Castillo de Manzanares el Real, a pocos kms.
de Madrid (España). |
No le será difícil al viajero que llegue
a España el divisar aquí y allá,
en un risco, en un alto, o en altiplano, una de esas
construcciones, masivas y, a veces, de gallarda y solemne
silueta que llamamos castillo. No en vano, hay una región
en España, donde los castillos abundan tanto
que lleva el nombre de Castilla.
El proceso de encastillamiento de la Europa medieval
se realizo en tres fases a las que corresponden tres
tipos de fortalezas:
Los "castrum", o formaciones rocosas para
refugio del pueblo (siglos VI al VII).
Construcciones más reducidas en esos mismos
lugares o en motas creadas por movimientos de tierras
con gran capacidad defensiva (siglos X al XIII).
Reductos de defensa menos altaneros, pequeñas
motas señoriales o casas fortificadas (siglos
XIV y XV).
La multiplicación de castillos se produjo a
partir del siglo X y hasta el siglo XV. Muchos castillos
no está relacionados directamente con la defensa.
Pertenecen al rey, condes, obispos, etc., en los que
poseen una guarnición. Dichas estructuras no
tienen como único fin el asegurar la paz en
la región, sirven también al señor
para extender su dominio y hacerlo más provechoso.
Sin embargo, estas fortalezas juegan un papel muy
importante en las guerras medievales. En realidad
estas consistían en una sucesión de
asedios y unas pocas batallas más solemnes
y sangrientas.
Los primeros castillos fueron simples torres rodeadas
por empalizadas. En las fortificaciones había
mucha madera que fue sustituyéndose por piedra
a partir del siglo XII. Las murallas se fueron haciendo
más gruesas y altas, reforzándose con
taludes. Se crearon barbacanas, torres cubiertas,
matacanes, puentes levadizos, y fosos profundos.
Partes de un castillo
Barbacana. Es una obra de fortificación
situada frente a las murallas y protegiendo una puerta
de acceso.
Torre del homenaje. Es la torre principal del
castillo, residencia de los responsables del mismo,
normalmente la más alta y fuerte, y estaba
situada en el lugar de más fácil defensa.
Era el lugar más protegido y en caso necesario
podía convertirse en el último núcleo
de resistencia.
Foso: trinchera excavada frente a los muros
de una fortificación. Su misión principal
era impedir que las máquinas de asalto se aproximaran
a los muros
El rastrillo o peine suele ser una pesada reja,
rematada abajo en puntas que formaba parte de las
fortificaciones de la puerta, junto al puente levadizo
y la barbacana.
Almenas, tenían como función
proteger a los defensores, algunas tenían orificios,
como troneras (para las armas de fuego) o
saeteras (para lanzar armas arrojadizas).
En España, hoy, algunos castillos están
siendo restaurados y convertidos en paradores y lugares
de turismo, otros quedan como reliquia del pasado
desafiando al viento y a tiempos modernos.
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