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Emigrante es toda persona que por cualquier razón abandona
su país para situarse en uno nuevo. Estrictamente hablando
el ser humano es un emigrante por naturaleza. Desde
que abandona el útero materno se pasa la vida dando
saltos de un lugar a otro hasta que un día dé el definitivo
a un modo de ser totalmente diferente.
Debido al Censo-2000 los emigrantes somos noticia.
Grandes titulares aparecen en periódicos y revistas
señalando las últimas cifras logradas por ese censo.
Y la mayor noticia incumbe a los hispanos y a los asiáticos,
dos grupos que en las décadas de los ochenta y de los
noventa abandonaron sus países en masa.
A los hispanos se les consideró en el último censo
como un grupo étnico abarcando variedad de razas. Y
los mismos censados así lo manifestaron A este grupo
racial, por poseer ciertos factores comunes, se le designó
con el común denominador de "hispano" o "latino".
El grupo hispano por crecer con mayor visibilidad es
el que más atención está recibiendo. Y hay opiniones
para todos los gustos, unas a favor y otras en contra.
No cabe duda que, con un incremento del cien al cuatro
cientos por cien de población en algunos lugares, alguien
ponga el grito en el cielo y hable de invasión, como
el grupo de California The American Patrol, dirigidos
por Glenn Spencer. Ahora bien, si algún Estado de la
unión debiera callarse la boca debiera ser California
que fue español primero y luego mexicano hasta el 1848,
para al fin ser invadido por Estados Unidos.
Ahora que tantos alzan la voz contra el español en
favor de la lengua nacional inglesa, es necesario tener
presente la perspectiva histórica de que todo el sur
norteamericano, desde La Florida hasta California habló
español durante cientos de años antes de que a la
fuerza y con toda clase de atropellos se impusiera
el inglés. Los recalcitrantes a recibir a los nuevos
emigrantes no pueden olvidar ese pasado aleccionador
que está ahí, como testigo histórico.
Mas hemos de preguntarnos ¿por qué emigran los emigrantes?
Estudios sociológicos y antropológicos demuestran que
el ser humano se encuentra más a gusto y seguro cerca
de la sangre y de la tierra que le dio el ser. La emigración
no es ni más ni menos que una ruptura sangrienta con
nuestro ambiente acogedor, y ¿por qué miles de personas
han de escoger tal calvario por un ambiente hostil?
Cierto, no será por gusto. Ha de haber razones de mucho
peso que impulsen al ser humano a tal trance.
¿No será verdad que en un mundo ideal, donde la justicia
social fuera justa y equitativa, y se dieran condiciones
sociales y vitales adecuadas para todo ser humano, no
existiría la emigración? Pero cuando unas naciones acumulan
riqueza a despecho de otras, cuando unos pocos abusan
de la justicia a menoscabo de la mayoría, tales desequilibrios
provocan la emigración forzada. Cuando unas naciones
invaden a otras y desean mantener un imperialismo universal,
las guerras locales y totalitarias, provocan la emigración
forzada. En una palabra, la emigración podría ser considerada,
en cierto modo, como un derecho natural de quien
ha sido atropellado anteriormente. Esto obligaría a
muchos a refrenarse a la hora de lanzar improperios
contra las nuevas olas inmigratorias.
Esos agresivos vociferantes, también exigen del recién
llegado que se despoje de su cultura, de su lengua,
de sus costumbres, en una palabra, que venga como un
bebé recién nacido, para romper a hablar inglés y comer
"hot dogs" inmediatamente Nada más inhumano.
Ciertamente que el emigrante si no quiere ser palo de
escoba en esta sociedad ha de aprender las leyes del
juego que aquí se juega, mas ¿por qué ha de abandonar
su legado cultural? Sólo los necios no se dan cuenta
que ese legado cultural enriquece a este y a cualquier
otro país sujeto al fenómeno inmigratorio. En el mundo
civilizado no se dan culturas aisladas, todas dependen
de otras. La cultura gringa es una amalgama de cientos
de culturas que al final están produciendo algo diferente.
Más aún, la grandeza de este país no es ni más ni menos
que un efecto del fenómeno migratorio que se inició
en el siglo diecisiete. En 1630 llegaron los puritanos,
desde entonces la corriente migratoria no ha parado.
Y ha llegado de todo, gente sabia y necia, gente rica
y pobre, gente buena y mala. Nos preguntamos ¿qué sucedería
a la economía de este país si de repente unos diez millones
de trabajadores hispanos se alzaran en huelga? Sería
el caos.
Ahora bien, si la inmigración es necesaria en una economía
tan potente y fuerte como la norteamericana ¿por qué
no ofrecer soluciones viables y transitorias al problema
inmediato que tal fenómeno presenta? Por ejemplo, documentos
transitorios válidos no para "legalizar" sino para poder
conducir, comprar seguros, abrir cuentas de bancos,
etc..
De cualquier modo, dicha sea la verdad, excepto algunos
necios, no cabe duda que el mundo del negocio, y el
mismo gobierno, al menos en la práctica, da la bienvenida
a esta ola inmigratoria que es la base y fundamento
de la economía de este país.
Isaías A. Rodriguez
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