|
Hay gente que atribuye todos los males de la humanidad
a "los primeros padres Adán y Eva". Queridos lectores,
yo soy el mayor defensor de la primera pareja humana
y afirmo que son inocentes de todo. Ni ellos desencadenaron
un aluvión de pecados ni son responsables de los desatinos
de la historia.
Otros persisten en sus trece afirmando que todos los
males de Hispanoamérica nacieron con los conquistadores
españoles. Se quejan de que los españoles no trajeron
ni la democracia liberal ni el capitalismo ni la revolución
industrial, etc. Pero, ¡señores!, ¡esos son frutos del
protestantismo! Por otra parte, pasan por alto que los
países latinoamericanos, tras la emancipación en el
primer cuatro del siglo IXX, cayeron presa de otras
potencias europeas, y más tarde del coloso estadounidense
que ha jugado a placer con gobiernos y gobernantes como
si de títeres se tratara. El neocolonialismo económico
que Francia, Alemania, Inglaterra y Estados Unidos establecieron
ha desencadenado la pobreza y miseria que oprimen al
mundo hispano.
¿No sería yo un loco si me quejara de Jesús por no
haber viajado en avión o por no haber muerto a tiro
de pistola en vez de morir en la cruz? Nadie da lo que
no tiene, dice un aforismo filosófico. España dio lo
que tenía: todo, bueno y malo. Dio su cultura, que implicaba
una visión nueva del mundo. Una visión distinta, por
ejemplo, a la anglosajona. Sí, cuando llegaron Colón
y los suyos encontraron culturas muy desarrolladas:
maya, inca, azteca, entre otras. Pero todas ellas, por
muy avanzadas que estuvieran, se encontraban al nivel
de la egipcia de hacía más de tres mil años. En pocos
años los habitantes de este Continente saltaron más
de treinta siglos. Estoy de acuerdo que se impuso a
la fuerza. Pero hoy juzgamos con una mentalidad distinta,
con una permisividad que no existía en el pasado.
Hoy, nuestra visión de la vida es antropocéntrica.
Dios no cuenta. Vivimos en un mundo secularizado. Hoy
no podemos comprender la sociedad medieval. Nos parece
que cometieron atropellos. Pero ellos no lo vieron así.
Hoy seríamos imperdonables si, con visión moderna, actuáramos
con moldes medievales.
La sociedad española del siglo XVI, aunque ya había
despertado al renacimiento y nos había dados grandes
figuras literarias y humanistas, creo poder afirmar
que se mantuvo en un ambiente netamente medieval. En
l941 nací en un pueblecito de Castilla, y todavía entonces
me tocó vivir al son de la campana medieval.
La visión medieval de la vida está orientada bajo el
prisma divino, es teocéntrica. Dios es el centro de
toda actividad vital. Se podría decir que todos los
medios estaban justificados para establece a Dios como
centro del universo. Cuando los españoles pusieron el
pie en este Continente, todo su afán fue traer el catolicismo
a las gentes que aquí encontraron.
Es necesario tener presentes otros dos factores para
comprender la motivación española: el famoso principio
de que "fuera de la Iglesia no hay salvación" y el Cisma
de Occidente. Todo misionero, entonces, estaba consumido
por el celo de salvar almas. Los indios debían conocer
la verdadera religión -así juzgaban ellos- para llegar
al cielo. Para lograr tal fin, la mayoría de los misioneros
se sirvieron de medios pacíficos, aunque estrictos y
rigurosos en afirmar la verdad cristiana. Los más de
los seglares, encomenderos, etc. Creyeron que sólo por
la fuerza se podría lograr la conversión de los indios.
Lo importante es comprender que la salvación espiritual
de los nativos se convirtió en un problema de gigantescas
proporciones. El encuentro con los pueblos de este Continente
di lugar a la empresa misionera más grande que conozca
la historia.
Además ha de tenerse en cuenta que en determinados
momentos, sobre todo al principio, los misioneros franciscanos
querían establecer un cristianismo reformado, según
los ideales de un cristianismo primitivo. Era un proyecto
nuevo de vida cristiana, contrapuesto al cristianismo
de Europa del que casi todo el mundo estaba decepcionado.
La Reforma Protestante y el Concilio de Trento cambiaron
el rumbo de la historia. Si durante el reinado de Carlos
V, España se había mantenido abierta a las corrientes
europeas y los españoles caminaban por Europa como por
su casa, con Felipe II cambió el ambiente. Felipe II
(1559) hace de su reinado una cruzada en pro de la reunificación
de toda la cristiandad bajo la fe católica, y ésta gobernada
desde España. Felipe cierra la frontera de los Pirineos
y los españoles no pueden viajar tan libremente a las
universidades extranjeras. Los españoles declaran la
guerra al protestantismo. Los nuevos pueblos debe ser
convertidos antes de que la fe protestante llegue a
este Continente.
Isaías A.Rodríguez
Volver
|