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| El orden sacerdotal |
por Ray García
¿Instituyó Jesús en orden sacerdotal?
Planteada así la pregunta, tendríamos que responder negativamente.
Jesús no se expresó con una terminología teológica
que sería fruto de una reflexión posterior. De hecho la palabra
"orden", "ordenación", no aparece en el Nuevo Testamento.
Según algunos teólogos y pensadores cristianos modernos, Jesús
tampoco tuvo intención de fundar una religión nueva, sino que
quiso purificar el judaísmo, la religión que él conoció
y practicó. Por ello, tampoco se propuso establecer un orden jerárquico
e institucional.
Lo que sí buscó fue la colaboración de hombres y mujeres
para difundir su mensaje. Con ese fin, desde el principio de su ministerio,
le vemos rodearse de discípulos a quienes dice hará "pescadores
de hombres" (Mt 4,18-22). Los envía en misión a hablar en
su nombre (Mc 6,6-12), y revestidos de su autoridad: "El que os recibe
a vosotros, a mí me recibe, y el que me recibe a mí, recibe al
que me envió" (Mt.10,40). El evangelio de Lucas dice que "designó
todavía a otros setenta y dos [discípulos] y los envió
delante de él" (Lc10,1).
No hemos de pensar que escogió solamente hombres. Sabemos que había
mujeres que seguían fielmente a Jesús, y que, después de
su muerte, se apareció primero a María Magdalena y María
la de Santiago, a quienes da orden de anunciar a los demás discípulos
la buena noticia de que él estaba vivo (Lc 8,1-3; 23,55; Mt.28,1-8; Mc16,1-8;
Jn 20, 11-18).
El término que más usan los escritores del Nuevo Testamento es
el de "ministerio", que incluye variedad de servicios que no implican
"orden o estado", ni distinción entre laicos o clérigos.
El énfasis del ministerio en el Nuevo Testamento recae en el "servicio"
iniciado por Dios (1 Cor 12,6), según el don primordial de Jesucristo
(Ef 4,7-12) y del Espíritu Santo (1Cor 12,4-11; Hch 20,28) para el bien
de la Iglesia, el cuerpo de Cristo.
En esto los continuadores del mensaje de Jesús no hacen más que
seguir de cerca la enseñanza aprendida del Maestro que, en cierta ocasión,
reprendió a los discípulos porque buscaban puestos de honor: "Si
uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos"
(Mc 9,35).
Los servicios ministeriales mencionados en el Nuevo Testamento podrían
agruparse en cuatro categorías: los doce escogidos por el mismo
Jesús; los apóstoles cuya importancia es establecida por
san Pablo; los profetas y maestros que reciben de Dios "don y carisma"(1Cor
12,28); y los líderes de la comunidad que son designados de varias
maneras: "líderes-guías" (Heb 13,7), "presbíteros-ancianos"
(Hch 11,30); "epíscopos-vigilantes" (Hch 20,17,28; Tit 1,5)
y "asistentes-diáconos" (Flp 1,1). A pesar de esta diversidad,
se da en todo el Nuevo Testamento la tendencia a una unidad y uniformidad que
fraguarán en años subsiguientes.
El Nuevo Testamento menciona la imposición de las manos, el ayuno y la
oración, como ritos y modos de elegir ministerios (Hch 6,6; 1 Tm 4,14;
2 Tm 1,6).
Aquellos buenos cristianos, fieles cumplidores de la enseñanza del Maestro,
no se podían imaginar que llegaría un día en que la tentación
del poder iba a entrar solapadamente en la Iglesia y establecer su tiranía;
no se podían imaginar, que a los líderes eclesiásticos
habría que besarles las manos, los anillos y los pies; no se podían
imaginar que los nuevos líderes eclesiásticos dominarían
a los fieles "como señores absolutos" (Lc 22,25), cometiendo
toda clase de atrocidades; no se podían imaginar que generaciones de"
líderes eclesiásticos no repararían en que a Cornelio,
centurión romano, cuando salió al encuentro de Pedro y cayó
postrado a sus pies, Pedro le levantó diciéndole: "Levántate,
que también yo soy un hombre" (Hch 10,25); no se podían imaginar
que los nuevos líderes eclesiásticos se transformarían
en diosecillos humanos.