. Presentamos aquí a dos de ellos.
Justino, mártir (100-165)
A mediados del siglo segundo se unió a la joven comunidad
cristiana un buscador de la verdad cuyos amplios intereses,
nobleza de espíritu y habilidad mental, la enriquecieron
mucho.
Justino nació de una familia pagana de habla griega
hacia el año 110 en Samaría, cerca de Siquén. Se educó
en la filosofía griega. Como a Agustín más tarde, todo
este conocimiento le inquietó. En un largo paseo por
la playa de Éfeso se encontró con un extranjero que
le habló de Cristo. "Inmediatamente se encendió una
llama en mi alma", escribe, "y me poseyó el amor hacia
los profetas y los amigos de Cristo". A consecuencia
de este encuentro se hizo cristiano y consideró desde
entonces al cristianismo como la única "filosofía segura
y provechosa".
Hacia el año 150 Justino se trasladó a Roma. Como era
costumbre entonces entre los filósofos, fundó una escuela
-en este caso una escuela de filosofía cristiana- y
aceptó estudiantes. Conocemos tres de sus obras: un
diálogo en estilo platónico con un judío llamado Trifón
y dos "apologías". (Apología en este sentido no significa
pedir perdón, sino una defensa enérgica). La Primera
y Segunda apología de Justino defienden al cristianismo
de la acusación de irracionalidad por parte de los griegos
y de la acusación de deslealtad al Imperio por parte
de los romanos. Estas dos obras nos ofrecen importante
información sobre el desarrollo de las ideas teológicas
y de las prácticas litúrgicas del cristianismo primitivo.
En el Diálogo con Trifón, Justino defiende a
la Iglesia contra la acusación de los judíos de tergiversar
el Antiguo Testamento. Interpreta el Antiguo Testamento
como prefigura del Nuevo.
Mientras enseñaba en Roma se metió en un debate público
con el filósofo cínico llamado Crescencio, acusándole
de ignorante e inmoral. Crescencio, enfadado, lo llevó
a juicio. Justino y seis de sus estudiantes fueron arrestados
y llevados ante el prefecto Rústico. Como era costumbre,
Rústico les ofreció la oportunidad de renunciar a la
fe. Todos rehusaron firmemente tal cosa. Justino y sus
compañeros fueron martirizados en 167.

San Ireneo de Lyon
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Ireneo (130-200)
Si teología es "reflexionar sobre la fe" y colocar esos
pensamientos en un orden sistemático, entonces Ireneo
con razón ha sido reconocido por protestantes y católicos
como el primer teólogo sistemático.
Se duda mucho sobre al año de su nacimiento; los cálculos
oscilan entre el año 97 y el 160. Es cierto que aprendió
la doctrina cristiana en Éfeso a los pies del venerable
Policarpo, el cual a su vez había conocido a Juan el
evangelista. Algunos años antes de 177, probablemente
Ireneo, todavía joven, llevó la tradición cristiana
a Lyón, al sur de Francia.
Su nombre significa "el pacífico", y en verdad con toda
propiedad. La misión de las Galias pasó por apuros en
177. Se desató una persecución comarcal, y una creciente
ola de herejía parecía inundar a la Iglesia. A Ireneo,
ahora ya presbítero, se le envió a Roma para mediar
en una disputa sobre el montanismo, que el obispo de
Roma, Eleuterio, parecía defender. Mientras Ireneo se
encontraba en Roma, el anciano obispo de Lyón, Potino,
murió en la prisión durante la persecución del lugar.
Al regreso de Ireneo a Lyón fue elegido obispo como
sucesor de Potino.
La fama perdurable de Ireneo se debe sobre todo a un
amplio tratado titulado: Exposición y refutación
del falso gnosticismo, con frecuencia abreviado
de esta manera: Adversus haereses. En esta obra
Ireneo describe a fondo, con claridad y cierto humor
mordaz, los sistemas gnósticos más importantes. Es una
de las cuatro fuentes más importantes para conocer el
gnosticismo. También es famosa la defensa que hace del
cristianismo, firmemente apoyado en las Escrituras,
y la continuidad de enseñanza, de generación en generación,
de los apóstoles a los obispos, sobre todo en las grandes
ciudades con sede. Contra los agnósticos, que condenaban
la carne y exaltaban el espíritu, enfatizó dos doctrinas:
lo bueno de la creación y la resurrección de los cuerpos.
Una tradición incierta y tardía afirma que sufrió martirio
hacia el año 202.
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La edad de oro de los Padres Padres en Oriente y en
Occidente
Los tres grandes Capadocios:

San Basilio el Grande
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Basilio el Grande (329-279)
Basilio nació hacia el 329 en Cesarea de Capadocia de
una familia cristiana rica y distinguida. Educado en
el helenismo clásico, Basilio pudo haber continuado
la vida académica si no hubiera sido por la muerte de
un hermano menor y por la fe de su hermana, Macrina.
Se bautizó a los veintiocho años y enseguida recibió
el diaconado.
Macrina había fundado el primer monasterio de mujeres
en Annesi. Espoleado por su ejemplo, Basilio viajó a
Egipto y a otros lugares para estudiar la vida de los
anacoretas. En 358 regresó a Capadocia y fundó el primer
monasterio de hombres en Ibora. Ayudado por Gregorio
Nacianceno, recopiló Las reglas larga y corta,
que transformaron a los solitarios anacoretas en una
comunidad disciplinada de oración y de trabajo. Las
reglas se convirtieron en la base de toda la
disciplina monacal de Occidente. Los monasterios también
abrieron escuelas para preparar a los líderes de la
Iglesia y del Estado.
Basilio fue ordenado de presbítero en 364. En el conflicto
entre los arrianos (apoyados por un emperador arriano)
y los cristianos ortodoxos, Basilio se convenció de
que tenía que ser obispo de Cesarea. Por una escasa
mayoría de votos fue elegido obispo de Cesarea, metropolitano
de Capadocia. Trabajó sin cesar para restaurar la fe
y la disciplina del clero, y defendió la fe de Nicea.
Cuando el emperador Valente quiso cortar el poder de
Basilio dividiendo la sede de Capadocia, Basilio forzó
a su hermano Gregorio a hacerse obispo de Nisa.
En el tratado, Sobre el Espíritu Santo, Basilio
sostiene que la lengua de la Escritura y la fe de la
Iglesia piden que se dé el mismo honor, gloria y adoración
al Espíritu Santo que al Padre y al Hijo. Y dijo que
era apropiado adorar a Dios en la oración litúrgica,
no sólo con las palabras tradicionales: "Gloria al Padre
por el Hijo en el Espíritu Santo" sino
también con la fórmula: "Gloria al Padre con
el Hijo junto con el Espíritu Santo".
Basilio también se preocupaba de los pobres, y a su
muerte, dejó en testamento que se edificara con su dinero
en Cesarea una ciudad nueva con casas, un hospital y
personal, una iglesia para los pobres y un hospicio
para los viajeros.
Murió a los 55 años de edad en 379, sólo dos años antes
del segundo concilio ecuménico que afirmó la fe de Nicea.

San Gregorio de Nacianzo
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Gregorio Nacianceno (330-389)
Gregorio Nacianceno, uno de los Padres de Capadocia,
amaba a Dios, el arte de las letras y a la raza humana,
en este orden. Nació hacia el año 330 en Nacianzo de
Capadocia (hoy Turquía), hijo de un obispo local. Estudió
retórica en Atenas con su amigo Basilio de Cesarea y
con Juliano, que más tarde sería el emperador apóstata.
Junto con Basilio, Gregorio recopiló una antología de
las obras de Orígenes, La filocalia. Dos años
después regresó a su casa, en un pueblo entonces dividido
por herejías y cismas. Su defensa de la ortodoxia de
su padre frente a una muchedumbre violenta trajo la
paz al pueblo y fama a Gregorio.
En 361, le ordenaron de presbítero contra su voluntad
y comenzó a vivir una vida severa de sacerdote. No gozaría
de paz durante mucho tiempo. Basilio, en lucha contra
el emperador arriano Valense, obligó a Gregorio a ser
obispo de Sasima. Según Gregorio, era "un lugar detestable,
sin agua ni hierba u otra señal de civilización". Dijo
que se sentía como "hueso tirado a los perros". Su amistad
con Basilio sufrió una rotura severa.
Varias muertes en la familia, junto con la de su anterior
amigo Basilio, llevaron a Gregorio casi al punto de
la muerte. Se retiró para curarse.
En 379, Gregorio, renovado y superada la desesperación,
se trasladó a Constantinopla. Parecía encendido por
el amor de Dios. Su fama como teólogo se deriva de cinco
sermones sobre la doctrina de la Trinidad que predicó
durante esta época. Destaca en ellos la claridad, la
fuerza y una alegría encantadora.
El año siguiente, el nuevo emperador Teodosio entró
en Constantinopla y expulsó al obispo y al clero arrianos.
Luego, un día lluvioso, la muchedumbre de la gran iglesia
de santa Sofía aclamó a Gregorio como su obispo, después
de que un rayo de sol de repente iluminara sobre él.
El poder y la posición no tenían valor para Gregorio.
Después del Concilio Ecuménico de 381, se retiró a Nacianzo
donde murió en 389. Entre los Padres de la Iglesia,
sólo a él se le conoce como "el divino", "el teólogo".
Gregorio Niseno (334-396)
Gregorio era un hombre enamorado de Cristo y deslumbrado
por el sentido de su pasión. Nació hacia el 334 en Cesárea,
hermano menor de Basilio el Grande. En su juventud había
sido un cristiano renuente.
Cuando tenía veinte años, el traslado de las reliquias
de los cuarenta mártires de Sebaste a la capilla familiar
en Annesi avivó la fe de Gregorio y se hizo cristiano
practicante y lector. Sin embargo, abandonó este ministerio
para ser retórico como su padre.
Su hermano Basilio, en su lucha contra el emperador
Valente, exigió a Gregorio que fuera obispo de Nisa,
un pueblo a quince kilómetros de Cesarea. Al reconocerse
incapaz de ejercer el cargo, Gregorio describió el día
de la consagración como el peor de su vida. Le faltaban
para el episcopado las cualidades importantes del tacto
y la comprensión, y no tenía sentido del valor del dinero.
Acusado falsamente de haber desfalcado fondos de la
Iglesia, Gregorio se escondió durante dos años, para
no regresar a su diócesis hasta que murió Valente.
Aunque se resentía del dominio de su hermano, la muerte
de Basilo en 379 fue un duro golpe para Gregorio. Unos
meses más tarde, recibió otro susto: estaba agonizando
su hermana amada Macrina. Gregorio fue deprisa a Annesi
y platicó con ella durante dos días sobre la muerte,
el alma y el significado de la resurrección. Ahogándose
de asma, Macrina murió en los brazos de su hermano.
Aunque las dos muertes anonadaron a Gregorio, también
le libraron para convertirse en un filósofo y teólogo
más profundo. Manifiesta deleite en el orden de la creación
en el tratado, Sobre la creación del hombre.
En su Vida de Moisés y de nuevo en el Comentario
al "Cantar de los cantares" se observa la
profundidad de su naturaleza contemplativa y mística.
A su Gran catecismo todavía se le considera el
más importante después del de Orígenes, Sobre los
primeros principios.
En 381, Gregorio asistió al segundo concilio ecuménico
de Constantinopla, donde fue honrado con el título de
"pilar de la Iglesia". En la defensa de la fe nicena,
fue uno de los tres grandes teólogos orientales junto
con Basilio Magno y Gregorio Nazianceno, conocidos como
los Padres Capadocios.

San Atanasio
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Atanasio (295-373)
Muy pocas veces en la Historia de la Iglesia fue su
desarrollo tan profundamente determinado por una sola
persona como por Atanasio en el siglo IV. Gregorio Nancianceno
le llamó "pilar de la Iglesia", y Basilio el Grande
dijo que era "el médico dado por Dios para curar sus
heridas".
Atanasio nació hacia el año 295 en Alejandría y fue
ordenado diácono en 319. Llamó la atención rápidamente
por su oposición al presbítero Arrio, cuya negación
de la divinidad completa de la segunda persona de la
Trinidad se extendía por muchos lugares. Alejandro,
el obispo de Alejandría, llevó a Atanasio como su secretario
y consejero al primer concilio ecuménico de Nicea en
325, que trató del conflicto arriano. Atanasio logró
que se incluyera en el credo niceno la frase que desde
entonces ha sido reconocida como la expresión inequívoca
de la divinidad completa del Hijo: "De la misma naturaleza
que el Padre" (homoousios).
Cuando Alejandro murió en 328, Atanasio llegó a ser
obispo. Sin temor defendió la cristología nicena contra
emperadores, magistrados, obispos y teólogos. Cinco
veces fue desterrado. Muchas veces parecía que se encontraba
solo en la lucha por la fe ortodoxa. "Athanasius
contra mundum (Atanasio contra el mundo)" se convirtió
en un refrán. Pero, cuando ocurrió el último destierro,
su popularidad entre los ciudadanos de Alejandría era
tan grande que el emperador tuvo que hacerlo volver
para evitar una rebelión en la ciudad.
Atanasio escribió prolíficamente: interpretación bíblica,
exposición teológica, sermones y cartas. Su tratado,
Sobre la encarnación de la Palabra de Dios, es
una obra clásica que todavía se lee mucho.
En él, escribe: "Nuestro Salvador, la Palabra de Dios,
por su gran amor asumió en sí mismo un cuerpo y andaba
como hombre entre los hombres, acercándose a sus sentidos,
por así decirlo, a mitad del camino. Él mismo se hizo
un objeto para los sentidos, a fin de que los que buscaban
a Dios en las cosas sensibles vieran al Padre por medio
de las obras que él, la Palabra de Dios, hizo en el
cuerpo. Por ende, siendo humanos y de mente humana como
lo eran los hombres, adondequiera que miraran en el
mundo sensible, encontrarían que se les enseñaba la
verdad".

San Juan Crisóstomo
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Juan Crisóstomo (354-407) (de la escuela
de Antioquía)
Juan Crisóstomo, patriarca de Constantinopla, es uno
de los grandes santos de la Iglesia oriental. Nació
hacia el año 354 en Antioquía, Siria. De joven, respondió
a la vocación al monacato en el desierto hasta que perdió
la salud. Después de seis años regresó Antioquía y fue
ordenado presbítero. En 397, llegó a ser patriarca de
Constantinopla. Su episcopado fue corto y tumultuoso.
Muchos criticaban la vida ascética que llevaba en la
residencia episcopal, e incurrió en la ira de la emperadora
Eudoxia, que creía que él la había llamado una "Jezabel".
Fue desterrado dos veces y murió durante el segundo
destierro, el 14 de septiembre de 407. Treinta y un
años después, los restos fueron trasladados a Constantinopla
y sepultados el 27 de enero.
Juan, llamado "crisóstomo", que significa "boca de oro",
fue uno de los mayores predicadores de la historia de
la Iglesia. La gente se congregaba para escucharlo.
Su elocuencia iba acompañada de una gran sensibilidad
hacia las necesidades del pueblo. Consideraba la predicación
como parte integral del cuidado pastoral y como un medio
de enseñanza. Dijo que si un sacerdote no tenía talento
para predicar la palabra, a las almas bajo su cuidado
"no les iría mejor que a los barcos sacudidos por la
tempestad".
Sus sermones ofrecen percepciones sobre la liturgia
de la Iglesia y especialmente sobre las prácticas eucarísticas.
Describe la liturgia como una experiencia gloriosa,
en la cual se juntan el cielo y la tierra. Los sermones
enfatizan la participación de los seglares en la eucaristía.
"¿Por qué se maravillan, escribió, de que el pueblo,
en cualquier parte, pronuncie algo con el sacerdote
ante el altar, cuando de hecho se junta con los mismos
querubines, y los poderes celestiales, para ofrecer
himnos sagrados?"
El tratado, Seis libros sobre el sacerdocio,
es un manual clásico sobre la vocación sacerdotal y
sus pavorosas exigencias. El sacerdote, escribió, ha
de ser "digno pero no arrogante; imponente pero amable;
afable en autoridad; imparcial pero cortés; humilde
pero no servil, fuerte pero benévolo (...)"
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Padres de Occidente
Jerónimo (347-419)
Jerónimo fue el principal erudito bíblico de la Iglesia
antigua. Su traducción de la Biblia al latín de los
textos originales griegos y hebreos conocida como la
versión Vulgata, así como las homilías y los comentarios
a los libros bíblicos, han hecho de él una fuerza intelectual
poderosa en la Iglesia occidental.
Jerónimo nació hacia el 347 en la ciudad de Estridón
al norte de Italia y se convirtió y bautizó cuando era
estudiante en Roma. En una visita a Tréveris, sintió
atracción hacia la vida monacal que probó brevemente
en una experiencia infeliz como ermitaño en el desierto
de Siria. Estando en Antioquía en 378 a regañadientes
permitió que se le ordenara de sacerdote. Allí continuó
estudiando hebreo y griego. El año siguiente se encontraba
en Constantinopla como alumno de Gregorio Nacianceno.
Del 383 al 384 fue secretario del papa Dámaso I en Roma,
y director espiritual de muchas nobles damas romanas
que sentían inclinación hacia la vida monacal.
Para resolver la multiplicidad de textos latinos de
la Biblia que creaban graves inconvenientes, decidió
hacer una traducción nueva de la Biblia en el latín
vulgar que usaba la gente. De ahí le viene el nombre
de Vulgata. Jerónimo dedicó esta traducción nueva al
papa Dámaso. No fue éste quien le ordenó hacer la traducción
como creen algunos.
A la muerte del papa, Jerónimo se fue de nuevo a Oriente
y fundó un monasterio en Belén, donde vivió y trabajó
hasta el día de su muerte, ocurrida el 30 de septiembre
de 420. Recibió sepultura en una capilla debajo de la
iglesia de la Natividad, cerca del tradicional lugar
del nacimiento de nuestro Señor.
La disposición irascible de Jerónimo, el orgullo del
saber, y la extravagante promoción del ascetismo le
involucraron en muchas amargas controversias sobre cuestiones
teológicas y exegéticas. Sin embargo, a veces fue sincero
admitiendo sus faltas, y nunca tuvo ambición de honores
eclesiásticos. Militante campeón de la ortodoxia, trabajador
incansable, y estilista de talento poco común, Jerónimo
raras veces era agradable, pero por lo menos no era
aburrido.

San Ambrosio
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Ambrosio (340-397)
Ambrosio era el hijo de un gobernador romano en la Galia,
y en 373 él mismo fue gobernador en la parte superior
de Italia. Aunque había crecido en una familia cristiana,
Clemente no había recibido el bautismo. Se vio envuelto
en la elección del obispo de Milán como mediador entre
las facciones litigantes de arrianos y cristianos ortodoxos.
La elección era importante porque quien ganara controlaría
la poderosa sede de Milán.
Ambrosio exhortaba a la casi amotinada población a que
se mantuviera en paz y obedeciera la ley. De repente,
ambos bandos empezaron a gritar: "¡Ambrosio debe ser
nuestro obispo!". Protestó, pero la gente insistió.
Bautizado rápidamente, fue consagrado obispo el 7 de
diciembre de 373.
Ambrosio pronto adquirió fama como defensor de la ortodoxia
contra el arrianismo y como sabio gobernante de la Iglesia.
También fue un hábil compositor de himnos. Introdujo
el canto antifonal para enriquecer la liturgia, y escribió
tratados sencillos y prácticos para educar a la gente
en temas como la doctrina sobre el bautismo, la eucaristía,
la Trinidad, y la persona de Cristo. La predicación
persuasiva que usaba fue un factor importante en la
conversión de Agustín de Hipona.
Ambrosio no temía reprender a emperadores, incluido
el exaltado Teodosio, a quien obligó a hacer penitencia
pública por la masacre de varios miles de ciudadanos
en Salónica.
Sobre el bautismo escribió: "Después de la fuente (del
bautismo), el Espíritu Santo se derrama sobre ti: ´el
espíritu de sabiduría y de entendimiento, el espíritu
de consejo y de fortaleza, el espíritu de conocimiento
y de piedad, el espíritu del santo temor" (De Sacramentis
3.8).
Una meditación que se le atribuye dice: "Señor Jesucristo,
tú eres mi medicina cuando estoy enfermo; mi fortaleza
cuando necesito ayuda; mi propia vida cuando estoy muerto;
el camino cuando suspiro por el cielo; la luz cuando
todo es oscuridad; mi comida cuando necesito alimento".
Entre los himnos que se atribuyen a Ambrosio se encuentran:
"Los regalos eternos de Cristo el rey", "Oh esplendor
de la gloria brillante de Dios", y una serie de himnos
para las horas menores.

San Agustin
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Agustín (354-430)
Agustín, tal vez el teólogo más grande de la historia
en el cristianismo occidental, nació el año 354 en Tagaste,
África del Norte. En la incesante búsqueda de la verdad,
siguió las doctrinas maniqueas y neoplatónicas y anduvo
constantemente comprometido en una lucha interior de
carácter moral. Finalmente, por la influencia de su
madre Mónica, Agustín aceptó la fe cristiana en el verano
de 386. Ambrosio, obispo de Milán, lo bautizó en la
Vigilia Pascual de 387. Regresado Agustín a África en
391, el pueblo lo escogió inesperadamente para que se
ordenara de sacerdote. Cuatro años más tarde sería nombrado
obispo de la ciudad. Las confesiones de san Agustín,
una autobiografía espiritual, escrita poco antes del
año 400 en forma de una oración prolongada, es una obra
clásica de la espiritualidad occidental.
Agustín escribió innumerables tratados, cartas y sermones,
que han servido como rico manantial de nuevas y frescas
percepciones de la verdad cristiana.
Los maniqueos habían intentado resolver el problema
del mal inventando la existencia de un agente independiente
eternamente opuesto a Dios. Para rebatirlos, Agustín
afirmó que toda la creación es esencialmente buena,
ya que fue creada por Dios, y que el mal, hablando con
propiedad, es la privación del bien. La secta rígida
de los donatistas se había separado de la Iglesia después
de la persecución de Diocleciano al principio del siglo
IV. Contra ellos, Agustín afirmó que la Iglesia es "santa",
no porque los miembros los sean, sino porque el objetivo
de la Iglesia es la santidad, a la que todos los miembros
son llamados.
Estimulado por el saqueo de Roma en 410 por parte de
los visigodos dirigidos por Alarico, Agustín escribió
su obra cumbre La ciudad de Dios. En ella escribe: "Dos
amores han edificado dos ciudades: la terrena edificada
por el amor a uno mismo, incluso con desprecio de Dios,
y la celestial edificada por el amor de Dios, incluso
con el desprecio de uno mismo. La ciudad terrena se
gloría en sí misma, la celestial se gloría en el Señor
(…) En una, el príncipe y las naciones que domina son
gobernadas por el amor de gobernar; en la otra, el príncipe
y los sujetos se sirven unos a otros por amor".
Agustín murió el 28 de agosto de 430 mientras los vándalos
sitiaban la ciudad de Hipona.

San Gregorio Magno
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Gregorio Magno (590-604)
Sólo a dos papas, León I y Gregorio I, se les ha dado
el título popular de "Magno". Ambos sirvieron durante
la época difícil de las invasiones bárbaras en Italia.
Gregorio conoció también los horrores de "la plaga,
la peste y el hambre". Nació de una familia noble hacia
el año 540 y llegó a ser prefecto de Roma en 573. Poco
después se retiró a la vida monástica en una comunidad
que fundó en su hogar ancestral en la Colina Celia.
El papa Pelagio II lo nombró embajador a Constantinopla
en 579, donde aprendió mucho sobre los extensos asuntos
de la Iglesia. Poco después de su regreso a casa, el
papa Pelagio murió de plaga, y en 590 Gregorio fue elegido
su sucesor.
El pontificado de Gregorio fue de una actividad agotadora.
Organizó la defensa de Roma contra los asaltos de los
lombardos, y dio de comer al pueblo de lo guardado en
los graneros papales de Sicilia. Tanto en este asunto
como en otros, administró "el patrimonio de Pedro" con
energía y eficiencia. Su sentido de la liturgia y del
canto de la Iglesia moldeó la espiritualidad de la Iglesia
occidental hasta el día de hoy. Aunque no era original
en teología, sus escritos ofrecieron a las generaciones
posteriores textos básicos, especialmente el Cuidado
pastoral, una obra clásica del trabajo ministerial.
En medio de todos los quehaceres y obligaciones, Gregorio
preparó y promovió la misión evangelizadora a los anglosajones
bajo Agustín y otros monjes de su monasterio. Con razón
el venerable Beda llamó a Gregorio el Apóstol de los
ingleses.
Gregorio murió el 12 de marzo de 604, y recibió sepultura
en la basílica san Pedro. Su vida fue un testimonio
verdadero del título que escogió para su oficio: "Siervo
de los siervos de Dios."
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