Catedral de St. John the Divine en Nueva York
Mas la Iglesia a la larga ganaría. Se vio libre
de prestar lealtad a la corona británica; revisó
el Libro de Oración Común; se organizó
en diócesis, y tuvo mucho cuidado de que la sucesión
apostólica se mantuviera a través de la
consagración de obispos.
En l785, se celebró la primera Convención
General y en ella se adoptó el nombre de "Iglesia
protestante episcopal". Este nombre temporal quiso
cambiarse en muchas ocasiones y, finalmente, la palabra
"protestante" por implicar connotaciones negativas
ya no aparece en los libros de la Iglesia. El término
episcopal, que significa obispo, viene a simbolizar
la dificultad que en un principio hubo en conseguir
obispos, así como el que estos son los supervisores
y responsables de que se mantengan la fe y el orden
eclesiásticos.
El 28 de julio de l789, 22 clérigos, incluyendo
a los obispos William White y Samuel Seabury, y dieciséis
seglares, se reunieron en la iglesia de Cristo en Philadelphia,
para celebrar la convención más importante
en la historia de la Iglesia Episcopal. El obispo White
fue el genio de la convención. Uno de los puntos
cardinales aprobados fue establecer una Iglesia libre
de toda autoridad civil. Habría total separación
entre Iglesia y estado. Este principio quedó
reflejado en la primera enmienda de la Constitución
de la nueva nación de Estados Unidos. En la convención
se adoptó una constitución, un código
canónico, se logró unidad en la Iglesia
y se autorizó el primer Libro de Oración
Común americano (1785), en cuyo prólogo
se afirma: "Esta Iglesia está muy lejos
de pretender separarse de la Iglesia de Inglaterra en
ningún punto esencial de doctrina, disciplina,
o culto, más allá de lo que exijan las
circunstancias locales".
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II. La falta de obispos
El mayor problema que tenía planteado la Iglesia
en las colonias americanas –antes de la independencia-
era la falta de obispos. Cualquier americano que deseara
ser ordenado tenía que cruzar el Atlántico
en ambas direcciones, a un coste que probablemente no
podría sufragar. En l760 una convención
de clérigos en Nueva York informó que
"uno de cada cinco que habían ido a recibir
las sagradas órdenes desde las colonias del norte
habían perecido en el intento; de cincuenta y
uno, diez se habían extraviado". América
necesitaba urgentemente obispos.
Es importante observar dónde residía
el punto crucial del asunto. En la Iglesia de Inglaterra
el obispo más que un siervo del Señor
era un funcionario del estado, un miembro de la Cámara
de los Lores, y como tal, recibía del gobierno
dinero, un palacio, carruaje y varios siervos. El obispo
no se consideraba un misionero.
Los mismos colonos americanos no querían a
esos obispos. Se habían acostumbrado a regir
los asuntos eclesiásticos mediante juntas parroquiales.
El gobierno inglés, con tantos otros problemas,
no quería ofender a los colonos y no mandaba
obispos.
Con la independencia lograda, los obispos americanos
no tenían que prestar lealtad al rey y estarían
libres para ejercer un ministerio pastoral. Pero era
necesario tener obispos y en ese momento no existían.
La iniciativa de conseguirlos partió de los
clérigos del estado de Connecticut. Ya en l783
se reunieron diez sacerdotes y escogieron como candidato
a Samuel Seabury (1729-1796), a quien enviaron a Londres
para que fuera consagrado de manos del arzobispo de
Cantórbery. Pero el arzobispo no podía
consagrar a nadie que no prestara juramento de lealtad
a la Casa de Hanover. Se recurrió a la Iglesia
Episcopal de Escocia, donde se había mantenido
la sucesión episcopal y además estaban
libres de la influencia política de Londres.
El 14 de noviembre de 1784 fue elevado al episcopado
el primer obispo americano.
No mucho después, la Iglesia de Inglaterra
dio los pasos pertinentes para aumentar su propio episcopado
y regularizar las operaciones en ultramar. En l786 fue
aprobada un acta "para capacitar al arzobispo de
Cantórbery para consagrar como obispos a personas
que sean vasallos o ciudadanos de países fuera
de los dominios de su Majestad". Esto todavía
podría hacerse sólo con licencia real,
pero ya no se "requería de ellos que prestaran
juramento de lealtad y supremacía". Al año
siguiente serían consagrados obispos tres sacerdotes
de mucho saber, el 4 de febrero de l789, William White,
fundador de la universidad de Pennsylvania, fue consagrado
obispo de Pennsylvania, y Samuel Provoost, regente de
la universidad del estado de Nueva York, obispo de Nueva
York. En l790, James Madison, presidente del Colegio
William and Mary, fue consagrado en Lambeth como
obispo de Virginia, con lo cual América contaba
con tres obispos de la sucesión inglesa y uno
de la escocesa. Volver
III. Las "Cuadrilaterales" de Chicago
y de Lambeth
Esas reuniones fueron el resultado de un movimiento
ecuménico de iglesias no-romanas en América,
en la última parte del siglo diecinueve. En otras
palabras, fueron un esfuerzo para promover relaciones
más estrechas dentro de la Comunión Anglicana
primero, y luego invitando a otras confesiones cristianas
a formar parte de este movimiento ecuménico cristiano.
William R. Huntington de Massachusets, en su libro
The Church-Idea, an Essay Towards Unity (1870),
sugirió los cuatro famosos principios anglicanos
y con ellos la posición de la Iglesia Episcopal
como el mejor punto de partida para una reconciliación.
Habrían de pasar dieciséis años
para que las ideas de Huntington empezaran a dar fruto.
En la Convención General de 1886, celebrada en
Chicago, la Cámara de los Obispos recibió
un documento firmado por más de mil cien firmas
de clérigos y tres mil de laicos, pidiendo que
se considerara el "asunto de la unión de
todos los cristianos". El resultado de esos esfuerzos
fue la Declaración relacionada con la unidad
cristiana, adoptada por la Cámara de los Obispos.
Decía el documento: "a todo el que le
concierna, y especialmente a nuestros hermanos los cristianos
de las diferentes confesiones en nuestro país",
los obispos declaran: "1. El verdadero deseo de
que la oración de nuestro Salvador de que todos
seamos uno se cumpla rápidamente. 2. Creemos
que todos los que han sido bautizados debidamente pertenecen
a la santa Iglesia Católica. 3. Que en todos
los asuntos humanos, esta Iglesia (Episcopal) está
dispuesta a superar o renunciar a todas las preferencias.
4. Que esta Iglesia (Episcopal) no pretende absorber
a ninguna otra confesión".
A continuación, declararon como depósito
esencial de la fe cristiana los siguientes principios:
- Las Sagradas Escrituras del Antiguo y Nuevo Testamentos,
como la palabra de Dios revelada.
- El credo niceno, como declaración suficiente
de la fe cristiana (Huntington incluía los
"credos primitivos").
- Los dos sacramentos, el Bautismo y la Eucaristía,
administrados con las indefectibles palabras de institución
de Cristo, y de otros elementos por él requeridos.
- El obispado histórico, adaptado localmente
a los métodos de su administración según
las varias necesidades de las naciones.
Se formó una Comisión para que llevara
este mensaje a todas las confesiones cristianas de este
país. Dos años después de la "Chicago
Quadrilateral", tuvo lugar la tercera conferencia
de Lambeth, en l888. El obispo Whipple de Minnesota
declaró en el sermón inaugural que "ninguna
rama de la Iglesia es absolutamente por sí misma
la Iglesia Católica; todas las ramas necesitan
la unión para completar la Iglesia". Antes
de que finalizara la sesión, los obispos presentes
votaron una Declaración casi idéntica
a la de Chicago. Los dos principios primeros fueron
corregidos ligeramente de esta manera:
- "Las Sagradas Escrituras del Antiguo y Nuevo
Testamentos, contienen todas las cosas necesarias
para salvarse, y son la regla y última norma
de fe".
- "El credo de los apóstoles es el símbolo
del Bautismo; y el credo niceno, es declaración
suficiente de la fe cristiana".
La Comisión para la unidad de la Iglesia
transmitió esta Declaración a dieciocho
confesiones cristianas. Sólo los presbiterianos
y los luteranos se dignaron responder. Para los presbiterianos
la dificultad residía en el cuarto principio.
Para ellos todos los sacerdotes son obispos. Para los
luteranos, el problema era doctrinal, afirmando que
el credo niceno era una declaración insuficiente
de la fe cristiana, porque no menciona los sacramentos.
La conferencia de Lambeth de l897 aprobó una
resolución reafirmando el compromiso por la unidad
e instando a todas las ramas de la Comunión Anglicana
a que rezaran y tuvieran reuniones con ese objetivo.
IV. La conferencia de Lambeth
La conferencia de Lambeth es el encuentro de todos
los obispos de la Comunión Anglicana, que se
reúne cada diez años para orar, consultar,
debatir y confraternizar a invitación del arzobispo
de Cantórbery. Toma el nombre del Palacio de
Lambeth, la residencia londinense del arzobispo desde
el siglo XIII, donde se celebraron a partir de l867
las diez primeras conferencias. Las tres últimas
de l978, l988 y 1998 se han celebrado en Cantórbery,
en la sede de la moderna universidad de Kent.
V. Los artículos de la religión de 1801
Estos 39 artículos, compuestos en su mayoría
por Thomas Cranmer no son ni un formulario de la fe
cristiana ni un credo. Son un sumario oficial del punto
de vista de la Iglesia con relación a ciertas
verdades discutidas en tiempo de la Reforma. Los artículos
no obligan en conciencia, son más bien un documento
histórico.
La Convención General de l801 decidió
incluir los artículos en el Libro de Oración
Común con algunas alteraciones y omisiones
efectuadas por el obispo White en la propuesta de l795.
La razón de esa tardanza refleja la aversión
de la Iglesia Episcopal a comprometerse con declaraciones
doctrinales. La experiencia de la Iglesia Católica
Romana nos ha precavido para ser cautos en afirmaciones
doctrinales tajantes.
Es propio de la iglesia romana el pronunciarse siempre
como poseedora y controladora de la verdad. Sin embargo
muchos casos, tenidos por "verdades" en el
pasado, "han cambiado" y ya "no son las
verdades que eran". Veamos algunos:
En l869 la Iglesia Católica Romana declaró,
en el concilio Vaticano I, que el papa -en ese tiempo
Pío IX- es infalible. Ese fue un error de tremendas
proporciones. En aquel tiempo la mayoría de los
obispos no sabían las barbaridades que los papas
habían cometido durante la historia. Las grandes
historias sobre el papado, como las de Pastor y Ranke,
no se habían escrito. Fue más tarde, cuando
el papa León XIII abrió los archivos del
Vaticano y permitió a los historiadores inspeccionar
documentos y encontrar en ellos toda clase de sorpresas.
El papa Virgilio fue excomulgado como hereje en el quinto
concilio ecuménico de Constantinopla en 553;
el papa Honorio I fue condenado en el sexto concilio
ecuménico de Constantinopla en 681, una condena
reafirmada por los concilios ecuménicos séptimo
y octavo, afirmada por el papa León II y por
papas posteriores. (Véase el libro Hans Küng
Infallible?). El conde Gregorio de Túsculo
consiguió que sus tres hijos fueran papas; en
l032, cuando ya no le quedaban más hijos, presentó
a un nieto de catorce años que fue coronado como
el papa Benedicto XI. ¿Quién puede creer que
un niño de catorce años es infalible?
La esclavitud fue aceptada como algo normal hasta
el siglo quince, en 1462, Pío II declaró
que era "un gran crimen".
Antes de Constantino el Grande la Iglesia era pacifista
y aborrecía la guerra según la frase "la
Iglesia aborrece la sangre". Pero luego la Iglesia
se convirtió en poderosa, tuvo ejércitos,
papas guerreros como Julio II cuyo ídolo militar
era Julio César. Los papas fueron los primeros
en promover las guerras de las cruzadas y prometían
el cielo a quien muriera en ellas. Sin embargo Pablo
VI, en octubre de l965, clamaría en las Naciones
Unidas: "¡No más guerra, no más guerra!".
La Iglesia ya no se proclama dueña de naciones,
como la absurda declaración del papa Gregorio
VII al escribir a los nobles de Francia, el 30 de abril
de 1073: "No se os oculta que el reino de España
fue desde antiguo de la jurisdición propia de
san Pedro, y aunque ocupado tanto tiempo por los paganos,
pertenece todavía por ley de justicia a la Sede
Apostólica solamente y no a otro mortal cualquiera".
¿No resulta esto ridículo?
Los papas persiguieron a los judíos, establecieron
la Inquisición, promovieron la tortura, quemaron
a personas por defender verdades que contradecían
a las del Vaticano. ¡Qué diría Jesús
de tanto barbarismo!
Por todo eso y mucho más, la Iglesia Anglicana
y Episcopal son tan flexibles en pronunciamientos doctrinales,
y no condenan a nadie por mantener otra opinión. Volver
VI. Absalom Jones
Absalom Jones
nació como esclavo en 1746, en Delaware. Aprendió
a leer por sí mismo con libros como el Nuevo
Testamento. A los veinte años se casó
con una esclava como él y lograron la libertad
comprándola con sus ahorros.
En l787, cristianos negros organizaron la Sociedad
de africanos libres, la primera organización
afro-americana, y Absalom y Richard Allen fueron nombrados
supervisores de la misma. En l792, la sociedad empezó
a edificar un templo que fue consagrado el 17 de julio
de l794. Solicitaron entrar en la diócesis episcopal
de Pennsylvania con las siguientes condiciones: 1, que
fueran recibidos como un cuerpo organizado; 2, que tuvieran
control de sus asuntos locales; 3, que Absalom fuera
licenciado como lector y, si tenía las suficientes
credenciales, fuera ordenado como ministro. En octubre
de l794 se recibió a la congregación con
el nombre de la "Iglesia episcopal africana de
santo Tomás". El obispo White ordenó
a Jones de diácono en l795 y de sacerdote en
l804.
Jones fue un fervoroso predicador. Denunció
la esclavitud, y amonestó a los opresores instándoles
a que "limpiaran sus manos de tener esclavos".
Para él, Dios era el Padre que siempre actuaba
"en favor de los oprimidos". Conocido como
"el obispo negro de la Iglesia Episcopal",
Jones fue un ejemplo de persistente fe en Dios y en
la Iglesia como instrumento divino.
VII. Una confesión de prestigio y comprometida
Durante la mayor parte de la historia de este país,
la Iglesia Episcopal ha ocupado un lugar prominente
en la aristocracia de la nación. Durante mucho
tiempo fue la confesión más rica, mejor
educada, y étnicamente la más homogénea.
A veces se la ha considerado como la clase regidora
de la nación. Ha dado a la nación 11
presidentes (entre ellos al primero, George Washington),
más que cualquier otra confesión cristiana.
Dos terceras partes de los que firmaron la Declaración
de Independencia eran anglicanos. La Iglesia ha ejercido
influencia sobre la vida política y social
de la nación durante unos 150 años.
En la segunda parte del siglo XX, la Iglesia Episcopal
decidió acercarse a las minorías y a la
mujer. La Iglesia luchó contra la discriminación
racial. En la Convención General de l976 se permitió
que la mujer pudiera ser ordenada sacerdote. En l989,
se consagraba a la primera mujer obispo. Otra revolución
decisiva fue la revisión del Libro de Oración
Común de l928 y la aprobación del
nuevo de l979. Una revisión, a todas luces necesaria,
siguiendo el profundo cambio litúrgico operado
en la Iglesia Católica Romana y en otras confesiones
cristianas.
VIII: El espíritu anglicano - episcopal
La Iglesia Episcopal es una continuación directa
del catolicismo primitivo y tradicional tal como se
ha heredado de Inglaterra en este país.
En sentido estricto se profesa una fe católica
y reformada. No se trata de una "fe anglicana"
ni de una "fe episcopal", sino de una actitud
y atmósfera anglicana-episcopal, dentro del espíritu
católico.
Mantenemos la misma fe que se profesó en los
primeros años del cristianismo, con un espíritu
más evangélico que el derivado de tiempos
medievales.
Mantenemos que la última y decisiva verdad
es mucho más profunda de lo que nuestras mentes
son capaces de captar. De ahí que sea necesario
permanecer siempre una actitud abierta, flexible, tolerante,
moderada, y comprensible.
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