Los hispanos no son los únicos que han
padecido los rigores de la emigración. Uno de los países
más ricos del mundo, Alemania, cree que es necesario y
sano recordar que millones de sus compatriotas, por razones
que van desde el hambre y la persecución, a la ambición,
se embarcaron en esa difícil aventura. Para ello acaban
de inaugurar un museo o Casa de la Emigración (Auswanderer
Haus en alemán) en Bremerhaven, puerto que debe mucho
de sus orígenes a la avalancha migratoria hacia América
que se produjo a partir del primer tercio del siglo XIX.
La leyenda a la puerta del Museo dice así: "Unos 7 millones
de personas partieron desde aquí hacia un mundo desconocido".

Interior del Museo, donde se recrean las condiciones
de la partida a la emigración desde el puerto
de Bremerhaven (Alemania). |
Y sin duda esa es la sensación que quieren recrear: la
partida hacia la incertidumbre, una experiencia sin la
cuál no se puede comprender suficientemente lo que significa
el hecho de emigrar y la inquietud que se padece en tal
situación. El visitante tiene en este museo, la oportunidad
de hacer un recorrido parecido al de los emigrantes de
antaño: las misma cola en el inhóspito frío portuario,
rodeado por equipajes sin dueño, una última mirada al
subir por la escalerilla, para acabar apretujado en una
cabina de tercera clase, donde puedes conocer la historia
de una persona que hizo ese viaje en otro siglo (entregándote
la identificación y biografía de una de entre 15 personas
cuya memoria se recrea en la cabina).
Una de esas 15 "fichas" es la de Johann Nikalaus, granjero
de 18 años que salió de Bremerhaven en1848. Otra es la
de Hertha Nathorff, sobrina de Albert Einstein, quien
huyó de la persecución nazi en 1939.
"Queremos que la gente joven sepa sobre quienes dieron
este paso, dejando sus casas para ir a un mundo desconocido,
en un viaje del que quizá no habría vuelta", dice arquitecto
del Museo Bremerhaven, Andreas Heller, quien parece haber
logrado el ambiente para que el visitante cambie esa idea
abstracta que puede ser la emigración para quien no la
emprendió, por una experiencia real y tangible.
Quizá el periodo de mayor intensidad migratoria desde
los puertos alemanes comienza en 1933 con a llegada al
poder del partido Nazi. Las persecuciones por razones
de política o de raza empujaron a muchos a abandonar el
país antes de la 2ª. gran guerra. En numerosos casos se
trataba de artistas, intelectuales y científicos que fueron
bien recibidos, en especial por EEUU. En la lista de esta
"fuga de cerebros" se cuentan Wernher Von Braun, padre
de la aeronáutica espacial, Albert Einstein, creador de
la teoría de la relatividad y artistas como Marlene Dietrich.
Personalidades como éstas contribuyeron a dar un enorme
impulso al país de adopción.
Existe en Nueva York un Museo de la Inmigración de la
Isla de Ellis, aunque versa precisamente sobre la experiencia
opuesta, contando la dramática historia de la llegada.
Faltaba contar la historia, quizá más desgarradora, de
la despedida. Sin comprender bien esa situación, no es
posible entender el desarraigo de los que todavía siguen
llegando a los países ricos -EEUU, Alemania, entre otros-
dejando atrás sus hogares. Y sin conocer ese desarraigo,
no es posible conocer las propias raíces de quienes se
consideran ciudadanos de "primer orden" en un país: olvidan
que sus antecesores pasaron por esa misma experiencia.
Volver |