El mundo hispano posee unas características especiales
que lo diferencian de cualquier otro grupo cultural. A
veces, tímidamente, se afirma que lo peculiar de esta
cultura es la lengua castellana y la religión. Estos son
dos elementos que saltan a la vista pero que no la definen
en su totalidad.
Para comprender mejor quiénes somos, será bueno contrastarnos
con la cultura anglosajona. Ello nos permitirá ver, a
grandes rasgos, nuestra propia imagen.
En el mundo anglosajón ha predominado el protestantismo,
con énfasis en la libertad y en el individualismo. Hegel
dijo que la libertad del espíritu empezó con Lutero. Efectivamente,
Lutero, al entronizar la libertad como valor supremo,
estableció las bases del individualismo que predomina
en esta sociedad. Calvino creyó que el progreso económico
era un signo probable de salvación, con ello desató una
ética de trabajo, que, emparejada al individualismo, da
lugar a un capitalismo exacerbado que ocasiona muchas
injusticias. Mas la democracia representativa viene a
paliar y suavizar, con frecuencia, los excesos del capitalismo.
Los sistemas filosóficos reinantes han sido el pragmatismo
y el empirismo que han promovido la investigación científica
y el avance tecnológico. Todo esto produjo una economía
pujante y dinámica. Lo práctico tiene más valor que lo
bello.
En el mundo hispano ha predominado el catolicismo con
énfasis en la obediencia. Ello ha provocado la proliferación
de regímenes autoritarios y dictadores y un pueblo sumiso
y obediente, con rasgos de fatalismo ante una situación
insuperable. Sobre el individualismo se ha colocado el
grupo, la colectividad, la familia, el bien común. El
sistema filosófico predominante ha sido el escolasticismo,
con una especulación intelectual que se acerca al sueño
ilusorio y quijotesco. En este mundo, sin aliciente religioso
ni científico hacia el progreso, se produjo una economía
estática y paralizada. Lo mismo sucedió en el campo religioso.
El arte y lo bello tienen más valor que lo práctico. Sin
embargo, en la cultura hispana ha predominado un humanismo
que respeta y reverencia a la persona como persona y no
como individuo. Un humanismo en el que la persona sufre
o goza con otras personas en grupo, en familia. Y en ese
ambiente se comparte todo, la pobreza, el amor, la alegría
y el sufrimiento. Es este un valor tan apreciado que llama
la atención cuando se le compara con un individualismo
egoísta y mecanizado.
Isaías A. Rodríguez
Volver |