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Historia de la Iglesia
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VERSIÓN
PARA IMPRIMIR ARTICULO  |
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por Isaías A. Rodríguez
NOTA: Esta Historia de la Iglesia es sólo un
resumen de la misma, apto para clases de formación de
líderes, y para un rápido repaso de los momentos más
importantes de la historia eclesiástica.
PRIMERA PARTE
La Edad Antigua (siglos I-VII)
La Iglesia en el mundo grecorromano
I. La Iglesia y los apóstoles
La Iglesia, como comunidad de salvación, nace en la
Pascua de Cristo, cuando él "pasa" de este mundo al
Padre (Jn 13,1). Cristo, surgiendo triunfante del sepulcro,
crea "la nueva humanidad" (Efe 2,15) con esperanza de
salvación. Pero el toque de consagración eclesial lo
recibirán los apóstoles el día de Pentecostés ante la
gran efusión carismática, "se llenaron del Espíritu
Santo" (Hch 2,4). Los apóstoles se lanzaron a todas
las partes del mundo, con el mensaje de una nueva comunidad
de amor. En poco tiempo se formaron grupos compactos
con un mismo sentir y vivir (Hch 4,32).
La comprensión del mensaje de Jesús y del misterio eclesial
resultó difícil desde el principio. Un problema que
empezó a preocupar a los apóstoles fue el de las conversiones.
El mensaje de Cristo, ¿era universal o particular? ¿Había
que bautizar a todos o sólo a los del pueblo judío?
Por otra parte, ¿era necesario que los gentiles se convirtieran
al judaísmo para hacerse cristianos, o no? Para resolver
la cuestión se convocó el concilio de Jerusalén (49d.C.).
Pedro, Pablo, Santiago y Juan se reúnen para discutir
el problema. Santiago, encargado de la comunidad de
Jerusalén, defendía a los judaizantes que abogaban por
que los gentiles pasaran antes por el judaísmo para
llegar al cristianismo. Pedro y Pablo estaban en contra
y prevaleció su opinión. Más aún, los judíos cristianos
no tenían que cumplir la ley mosaica.
El concilio de Jerusalén abrió las puertas a los apóstoles
para lanzarse, en afán misionero, a todas las partes
del mundo conocido. Pablo recorrió toda Asia Menor,
Grecia, y Roma. Pedro llegó a Roma. Juan se estableció
en Asia Menor, Tomás en la India, Bartolomé en Persia,
Felipe en Frigia, Mateo en Etiopía, Marcos en Alejandría.
Sin embargo esto no hay que aceptarlo a ciencia cierta;
las comunidades cristianas más pujantes, en los centros
más importantes, tenían a honor demostrar su origen
apostólico, pudiendo ser el motivo para atribuir su
presencia.
Ya desde los mismos orígenes se formó una jerarquía
eclesiástica que quedaba delineada de esta manera: apóstoles,
obispos, sacerdotes o presbíteros, y diáconos.
II. Las persecuciones
Los romanos eran tolerantes en materia religiosa. Permitían
a los pueblos sometidos practicar su fe religiosa. Pero
exigían a los cristianos adorar también a los dioses
romanos, sobre todo al emperador. Los cristianos rehusaban
lo uno y lo otro, por ello fueron acusados de traición
al Imperio y de ateísmo. Al celebrar los cristianos
la Eucaristía en secreto y en casas privadas se les
acusó fácilmente de inmoralidades horrorosas, incluso
de canibalismo.
Nerón (54-68). Al parecer con Nerón empezó la primera
persecución. Se acusó a los cristianos del incendio
de Roma. En esa persecución murieron Pedro y Pablo.
Desde este momento el cristianismo quedó prohibido por
el estado. A momentos de persecución seguían otros de
relativa calma.
Trajano (98-112). Durante su mandato, practicar el cristianismo
era un crimen.
Decio y Valerio también desataron persecuciones entre
los años 249-260.
Diocleciano (284-305). Condujo la última y más terrible
persecución. Exigió a todos los ciudadanos inmolar sacrificios.
Se buscaba a los cristianos. Algunos apostataban, otros
murieron por la fe. "La sangre de los cristianos es
la semilla de la Iglesia", dijo Tertuliano.
Constantino el Grande (306-337). En 313 publicó el Edicto
de Milán por el cual se concedía tolerancia a los cristianos,
se les devolvía la tierra usurpada durante las persecuciones
y en cierto modo se protegía al cristianismo. Cometió
el error del "cesaropapismo" o intromisión en los asuntos
eclesiásticos. Se bautizó al final de su vida. Conservó
el título de Pontífice Máximo. El paganismo permaneció
como religión oficial del estado.
Graciano (375-383). Renunció al título de Pontífice
Máximo. Privó al paganismo de todo apoyo estatal.
Teodosio I (379-395). En 380 bajo ley imperial, declaró
al cristianismo la religión oficial del Imperio romano
y prohibió los sacrificios paganos. La Iglesia ya no
era la comunidad pequeña de fervientes cristianos, sino
la religión del poderoso Imperio romano.
Las catacumbas. No fueron como se cree, lugares de refugio
durante las persecuciones, sino cementerios. Durante
la persecución de Diocleciano, los cristianos llenaron
las catacumbas de tierra para evitar la desacralización
de las tumbas. En los años 313-410 las catacumbas más
importantes fueron descubiertas, decoradas y usadas
como capillas. Los símbolos más importantes son: la
viña (Cristo), el buen Pastor (Cristo), el áncora (la
cruz), el pez (Cristo), la paloma (el Espíritu Santo),
el pavo real (la vida eterna), el cordero (Cristo),
etc. Desde el Saco de Roma por Alarico (410), hasta
los siglos VIII y IX, los cristianos abandonaron la
costumbre de enterrar en las catacumbas, por miedo a
que las destruyeran. Poco a poco se olvidaron de ellas
hasta que fueron redescubiertas en el siglo XVI por
arqueólogos romanos.
El cesaropapismo consistió en la intromisión de los
emperadores en el gobierno interno de la Iglesia. Imponían
su visión teológica sobre problemas doctrinales. Obligaban
a los clérigos a firmar fórmulas teológicas de acuerdo
a su opinión. Exiliaban a los obispos o los mataban
si no estaban de acuerdo.
III. Las herejías
Herejía es la negación voluntaria de una o varias afirmaciones
de la fe.
A. Primeras herejías:
1. Sincretismo: ideas paganas mezcladas con las cristianas.
2. Gnosticismo: uno se puede salvar mediante un conocimiento
místico especial de Dios. Ponían en peligro la obra
salvadora de Cristo. Mezclaban doctrinas paganas y judías
con cristianas. Eran dualistas.
3. Marcionismo: rechazó el A. Testamento, dijo que su
Dios no era el mismo que el del N. Testamento.
4. Montanismo: el fin del mundo está cerca. Hay que
prepararse con mucha penitencia. 5. Maniqueísmo: hay
dos principios creadores, uno bueno y otro malo.
B. Herejías disciplinarias:
1. Novacianismo: el que reniega de su fe no puede ser
perdonado aunque se arrepienta.
2. Donatismo: los sacramentos administrados por un obispo
o sacerdote en pecado mortal no son válidos.
3. Pelagianismo: negaban el pecado original. El hombre
sin la ayuda de la gracia divina puede salvarse.
C. Herejías cristológicas:
1. Arrianismo: Cristo no fue verdadero Dios, sino una
criatura especial de Dios. Contra Arrio, concilio Niceno,
325.
2. Nestorianismo: en Cristo hay dos personas: una divina
y otra humana. María fue madre de la humana. Contra
Nestorio, concilio de Efeso, 431.
3. Monofisismo: sólo hay una persona en Cristo pero
la naturaleza humana está diluida en la divina. Cristo
no era verdadero hombre. Concilio de Calcedonia, 451.
D. Los Padres de la Iglesia. Para ser reconocidos
como tales se requieren las siguientes características:
su doctrina no debe ofrecer duda sobre las verdades
de la fe, se debe haber distinguido por su santidad,
debe haber vivido en Occidente antes de la muerte de
san Gregorio el Grande (604) y en Oriente antes de san
Juan Damasceno (753), sus obras deben haber sido aceptadas
por la Iglesia. Algunos Padres reciben el título de
Doctores de la Iglesia por su especial actitud de educadores
en la fe.
1. Padres apostólicos: (70-150). Sus enseñanzas son
importantísimas pues estuvieron en contacto con los
mismos apóstoles o con sus discípulos.
a. San Clemente: Carta a los corintios.
b. San Ignacio de Antioquía: Carta a los romanos.
c. La Didajé, obra anónima pero de extraordinaria
importancia.
2. Apologistas: (s. II-III). Apología es una defensa
de algo o de alguien. Los apologistas defendían a los
cristianos y a la fe cristiana.
a. Cuadrato, Arístides, Traciano, Justino Mártir, Atenágoras,
Municio Félix, Meliton.
b. Los más importantes son san Irineo y Tertuliano.
3. La edad de oro de los Padres:
a. En Oriente se formaron dos escuelas importantes:
- Escuela de Alejandría (platonismo): santos: Eusebio
de Cesarea, Atanasio, Basilio, Gregorio de Nisa.
- Escuela de Antioquía (aristotelismo): el más importante,
san Juan Crisóstomo.
b. En Occidente no hubo escuelas. Los más importantes
son: san Jerónimo (347-419), san Ambrosio (340-397),
san Agustín (354-430), san Gregorio el Grande (590-604).
IV. La conversión de los bárbaros
A. Las invasiones de los bárbaros. Se llamaban
bárbaros a los pueblos germánicos y orientales que por
razones climáticas, por el incremento demográfico y
por su espíritu de aventura, se vieron obligados a invadir
toda Europa. Los pueblos más famosos fueron: los hunos,
los godos, los visigodos, los ostrogodos, los vándalos,
los francos, los lombardos. Las invasiones acaecieron
en los siglos V y VI; con esos pueblos y con todo el
cambio que supusieron se originó una época nueva en
la historia: la Edad Media.
B. Efectos de las invasiones para la Iglesia.
Los bárbaros no respetaban arte ni cultura alguna. Saqueaban
y destruían las iglesias. Algunos de estos pueblos habían
sido convertidos al cristianismo por un arriano, Ufilias
(311-383). Esto perjudicó en gran manera la conversión
de los pueblos. La Iglesia se vio en la responsabilidad
de salvar la cultura y de convertir a estos pueblos
bárbaros.
El papa León I el Grande (440-461) salvó a Roma en dos
ocasiones: la primera con motivo de la invasión de los
hunos (452) al acercarse Atila a Roma; la segunda con
la invasión de los vándalos, cuando se acercaron a la
ciudad al mando de Genserico (455), el papa le suplicó
que respetara las basílicas.
Estos hechos dieron pie al nacimiento del poder temporal
de los papas, apoyado por el pueblo ante las hazañas
logradas. Este papa estableció el principio de que el
poder espiritual está sobre el temporal. San Ambrosio
de Milán aclaró y difundió esta doctrina que adquiriría
su máxima influencia en los años de la Edad Media
C. El monacato. El monacato contribuyó en gran
manera a conservar la fe cristiana. En un principio
no estaba regulado por ley alguna, ni los monjes vivían
en comunidades. Se originó en el Oriente y era muy riguroso.
San Simón Estilita (459) se encadenó a una roca, cosa
que le prohibió su obispo. Pasó el resto de su vida
encaramado en una columna, a diez metros de altura.
San Antonio de Egipto (356) es el prototipo de la vida
monástica.
D. El cenobio monástico. Se vive en comunidad.
El verdadero fundador fue san Pacomio (290-345). Nació
en Egipto, fue superior de nueve monasterios y escribió
una regla para ellos. San Basilio el Grande (329-379)
llevó la vida monacal al máximo esplendor. Su regla
fue notable en moderación. Había equilibrio entre trabajo
y oración, y recomendaba el estudio de la Escritura.
Su regla sigue en pie hasta el presente.
E. El primer monacato occidental. San Jerónimo
y san Ambrosio fueron prontos exponentes de la vida
monástica. San Agustín fundó casas para hombres y mujeres
y les dio una regla.
En Francia, san Hilario, san Martín de Tours y san Casiano
dieron fuerte empuje a la vida monástica, aunque con
mucho sabor oriental que no se acomodaba al espíritu
de Occidente.
San Benito (480-547) fue el verdadero fundador del monacato
occidental. Nacido de buena familia, educado en Roma,
de joven decidió consagrar su vida a Dios. Famoso por
su piedad le siguieron muchos y pronto estableció el
primer monasterio en el lugar de un antiguo templo pagano,
Montecasino. Aquí compuso la gran regla. En el prólogo
escribió: "Debemos formar una escuela de servicio divino
en la cual no se establezca nada demasiado riguroso".
Los monasterios deberían mantenerse a sí mismos con
el trabajo.
F. Significado del monacato. Fue extraordinario,
pues aunque el fin primario de los monjes era su propia
salvación, las obras que realizaron de caridad y en
favor de la cultura fueron enormes. Con Casiodoro (475-570)
aparecen los escribanos que salvarían innumerables obras
transcribiéndolas. Pero tal vez la mayor gloria fuera
la conversión de toda Europa invadida por los bárbaros.
G. Conversión de Occidente.
1. Irlanda. San Patricio (385-461) nació en Inglaterra
y fue educado en el cristianismo. Irlanda fue el primer
pueblo en convertirse totalmente al cristianismo. Se
estableció un catolicismo austero y la vida monástica
se practicaba en todo rigor.
2. Italia. Teodorico reinaba entre los ostrogodos. Fueron
dominados por Justiniano (535) emperador de Bizancio.
Justiniano impuso su autoridad sobre el papa en muchas
ocasiones.
3. Norte de Africa. Los vándalos persiguieron y mataron
a casi todos los cristianos y ellos nunca se convirtieron
al cristianismo. Con el surgir del mahometismo, Africa
del Norte no conoció la conversión al cristianismo.
4. España. Reinaban los visigodos. Pero aquí la suerte
fue grande. Leovigildo, rey visigodo, empezó la persecución
religiosa en 584. Su hijo Hermenegildo se había convertido
al catolicismo; con todo, su padre lo mandó matar. Leovigildo
se arrepintió de su crimen. Recaredo, sucesor de Loevigildo
(589), movido por el valor y ejemplo de su hermano Hermenegildo,
abandonó la fe arriana y seguido de gran número de soldados
aceptó el cristianismo.
5. Francia. Reinaban sobre los francos Clodoveo, pagano,
y su mujer Clotilde, ya convertida al cristianismo.
En la batalla contra los "alemanes", Clodoveo suplica
al Dios de su esposa y obtiene la victoria. Es bautizado
en 496 por san Remigio. Clodoveo siguió con una vida
poco ejemplar. Por otra parte, quiso imponer el cristianismo
a la fuerza. Nombró obispos y abades que dejaban mucho
que desear.
6. Inglaterra. Se cree que el cristianismo llegó a Inglaterra
con las legiones romanas, porque para el año 314 tres
obispos británicos estuvieron presentes en el concilio
de Arlés celebrado en Francia. Hacia el año 410 las
legiones romanas se retiraron de Bretaña dejando campo
abierto a nuevos invasores, los sajones, los anglos
y los jutos. Estos arrollaron con la organización cristiana
y durante ciento cincuenta años la Iglesia británica
quedó casi destruida. Mas el cristianismo volvería a
revivir por obra de san Columbano, monje irlandés, quien
con doce compañeros desembarcó en una islita, llamada
Iona, al oeste de Escocia en 563. Allí erigió un monasterio
que se haría famoso como centro de santidad y alivio
de pobres y menesterosos. Siendo papa Gregorio el Grande
(590-604) envió a Inglaterra a san Agustín de Cantórbery
y a cuarenta monjes benedictinos, quienes realizaron
una labor misionera definitiva en favor del cristianismo.
7. Alemania. Los benedictinos ingleses jugaron un papel
decisivo en la conversión de Alemania. San Willibrord
convirtió la parte holandesa y san Wynfrith, conocido
por san Bonifacio (680-753), llevó a cabo la conversión
del país.
8. Europa del Este. Los pueblos eslavos fueron convertidos
por los santos Cirilo y Metodio: Polonia, Bulgaria y
Hungría.
SEGUNDA PARTE
La Edad Media (VII-XIII)
El tiempo del Sacro Imperio Romano y del clericalismo
I. El Imperio Carolingio
Carlomagno, a la muerte de su padre Pepino, se proclamó
rey de los francos (Francia). A los 26 años de edad
demostró una habilidad extraordinaria para gobernar.
Unió y consolidó pronto a toda la Europa Occidental
y Central. Fue sincero y devoto cristiano. Estableció
al papa como Señor de Roma.
El año 800, durante la misa de Navidad, el papa León
III coronó a Carlomagno mientras la gente gritaba: "Viva
Carlomagno, el grande y pacífico emperador de los romanos,
coronado de Dios". Carlomagno fue un gran defensor de
la causa cristiana y también se interesó por la cultura.
Decretó que toda catedral y todo monasterio debían tener
una escuela adjunta y abierta, no sólo para los sacerdotes
sino para todo el público. Alcuino fue el escritor más
famoso de este movimiento cultural.
Con Luis el Pío (814-840) el Imperio fue a la ruina.
II. El feudalismo
Durante los siglos IX y X nuevas invasiones: el Islam.
Apenas nadie durará de la fuerza expansiva del islamismo.
Nació entre las tribus árabes, que hasta entonces (hacia
el 600 d.C) habían vivido en el politeísmo. Tal vez
hubieran abrazado la fe cristiana, que había llegado
ya hasta sus fronteras; pero por estos años apareció
Mahoma (Mohamed), oriundo de La Meca, en Arabia. Mahoma
se basa en las visiones que había recibido, en una cueva
próxima, nada menos que del mismo Dios (Alah). Éstas
lo persuadieron de que él mismo era "el sello de los
profetas", el que culminaría definitivamente las revelaciones
de Dios desde Abrahán hasta Jesús.
El meollo de su doctrina está en la absoluta unidad,
la unicidad y el poder de Dios. El libro en que consignó
sus revelaciones se llama Corán, que se considera como
literalmente dictado por Dios. Los deberes religiosos
del Islam son: 1. Reconocer a Alah como único Dios.
2. Recitar cinco veces al día una oración en dirección
a La Meca. 3. Dar determinada limosna a los pobres.
4. Ayunar durante el mes de Ramadán desde la salida
a la puesta del sol. 5. Hacer una peregrinación a La
Meca por lo menos una vez en la vida. La música y las
imágenes están prohibidas en el culto. El deber de la
guerra santa no incumbe al musulmán particular, sino
a la comunidad, si la situación lo exige. El que muere
en la guerra santa va derecho al paraíso. Las otras
personas buenas entran en él al fin de los tiempos.
El año 622 marca el comienzo de la era musulmana.
Puesto que el gobierno imperial se encontraba impotente
para proteger y ayudar en medio de tanta invasión bárbara
y árabe, la gente recurría al noble local. Así surgió
el "feudalismo". La gente donaba sus bienes a los nobles
a cambio de protección.
III. El feudalismo en la Iglesia
Muchos monasterios se refugiaron en la protección de
los nobles. El noble se convirtió en dueño del monasterio
con influencia perniciosa a la hora de nombrar superiores
y abades. Los abades se ocuparon de enriquecer a los
monasterios y olvidaron la vida monacal. La inmoralidad
creció.
Todavía fue peor la decadencia de los obispos. Reyes
y nobles nombraban obispos según su conveniencia; incluso
los investían en su oficio a pesar de que la ley eclesiástica
expresamente lo prohibía y establecía que los obispos
debían ser elegidos por los sacerdotes de la catedral.
Así sucedió que muchos obispos se dedicaban más a asuntos
políticos que a religiosos. Todos cuanto ambicionaban
un episcopado prometían de antemano cosas indignas o
injustas, o bien lo compraban sencillamente a precio
de oro. Esto era tan ordinario, que solía hacerse notarialmente,
sin el menor escrúpulo. Así vemos que en 1040, viviendo
todavía el obispo Amiel de Albi, un tal Guillermo aspira
a esta sede para cuando el obispo muera; el vizconde
Bernardo accede a la petición y levanta acta notarial,
entregándole el obispado a cambio de 5.000 sueldos de
oro, de tal forma que Guillermo lo posea durante su
vida, ora reciba él la consagración episcopal ora haga
que se consagre otro en su lugar. De hecho sabemos que
Guillermo llegó a ser obispo de Albi. De su sucesor,
Frotard, consta que pagó por el mismo obispado quince
caballos de gran precio.
El obispo que así entraba en la diócesis se endeudaba,
y para pagar a su acreedor vendía curatos, diaconías
y demás beneficios, al mejor postor, y exigía cantidades
injustas de dinero por conferir las órdenes sagradas,
administrar los sacramentos, etc.; y aun se atrevía
a vender tablas de pinturas, cruces, relicarios, cálices,
patenas y otros objetos de culto. El resultado era una
cadena interminable de pecados de simonía.
Lo mismo sucedió en las parroquias. La mayoría de las
iglesias rurales eran de fundación privada y, por consiguiente,
propiedad de un señor, el cual designaba el sacerdote
que debía vivir a su servicio en aquella posesión. Así
aparecieron sacerdotes sin preparación ni vocación.
Este era el mal conocido con el nombre de la investidura,
que estaba relacionado, como se ha indicado, con la
simonía.
IV. El papado
La decadencia llegó al papado. Nicolás I (858-867) fue
el último papa digno de su cargo. Después de él, las
familias nobles de Roma se peleaban por el cargo. Las
familias más famosas fueron: los teofilactos, los crescencios,
los tusculanos, los frangipani, los pierleoni. Entre
867-1048 nueve papas, de los cuarenta y cuatro que reinaron,
murieron violentamente. Muchos papas fueron hombres
inmorales. Algunos de ellos, elegidos como tales en
edad juvenil, carecían de espíritu religioso y eclesial.
Así que se dieron asesinatos, hijos ilegítimos de papas
que llegaban a ser papas, como el papa Juan XI, hijo
ilegítimo del papa Sergio III.
En vez de entrar en detalles será mejor citar lo que
el historiador Villoslada escribe al iniciar la historia
del siglo décimo. "Al llegar al año 900, el analista
Baronio no sabe cómo designar al siglo X, siglo de barbarie
entronizada en la ciudad civilizadora del mundo, siglo
de torpezas y crímenes, de calamidades y miserias, de
horror y desolación, y lo califica de Saeculum ferreum
(siglo de hierro), por su aspereza y esterilidad; plumbeum
(de plomo), por la deformidad de sus males. Y Pagi no
acierta a ponderar los vicios de aquella edad, la decadencia
universal de los monasterios y la falta de santos y
varones ilustres".
El papa Juan XII (955-964) llevó el papado a la mayor
decadencia. Tenía 18 años cuando asumió el cargo. Para
librarse de sus muchos enemigos se buscó un protector
en el rey de Alemania, Otón I, nombrándole emperador
romano. Sin embargo el papa le traiciona buscando ayuda
en húngaros y griegos para que expulsaran a Otón del
suelo italiano. El emperador va a Roma, y mientras el
papa huye a Tívoli, un sínodo romano presidido por el
emperador juzga y depone a Juan XII (963). Un testigo
presente en el juicio ha consignando todos los crímenes
de que acusaron al papa: celebrar la misa sin comunión,
ordenar a destiempo y en una cuadra de caballos, consagrar
simoníacamente a algunos obispos y a uno de edad de
diez años; otros sacrilegios: hacer de su palacio un
lupanar a fuerza de adulterios, dedicarse a la caza,
haber cometido la castración y asesinato de un cardenal,
haber producido incendios armado de espada y yelmo,
beber vino a la salud del diablo, invocar en el juego
a dioses paganos, no celebrar maitines ni horas canónicas,
no hacer la señal de la cruz. El historiador Villoslada
apunta, "no vayamos a creer ingenuamente todas estas
acusaciones".
Otón I prometió que en el futuro todo papa debía ser
elegido con su consentimiento. Los ciudadanos romanos
estaban furiosos con semejante intrusión, ya que en
el pasado el clero y el pueblo de Roma habían elegido
a obispos y a papas a su antojo.
En general, los papas y los emperadores se dieron la
mano una y otra vez para asegurarse mutuamente el poder.
Esto sucedió no sólo en el siglo de hierro, sino a través
de toda la historia.
Tan oscuro estaba el panorama espiritual que al acercarse
el año 1000 cundió entre la gente la idea de que el
fin del mundo estaba marcado por ese año. Apareció el
milenarismo.
V. La reforma medieval
En 910 el abad Beno fundó un monasterio en Cluny (Francia)
bajo la protección del duque Guillermo de Aquitania.
Cluny estaba libre de toda autoridad seglar. El abad
tenía pleno poder en el monasterio. La regla de san
Benito se practicaba fielmente. La vida religiosa floreció.
Otros monasterios se sometieron fielmente al liderazgo
de Cluny. Cluny fue un centro cultural y artístico de
primer orden.
Puntos que deseaban reformar. La simonía, el casamiento
de clérigos, la investidura.
VI. La reforma del papado
Con el papa san León IX (1049-1054) llegó de nuevo la
dignidad al papado. Se rodeó de hombres expertos y responsables
que le ayudaran a reformar la Iglesia. Su sucesor, Nicolás
II (1059-1061), siguió el ejemplo y estableció que sólo
el Colegio Cardenalicio podría nombrar papa. Esto resultaba
una novedad con relación a tiempos anteriores.
El papa Gregorio VII (1073), antes, monje Hildebrando,
fue tal vez, el más enérgico reformador. Fue nombrado
por aclamación del pueblo y aprobado como papa por los
cardenales. En el período de dos meses fue ordenado
sacerdote, consagrado obispo y elevado al papado. En
ese momento el espectáculo que presentaba la Iglesia
occidental era lamentable. Se propuso terminar con la
simonía, la investidura y establecer el celibato sacerdotal.
Papas anteriores habían intentado estas reformas pero
no lo habían conseguido. Gregorio VII logró algunas
de ellas. En el asunto del celibato encontró la oposición
del clero. Tan arraigada estaba la práctica del matrimonio
de los sacerdotes que, cuando el papa promulgó un decreto
queriendo establecer el celibato, los sacerdotes bramaron
de coraje contra el decreto del papa, acusando a éste
de hereje, pues iba claramente contra las palabras del
Señor: "No todos son capaces de ello" (Mt 19,11), y
contra las del Apóstol: "Mejor es casarse que abrasarse"
(1 Cor 7,9), y alegaban que antes abandonarían el sacerdocio
que el matrimonio.
Con relación a la investidura convocó un concilio en
Roma en febrero de 1075 y, después de excomulgar a varios
obispos, declaró: "Cualquiera que en lo sucesivo reciba
un obispado o abadía de mano de una persona seglar no
será tenido por obispo o abad. Perderá la gracia de
san Pedro y no podrá entrar en el templo. Igualmente,
si un emperador, duque o marqués, conde o cualquier
otra autoridad osare dar la investidura de un obispado
o de otra dignidad eclesiástica, sepa que incurre en
idénticas penas".
Esto suponía enfrentarse a todos los que esclavizaban
a la Iglesia y especialmente a Enrique IV de Alemania,
emperador a quien excomulgó por haber depuesto al legítimo
obispo de Milán." El emperador pidió perdón y se le
otorgó, pero la actitud de éste no cambió. El papa lo
excomulgó de nuevo en l080. Enrique vino con un ejército
a Roma, capturó al papa y lo llevó al exilio, donde
murió en l085.
Muertos Gregorio VII y Enrique IV, la lucha continuó,
pero en 1122, cansados de tanta pelea, se llegó al Concordato
de Worms, firmado por el emperador Enrique V y el papa
Calisto II. La controversia de las investiduras quedó
resuelta así: los obispos serían elegidos por los sacerdotes
de la catedral; el emperador podía estar presente en
las elecciones pero sin tomar parte.
VII. El cisma oriental
Hasta el presente, la Iglesia había superado, más o
menos, todos los males derivados de las invasiones bárbaras
y del feudalismo. Pero apareció un problema tal vez
mayor: el cisma oriental. La separación entre la Iglesia
de Occidente y la que crecía a la sombra de Bizancio.
Causas del cisma:
1. a. El imperio romano en Oriente no había caído
aún y por ello ejercía rígido control sobre la Iglesia.
b. Las relaciones entre el papa y el emperador no eran
cordiales, y empeoraron cuando el papa coronó a Carlomagno
(800).
c. Los emperadores de Oriente intervenían en asuntos
estrictamente espirituales y obligaban al papa a aceptar
sus decisiones.
2. Los bizantinos, de ascendencia principalmente
griega, tenían una cultura muy elevada, consideraban
a los occidentales como bárbaros y renunciaban a obedecer
al papa.
3. Principales diferencias en la práctica religiosa:
en Oriente usaban el griego en la misa, en Occidente
el latín. En Oriente los sacerdotes podían casarse,
etc.
4. La causa próxima y última del cisma: en el
siglo noveno el emperador bizantino Bardas destituyó
al patriarca de Constantinopla y nombró en su lugar
a un cierto Focio (867). El papa rechazó el nombramiento.
El emperador convocó un concilio y excomulgó al papa.
Sin embargo, la ruptura final no llegaría hasta el siglo
XI con Miguel Cerulario (1043-1054). Las causas de la
ruptura final -además de las apuntadas- no se conocen
con certeza, pero se sabe que rechazaba algunas prácticas
de la Iglesia Occidental como el uso del pan sin levadura
para la eucaristía.
VIII. El iconoclasmo
El emperador Oriental León II (717-740) probablemente
bajo la influencia musulmana, determinó que la veneración
de las estatuas y del arte religioso era pecado. Así
empezó la destrucción de las imágenes sagradas. San
Juan Damasceno fue quien más luchó en favor de la veneración
de las imágenes. Trató de resolverse la cuestión en
el concilio de Nicea II (787), declarando al iconoclasmo
una herejía, pero sólo en el concilio de Constantinopla
(843) se dio fin a la persecución de las imágenes.
IX. La práctica espiritual
El período que va del siglo XI al XIV determina en líneas
generales la Iglesia moderna.
A. Sacramentos:
1. El bautismo. Se abandona la práctica de inmersión,
a favor de la aspersión y del uso de las pequeñas fuentes.
2. La comunión. No se da a los recién bautizados como
se hacía antes. El sacramento se recibía pero no con
tanta frecuencia como antes. El concilio Laterano 1215
obligó a comulgar por lo menos una vez al año, so pena
de excomunión. Se desarrolla la adoración a la eucaristía,
la costumbre de reservar la hostia en el tabernáculo,
las procesiones, etc.
3. La confesión. El concilio Laterano decreta que los
sacerdotes deben guardar el secreto de confesión y obliga
a los fieles a confesar al menos una vez al año.
Se incrementan las penitencias, ayunos, flagelaciones
y peregrinaciones. En el siglo XIII se extendió tanto
la costumbre de dar indulgencias que el papa Inocencio
III privó a los obispos del derecho de dar indulgencia
plenaria, reservándolo a la Santa Sede.
El primer año santo fue proclamado por Bonifacio VIII
en 1300 cuando se prometió indulgencia plenaria a todos
los que visitaran la Ciudad Eterna y cumplieran las
condiciones prescritas.
4. El matrimonio. Tomó la forma actual y se formularon
los impedimentos.
B. La Virgen María. Gran florecimiento de la
devoción mariana. Se levantan iglesias en su nombre,
se hacen peregrinaciones a santuarios. Los carmelitas,
franciscanos, los dominicos, propagaron la devoción
mariana. San Bernardo de Claraval y san Buenaventura
desarrollaron la teología mariana.
C. El papado. Desde tiempo inmemorial habían
sido elegidos por los clérigos con el consentimiento
del pueblo y los nobles. En los siglos VII y VIII la
aristocracia romana comenzó a intervenir y a imponer
candidatos según sus intereses. Para terminar con esos
abusos el papa Nicolás II determinó en 1059 que los
papas serían elegidos exclusivamente por el Colegio
de Cardenales, compuesto de obispos, sacerdotes titulares
y diáconos.
X. Las cruzadas
El período que va de finales del siglo XI a finales
del siglo XIII es conocido como el período de las cruzadas.
También se conoce a estos siglos con el nombre de la
Alta Edad Media y es cuando esta época de la historia
llegó a su apogeo.
Las cruzadas fueron movimientos religiosos y militares,
iniciados por los papas para recobrar la Tierra Santa.
Se prometieron beneficios a cuantos tomaran parte en
las "peregrinaciones". Se dieron muchos abusos humanos
por parte de los cruzados, contagiados, de egoísmo,
de lujuria, de afán de gloria.
La idea de las cruzadas tuvo su origen en España, cuando
los cristianos de esos reinos, empezaron a utilizar
esta idea como medio para expulsar a los moros. Los
papas invitaban a los caballeros de Europa y concedían
indulgencias si participaban en la liberación de la
península.
El 18 de noviembre de l095 el papa Urbano II anunció
en el concilio de Clermont en Francia una cruzada contra
los turcos que, además de ocupar la Tierra Santa, ponían
en serio peligro el Imperio Bizantino. La respuesta
del pueblo fue enorme: "Dios lo quiere". Se armaron
de emblemas con la señal de la cruz y se lanzaron en
incontrolada aventura personas de toda clase y, sin
preparación. Fueron aplastados por los turcos.
En 1096 partió la primera cruzada organizada, bajo el
comando de cinco barones procedentes de Flandes, Francia,
Normandía, Toulouse-Francia e Italia. Debían reunirse
en Constantinopla. El emperador Alexio I los recibió
con alegría, aunque no sin cierto temor debido al ingente
número de cruzados. Les hizo prometer que si recuperaban
las tierras usurpadas a su imperio por los musulmanes,
se las devolverían a él.
Después de enormes peripecias, los ejércitos llegaron
por fin a Jerusalén, cercaron la ciudad durante 39 días,
hasta que finalmente cayó en el asalto, el 15 de julio
de 1099. Se había recuperado la Ciudad Santa, perdida
bajo el emperador bizantino Heraclio en el siglo VII.
Los cruzados mataron a musulmanes y judíos que se hallaban
en la ciudad. Se estableció el reino de Jerusalén con
régimen feudal.
Aparecen las órdenes militares: templarios, hospitalarios,
caballeros teutónicos.
El gran predicador de la segunda cruzada (1146) fue
san Bernardo de Claraval, una de las figuras más grandes
del siglo XII, que dominó a la Iglesia y al estado desde
su monasterio cisterciense y fue consejero de reyes
y papas, y árbitro de la paz europea. Esta cruzada fue
un desastre, por falta de entendimiento y planificación.
El rey turco Saladín, proclamó a su vez una guerra santa
contra los cristianos y reconquistó Jerusalén (1187).
Los reyes europeos se levantaron para reconquistar la
Ciudad Santa. Esta tercera cruzada (1187) recibió el
nombre de "cruzada de los reyes", pero fue un fracaso
total. El rey Federico Barbarrosa de Alemania, murió
antes de llegar, ahogado en una corriente de agua. Felipe
II de Francia y el inglés Ricardo Corazón de León de
Inglaterra eran enemigos y no pudieron entenderse.
Los cruzados de la cuarta cruzada fueron a conquistar
Constantinopla (1204); establecieron el "reino latino".
Se intentó reconciliar a Oriente con Occidente, pero
los cruzados trataron mal a los orientales, con ello
incrementaron el odio hacia Occidente cuando los griegos
reconquistaron Constantinopla en 1261.
La quinta cruzada de 1215 fue otro desastre. En la sexta
y séptima cruzadas, a pesar de ser dirigidas por san
Luís de Francia, no se conquistó nada. El movimiento
de las cruzadas acabó definitivamente en 1291.
Las cruzadas fueron un desastre militar. Fueron en su
momento, un testimonio de la fe y del celo religioso
de Europa. Hoy las vemos bajo diferente perspectiva
y no andamos muy a favor de ellas.
Algunas lumbreras de la Edad Media: santo Domingo de
Guzmán (1210), español, fundador de la orden de los
dominicos. San Francisco de Asís (1182) fundador de
los Hermanos Menores (1210). San Buenaventura (1221-1274),
titulado "Doctor seraficus". San Alberto Magno (1193-1280),
"Doctor universalis". Santo Tomás de Aquino (1225-1274),
"Doctor angelicus". Dante Alighieri (1265-1321), escritor
de "La Divina Comedia".
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TERCERA PARTE
La Edad Nueva (XIV-XVII)
La Iglesia en los siglos de las reformas y de los grandes
descubrimientos
La Edad Media concluye con el siglo XIII. La Edad Nueva
está marcada por el nacionalismo, el subjetivismo y
el laicismo.
I. Cambios de épocas
Europa pasó por años de transición en los siglos XIV
y XV. El orden medieval se desmoronó. La Iglesia entró
en crisis y decadencia.
A. Cambios económicos. La economía medieval era agraria.
En el siglo XIV el comercio adquiere importancia capital.
El dinero -oro y plata- se hace indispensable. La riqueza
medieval, con base en la tierra, se resquebrajó. La
Iglesia sufrió el cambio y hubo de buscar nuevos rumbos.
Aparece el capitalismo.
B. Cambios sociales. La guerra de los Cien Años entre
Inglaterra y Francia. La Peste Negra (1348-1350) aniquiló
a más de 40 millones de personas, entre ellas a muchos
sacerdotes que fueron reemplazados por candidatos con
deficiente formación. Aparece la clase burguesa o media
y hombres de dinero que deseaban desbancar a nobles
y clérigos de su posición social.
C. Cambios intelectuales. La escolástica medieval entra
en decadencia. El Nominalismo (Guillermo de Ockam) afirma
que entre la fe y la razón hay contradicciones y así
hizo temblar el fundamento intelectual de la fe. El
liderazgo intelectual cambia de rumbo, pasa del clero
a la clase media. Los estudios sagrados dan paso a otros
más "prácticos".
D. Cambios políticos. Cae el feudalismo como sistema
de gobierno. Ya no son los nobles sino el monarca quien
controla el poder. El monarca poco a poco se libera
de las intrusiones papales en la política. Aparecen
los nacionalismos. La gente empieza a considerarse "francesa",
"alemana", "inglesa", "española", en vez de cristiana
que vive en esos países.
Todos estos cambios supusieron una crisis para la Iglesia.
II. Bonifacio VIII y Felipe IV (el Hermoso) de Francia
Bonifacio VIII (1294-1303) papa arrogante y testarudo,
se empeñó en mantener el poder temporal papal. Felipe
IV el Hermoso, en guerra contra Inglaterra, necesitaba
dinero; exigió impuestos a los clérigos. Bonifacio publicó
la bula Clericis laicos por la cual determinaba
que pagar tales impuestos -ilegales según la ley eclesiástica-
sería incurrir en excomunión. El rey prohibió sacar
dinero de Francia, con ello privaba al papa de ayuda
financiera. El papa cedió a los impuestos. La pelea
continuó hasta la muerte del papa en l303.
Felipe IV triunfó en sus propósitos gracias a los siguientes
papas: Bendicto XI (1303-1304) y sobre todo con Clemente
V (1305-14), francés; éste último permitió al rey defenderse
y acusar injustamente a Bonifacio VIII. Todavía peor,
Clemente permitió al rey suprimir la orden de los Caballeros
Templarios y adueñarse de todas sus posesiones sin causa
justificada. El poder papal se debilitó en gran manera.
III. Los papas de Aviñón
De l309-l376 los papas residieron en Aviñón, Francia.
La razón de ello fue doble:
A. Después de Bonifacio VIII los cardenales fueron en
mayoría franceses. Todos los papas prefirieron residir
en su patria.
B. Desde 1303 los nobles de Roma pusieron la ciudad
en estado caótico. En 1347, Cola di Rienzo establece
allí una república. Vivir en Roma era peligroso para
los papas.
En esta época, el gobierno de los papas cambió de rumbo.
Perdió en democracia y ganó en dictadura. Los papas
nombraban los obispos, abandonando el sistema antiguo.
Inglaterra trató de resistir el cambio. Los obispos
debían pagar al papado un tercio del recaudo anual;
carga que recaía en el pueblo.
Entre los papas de Aviñón hubo de todo, hasta dos beatificados.
Pero el papado decayó. Se criticaba sobre todo el que
el dinero enviado a Aviñón se malgastaba en lujo. J.
Michelet ha escrito: "Las finanzas lo llenaban todo.
Eran el alfa y el omega de la administración romana.
En resumidas cuentas, es la historia no tanto de un
pontificado o de una soberanía cuanto de una casa de
comercio". Santa Brígida de Suecia y Santa Catalina
de Siena, Italia, claramente recordaron a los papas
que debían volver a Roma.
En l353 el papa Inocencio VI envió al cardenal Albornoz
a Italia para establecer el orden. Gregorio XI entró
en Roma en enero de 1377, dando fin al papado de Aviñón.
IV. El cisma de Occidente
A la muerte de Gregorio XI, los cardenales, en su mayoría
franceses, eligieron a Bartolomeo Prignamo. La gente
había suplicado y exigido un papa italiano. Bartolomeo
tomó el nombre de Urbano VI el 18 de abril de l378.
Urbano la emprendió contra los cardenales, haciéndoles
la vida imposible. Por ello, los cardenales se reunieron
de nuevo en Anagni, declararon inválido su nombramiento
y eligieron a Clemente VII, que decidió residir en Aviñón.
La Iglesia estaba dividida. Dos papas con cardenales,
obispos y clérigos nombrados de cada lado. Inglaterra,
Alemania, Italia iban con el italiano. Francia, Escocia
y España con el de Aviñón.
La universidad de París, entre otras soluciones, sugirió
que un concilio podría resolver la cuestión. Los cardenales
de los dos papas se reunieron en Pisa, Italia, en 1409
y eligieron a Alejandro V. Pero esto sólo sirvió para
que se formaran no ya dos, sino tres papas. Uno en Roma,
otro en Aviñón, y otro en Pisa.
El concilio de Costanza (1414-18) zanjó el asunto. Convocado
bajo la protección del emperador Segismundo, depusieron
al papa pisano Juan XXIII, y al de Aviñón, Benedicto
XIII. Permitieron al de Roma convocar oficialmente el
concilio y para luego renunciar al cargo. Eligieron
a Martín V en 1417. El primer papa en 39 años reconocido
por toda la Iglesia.
V. El conciliarismo
En 1324 Marsilio de Padua defendió la teoría de que
un concilio está sobre la autoridad del papa y que sólo
el concilio puede definir las verdaderas enseñanzas
de la Iglesia. Esta teoría se vio reforzada por el cisma
de Occidente, por el descrédito de los papas, y por
el hecho de que un concilio tuviera que resolver la
cuestión del cisma. El papa Martín V se opuso enérgicamente
a tal teoría.
VI. El Renacimiento
La primera época de la Edad Nueva va de la muerte de
Bonifacio VIII, en el año 1303 al 1545, con la apertura
del concilio de Trento.
El Renacimiento significa un volver al mundo clásico
de las artes y de las letras, un redescubrir el mundo
fascinante de Grecia y de Roma. El Renacimiento da énfasis
al goce y placer de esta vida con desplazamiento de
los bienes espirituales.
A. El Renacimiento en la Iglesia. Los papas se convirtieron
en mecenas del arte y de la literatura. Rafael, Leonardo
da Vinci, Miguel Ángel, todos pusieron su talento al
servicio de los papas. Humanistas como Tomás Moro y
Erasmo de Rotterdam, con perfecto conocimiento del griego
y del latín, ofrecieron espléndidas traducciones del
Nuevo Testamento y de las obras de los Padres de la
Iglesia.
B. El reinado de los papas del Renacimiento va de 1447
al 1517. Liderazgo espiritual muy pobre. Fueron buenos
políticos, pero frívolos y amantes del placer. La corte
papal no se diferenciaba mucho de cualquier otra corte
real. Algunos fueron inmorales. Así decayó el prestigio
papal. Se sirvieron de simonía para enriquecer
a sus familias; de nepotismo, dando cargos a
familiares; de comendaciones, nombrando a alguien
para un oficio antes de tener la edad correspondiente;
de pluriempleo, siendo obispo de cuatro o más
diócesis, con el resultado de ausentismo de obligaciones;
algunos obispos no visitaron nunca su diócesis pero
sí recogían sus derechos monetarios.
C. Administración anárquica. La reforma gregoriana centralizó
el poder papal. Mientras los papas fueron responsables
se obtuvieron óptimos resultados, pero durante el cisma
de Occidente la administración papal fue desastrosa
y así continuó. Los obispos no podían controlar sus
diócesis. En los monasterios, congregaciones y prioratos,
exentos de supervisión, se dieron muchos abusos. Los
seglares nombraban sus propios pastores que se negaban
a obedecer al obispo. Los mismos problemas sufrieron
las órdenes monásticas. Se independizaban de la supervisión
del general de la orden. Hasta tenían abades seglares,
que no se interesaban de la vida espiritual.
D. Criticas. Erasmo criticó la vida frívola y superficial
de los clérigos. Pero más famoso es el caso de Savonarola
(1452-1498), monje dominico que denunció la vida mundana
de los clérigos y seglares de Florencia, Italia. Tomó
el poder de la ciudad y trató de gobernarla con mano
dura. Pero exageró, pues prohibió hasta diversiones
sanas. Animaba a los niños a espiar a sus padres. Se
metió en cuestiones con el papa. En 1498 el fanático
Savonarola fue quemado en la plaza de la Signoría de
Florencia. Fue, sin embargo, un intento de corregir
las malas costumbres.
VII. La Reforma protestante
Causas:
A. Intelectuales. La Iglesia no controlaba ya ni las
mentes ni los espíritus de los cristianos. El secularismo
se había extendido. La gente se interesaba más por asuntos
de este mundo que por los del otro. La invención de
la imprenta favoreció la rápida difusión de ideas liberales.
B. Políticas. Los príncipes favorecían la reforma de
la Iglesia para debilitar el poder del papa.
C. Económicas. La Iglesia era rica, los reinos pobres,
favoreciendo la reforma encontraban arma fácil para
confiscar los bienes a la Iglesia.
D. Sociales. La clase burguesa resentía el apoyo que
la Iglesia ofrecía a los nobles. Con la reforma y nuevas
religiones, encontraban alivio y campo abierto para
su vida y acababan con las prohibiciones de acumular
riquezas.
E. Religiosas. El prestigio clerical, incluido el papal,
estaba minado. Los reformadores denunciaban los abusos
e incluso las enseñanzas de la Iglesia. La gente los
oía y seguía.
VIII. Martín Lutero (1483-1546)
Sacerdote agustino, con problemas espirituales, rompió
con la Iglesia debido, entre otras cosas, a la cuestión
de las indulgencias. En octubre 31 de 1517 colocó en
la puerta de la iglesia de Wittenberg sus 95 famosas
tesis.
El papa León X estaba muy ocupado con la construcción
de la basílica de san Pedro (por eso, el papa había
acentuado la predicación de las indulgencias, para recaudar
dinero necesario para la construcción). Al principio,
el papa no prestó interés al fraile, pero en 1520 el
papa publicó la encíclica Exurge Domine en la
que condenaba la doctrina de Lutero y le daba sesenta
días para retractarse. Como no lo hiciera, en abril
de 1521 fue excomulgado.
La doctrina de Lutero puede resumirse en los siguientes
puntos: 1. La salvación se logra sólo por la fe. 2.
La Iglesia carece de autoridad; es sólo una sociedad
libre de creyentes. 3. Sólo la Biblia es norma de fe.
4. Sólo el Bautismo y la Comunión fueron instituidos
por Cristo. 5. El monacato y el celibato son un mal.
6. El estado debe proteger a la Iglesia.
En pocos años el luteranismo se extendió por Dinamarca,
Suecia y Noruega.
IX. Juan Calvino (1509-1564)
Suizo, de temperamento más frío y lógico que el de Lutero.
De educación católica desde su infancia, pero con ideas
infiltradas ya del luteranismo. En 1536 publicó Las
instituciones de la religión cristiana. No sólo
se salva uno por la fe, sino que la fe es un don divino
otorgado solamente a algunos. El ser humano no puede
hacer nada para salvarse o condenarse.
Fue más estricto que Lutero en la interpretación de
la Biblia. Los sacramentos son puros símbolos que no
tienen poder para ayudar a salvarse. Los sacerdotes
no tienen poderes sacramentales, sólo deben predicar.
Calvino se estableció en Ginebra, Suiza. Gobernó "la
ciudad de los elegidos" con mano dura. Se prohibieron
hasta las diversiones más inocentes. Sin embargo, su
doctrina se hizo famosa y popular, a pesar del rigor
de su contenido.
Calvino exaltó las virtudes de la clase media: trabajo,
frugalidad, tesón. Pareció lógico a la gente que el
progresar en la vida era señal de bendición divina.
Así la riqueza se convirtió en signo de salvación. La
clase media, pues, fue la más adepta a las ideas calvinistas.
Se extendió rápidamente por Holanda, Escocia y parte
de Alemania y Francia.
X. Enrique VIII (1509-1547)
Coronado rey de Inglaterra en 1509. En 1521 escribió
contra Lutero la Defensa de los siete sacramentos;
el papa le otorgó el título de Defensor de la fe.
En 1527 llevaba ya casado dieciocho años con Catalina
de Aragón, de quien había tenido tres varones y dos
hembras, pero todos, excepto una niña, habían muerto
en la infancia. Catalina, ya en los cuarenta, no parecía
ofrecer esperanzas de alumbrar a un nuevo varón. Ninguna
mujer en el pasado había reinado con acierto en Inglaterra.
Se necesitaba un hombre para suceder a Enrique en el
trono. Éste se había casado con Catalina, viuda de Arturo,
hermano mayor de Enrique, muerto en 1502, a instancias
de sus padres y bajo dispensa especial del papa Julio
II. En el curso normal de las cosas, a Enrique no se
le hubiera permitido casarse con Catalina. Y ahora el
rey insistía en que su matrimonio era nulo por esa razón.
No pedía un divorcio sino una declaración de nulidad.
Efectivamente, muchos eruditos contemporáneos dudaban
sinceramente que el papa pudiese conceder semejante
dispensa, a saber, casarse con la viuda de su hermano,
ya que parecía contradecir el mandado del Levítico:
"Si uno toma la mujer de su hermano, es una inmundicia.
Descubrió la desnudez de su hermano. No tendrán hijos".
Los papas en el pasado habían anulado matrimonios en
circunstancias parecidas y con razones de menos peso.
Todos sabían que el papa, ahora Clemente VII, deseaba
conceder a Enrique la anulación anhelada si pudiera
hacerlo sin ofender al emperador Carlos V, sobrino de
Catalina, y a quien el papa tenía miedo acérrimo.
Por ello en 1532, cansado de esta indecisión y apoyado
en el derecho romano, el rey promulgó el Acta de Limitación
de Apelaciones, reconociendo a Inglaterra como "imperio,
con poder plenario, completo y entero", sin necesidad
de recurrir a autoridad extranjera para ninguna causa.
Roma e Inglaterra quedaban separadas.
El 23 de marzo de 1533, el nuevo arzobispo de Inglaterra,
Thomas Cranmer, declaró nulo el matrimonio del rey.
Enrique VIII suprimió las órdenes religiosas para apropiarse
de sus bienes. Sin embargo hubo poca protesta ante tal
agresión. Según Moorman, las mismas órdenes habían perdido
su espíritu religioso. Mas tal atropello supuso un desastre
cultural para la nación inglesa.
Enrique VIII, se preocupó de que se mantuviera el orden
católico. En l536 promulgó los Diez artículos
, en los cuales, entre otras cosas pedía que los sacerdotes
debían predicar por lo menos trece domingos seguidos,
y después regularmente, en contra de la "autoridad jurisdicional
que el papa se había usurpado". En l539, de nuevo el
rey publicó un libro conocido como Los seis artículos,
en el cual defendía seis puntos tradicionales doctrinales,
litúrgicos y pastorales, que la rama protestante quería
cambiar.
El problema que esto presentaba era que la mayoría de
los sacerdotes en Inglaterra, y en otras partes del
mundo cristiano, no sabían predicar, y muchos no conocían
bien la doctrina de la Iglesia. Para aliviar el problema,
Cranmer escribió un libro conocido como El libro
del obispo en el cual se presentaba la enseñanza
de la Iglesia.
Mientras tanto, Enrique VIII se había transformado en
el tirano que mataba por igual a católicos como a luteranos
que no acataran sus órdenes. Tuvo cinco mujeres y a
la última la hizo decapitar por infidelidad.
Al final de su reinado, Enrique VIII se había nombrado
a sí mismo, "cabeza suprema en la tierra de la Iglesia
de Inglaterra"; sin embargo, la vida religiosa en las
parroquias continuaba como si nada hubiera pasado, la
liturgia seguía siendo la misma y los sacerdotes se
conducían como siempre. La reforma que afectara al pueblo
no había llegado. Enrique VIII moría en 1547.
XI. La Contrarreforma católico romana
Los primeros intentos de reforma aparecieron en España
con el cardenal Cisneros y los Reyes Católicos. En 1524,
una nueva orden, los teatinos, se propuso formar sacerdotes
dignos que se dedicaran exclusivamente a predicar y
administrar los sacramentos.
Pero el cambio únicamente podría venir reformando al
papado. León X fue el último papa del Renacimiento.
Pablo III (1534) fue el papa de la contrarreforma. Nombró
nuevos cardenales que estuvieran dispuestos al cambio.
Nombró la "comisión de los nueve" para que investigaran
los abusos que se daban en la Iglesia. Como resultado,
la Comisión (1537) destacó estos males: simonía, pluriempleo,
ausentismo y nepotismo. El papa, con mano firme, corrigió
tales males.
Convocó el concilio de Trento que se reunió por primera
vez en 1545-47. Se trató de evitar por todos los medios
el peligro del "conciliarismo". Toda la legislación
debía tener la final aprobación papal.
Julio III (1550-55) convocó la segunda reunión del concilio
en l551. Reactivó la Inquisición. Pio IV (1559-65) convocó
la tercera reunión en 1562. En ésta se completó la obra
del concilio, que se clausuró en 1563. En l564 revisó
el "Indice de libros prohibidos". Pío V (1566-1572)
promulgó el famoso catecismo, que todavía hoy se conoce
con el nombre de Catecismo de Pío V. En l570 apareció
el misal revisado y el breviario fue reformado. En l604
apareció una revisión nueva de la Biblia, la Vulgata
(la Biblia traducida al latín por san Jerónimo). La
reforma de la Iglesia católico romana se mantuvo con
firmeza. Se formaron seminarios. Nuevas devociones.
Las órdenes religiosas antiguas fueron reformadas: benedictinos,
franciscanos, dominicos, carmelitas, reformados éstos
por santa Teresa de Jesús y san Juan de la Cruz. Aparecieron
nuevas órdenes: barnabitas, ursulinas de Jesús, oratorianos,
compañía de Jesús.
XII. La Cristiandad dividida
La Cristiandad se dividió por falta de comunicación
sincera y caritativa. Todos andaban cegados por sus
pasiones, incapaces para mantener un diálogo calmado.
Se cometieron excesos por todos los lados. No hubo reforma
completa por ninguna parte. Vemos esto porque la Iglesia
Católica Romana tuvo que esperar cuatrocientos años,
hasta el concilio Vaticano II (1962-65), para adoptar
muchos de los cambios litúrgicos y pastorales realizados
por la Iglesia Anglicana en el siglo dieciséis. La separación
de Roma e Inglaterra fue más política que doctrinal.
Enrique demostró tener razón al librarse de las intromisiones
papales en los reinos civiles. Hoy ninguna nación tiene
que pagar impuestos de ninguna clase a Roma.
XIII. La Iglesia Católica Romana en el siglo XX
Antes de terminar esta parte es imperativo apuntar unas
notas sobre la gran reforma efectuada por la Iglesia
Católica romana en el siglo XX. El 25 de enero de 1959
el papa Juan XXIII, a quien el pueblo bautizó como "el
papa bueno", anunció a los cardenales, en la basílica
de san Pablo Extramuros, su propósito de convocar un
concilio. Ese concilio sería el Vaticano II (1962-1965).
Un concilio verdaderamente innovador, pastoral, ecuménico
y reconciliador.
Se publicaron cuatro constituciones: sobre la Iglesia,
sobre la revelación divina, sobre la sagrada liturgia,
sobre la Iglesia en el mundo actual. Se publicaron nueve
decretos: sobre el oficio pastoral de los obispos, sobre
el ministerio y vida de los presbíteros, sobre la formación
sacerdotal, sobre la adecuada renovación de la vida
religiosa, sobre el apostolado de los seglares, sobre
las Iglesias orientales católicas, sobre la actividad
misionera de la Iglesia, sobre el ecumenismo, sobre
los medios de comunicación social. Se publicaron tres
declaraciones: sobre la libertad religiosa, sobre la
educación cristiana de la juventud, sobre las relaciones
de la Iglesia son las religiones no cristianas.
Se puede asegurar, sin lugar a dudas, que se concilio
fue no de los acontecimientos más revolucionarios y
transcendentales de todo el siglo XX. Los cambios por
él generados afectarían no sólo a toda la Iglesia Católica
Romana, sino a todas las confesiones cristianas. Gracias
a ese concilio, hoy todos los cristianos estamos más
cerca unos a otros. Gracias a ese concilio, hoy día
somos todos hermanos y no enemigos. Gracias a ese concilio
caben esperanzas de tiempos mejores para toda la Cristiandad
y para toda la humanidad.
Obras consultadas:
J. R. H. Moorman, A History of the Church in England,
(Morehouse-Barlow Co., Inc. Wilton, Connecticut, l976).
Third edition.
Paul T. Mason, and Thomas P. Neill, The life of Christ
in His Church, (Daniel Reardon Publishing Company,
Cleveland, Ohio, 1963).
Ricardo García-Villoslada, Historia de la Iglesia
Católica, vol. II, (BAC, Madrid, 1999) 6.ª edición.
Stephen Neill, El Anglicanismo, trad. de José
Luís Lana, (M.C.E. Horeb, Viladecavalls, Barcelona,
l986).
F I N
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