En bella frase expresó Antonio Machado una realidad de profundo significado.
En verdad, no hay camino ni en el cielo ni en la tierra
ni en el mar, cuando el ser humano se pone caminar su
vida. Desde que perdemos la cálida seguridad del
vientre materno y nos zambullimos de cabeza en el mundo,
andamos como ciegos, a tientas, trazando caminos al azar.
Unos con mejor acierto que otros, pero todos, todos, al
mirar atrás nos quedamos asombrados del camino
delineado.
Hay dos fuerzas profundas que, como el motor al coche,
impelen al ser humano a caminar siempre adelante. Son
éstas: la carne y el espíritu. Según
Pablo de Tarso, la carne es todo aquello que nos aferra
a este mundo creado, bueno y bello, pero que podemos hacer
malo. El espíritu, es el de Dios, que nos empuja
hacia arriba, hacia las alturas divinas donde todo es
bello y bueno para nuestro bien definitivo.
Estas fuerzas vertebran la humanidad en dos mitades: los
carnales y los espirituales. Los carnales se empeñan
en arrastrase por los bienes creados, caducos y temporales.
Por ello, marcan caminos carnales. Los espirituales se
esfuerzan por seguir el impulso divino y, al andar, diseñan
bellos senderos de espiritualidad. Tan atractivos son
sus pasos, que el resto de los mortales nos sentimos atraídos
a imitar su andar.
Es en esta coyuntura donde aparece la hoy muy repetida
palabra "espiritualidad". ¿Qué significa?,
preguntan algunos. Ya lo hemos dicho. Espiritualidad es
la senda que marcan quienes se empeñan a toda costa
en vivir según el espíritu de Dios. Y el
estudio de todos esos caminos formará la historia
de la espiritualidad de quienes en el camino del espíritu
de Dios nos han precedido. Para hacerlo más concreto
daremos algunos nombres: san Francisco de Asís,
santa Teresa de Avila, san Juan de la Cruz, Tomás
Merton, Charles de Foucauld, Oscar Romero, Madre Teresa,
etc., nos han trazado caminos de pobreza, de interioridad,
de desprendimiento, de sencillez, de amor a los pobres
y abandonados, en una palabra, cada uno nos da su peculiar
estilo de vida espiritual. En esto radica el significado
de la misteriosa palabra "espiritualidad".
Naturalmente, unos y otros, todos tratamos de imitar al
gran maestro Jesús, que nos dijo: "Yo soy
el camino".
Pero, querido lector, a pesar de todo, a pesar de tan
bellos caminos marcados por otros, cuando tú te
pones en marcha tras ellos, constatarás que todavía
no hay camino para ti. Porque los caminos de la vida no
son como los de polvo, cemento o asfalto, para caminar
por ellos. Los caminos de la vida se hacen andando. Y
en ese titubear tuyo, sin quererlo o no, has caminado
un buen trecho, y al mirar hacia atrás, comprobarás
que, sí, tú has trazado también tu
camino, recto o curvo, pero lo has hecho al andar.
No olvidemos pues: "Caminante, no hay camino, se
hace camino al andar".
Isaias A. Rodriguez
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