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Las parábolas
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por Ray García


El hijo pródigo (Lc 15,11-32),
Grabado de Gustavo Doré
¿Qué significa la palabra "parábola" y por qué Jesús la usaba tanto?

Jesús pasó toda su vida pública predicando. Los evangelistas no nos han transmitido ningún discurso de Jesús, ni sermones de larga duración. Los discursos más largos del evangelio de San Juan, se cree que son composiciones del autor. Jesús no enseñaba con discursos largos. Lo más común en la predicación de Jesús eran las parábolas; éstas son composiciones literarias sencillas, conmovedoras y de gran belleza. El término "parábola" provine de la lengua griega e implica en su contenido la idea de comparación.

El pueblo de Israel, guiado e inspirado por Dios, se encuentra ante la difícil misión de hacer asequible a la gente sencilla la realidad transcendente y sublime de Dios, que no admitía representación sensible. Era forzoso recurrir constantemente a hechos de la vida diaria y normal, para poder dar a entender algo de Dios. Este procedimiento lo usamos todos de una manera evidente cuando a un niño queremos explicarle una doctrina que no está al alcance de su cabecita. La Biblia está llena de parábolas que nosotros mismos hemos aceptado, a veces al pie de la letra. Signo era del estado infantil en que todavía nos encontrábamos en ese momento. Hoy podemos entresacar, con un poco más de lucidez, el mensaje oculto en esas bellas comparaciones, como en las parábola del Buen Samaritano (Lc 10,30-37), el administrado infiel (Lc 16,1-8) y otras más.

Encontramos parábolas en todos los libros de la Biblia. La enseñanza parabólica se convierte en un verdadero método pedagógico. Y a medida que la historia va dejando huellas de pasado, se recuerdan acontecimientos ya idos, para aplicarlos como ejemplo al momento presente.

Vemos cómo hay fórmulas ya consagradas que Jesús mismo usa en múltiples ocasiones: "¿A qué se parece esto?" "¿Con qué compararé"? (Mt 4,30; Lc13,18). Y vemos que las comparaciones que Jesús establece son las ya usadas por los profetas del Antiguo Testamento, realidades concretas de la vida cotidiana: el pastor, el matrimonio, la viña, el rey, el festín, la siembra, etc. Si hoy viniera Jesús se vería obligado a usar otras comparaciones tomadas de la realidad que nos rodea.

El estilo parabólico es el más común en Jesús. Cuenta historias sencillas, de frases cortas y fáciles de recordar, y siempre con un mensaje inusitado, que llama la atención de los oyentes. Así pues, el estilo de Jesús es escueto, sentencioso; raramente pronuncia discursos largos.

En las parábolas de Jesús, hacia la mitad de la narración, suele introducir un elemento inesperado y sorpresivo que confunde al oyente y lo desconcierta con dudas. El ejemplo más claro sería el de la parábola del Buen Samaritano. A ningún judío se le hubiera podido ocurrir que Jesús iba a colocar como héroe de su historia a un samaritano. Judíos y samaritanos se odiaban, ¿cómo un samaritano podía ser el que se portara mejor y ayudara a la persona medio muerta? Imposible. Y sin embargo eso es lo que hace Jesús en las parábolas, confunde al oyente para que piense, reflexione y llegue a descubrir que los caminos de Dios no son los comunes de los seres humanos.

Además, muchas parábolas carecen de conclusión. Jesús espera que sea el oyente quien llegue a una conclusión apropiada. Así que, incluso hoy, después de dos mil años de estudio e interpretación, no se sabe a ciencia cierta lo que Jesús quiso decir en algunas parábolas. Pueden tener varias conclusiones, pueden conducir a varias interpretaciones. No es, pues, extraño que los discípulos suplicaran a Jesús que les explicara las parábolas. (Mt 15,15).

Jesús esperaba del oyente antiguo como del moderno un esfuerzo interpretativo. ¿Qué nos quiere decir Jesús en cada historia? La verdad es que, si indagamos con profundidad, siempre aparece a nuestra ayuda la misericordia divina. Ese es el último objetivo de todas las parábolas.

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