Por Ray García
¿Existe el infierno? ¿Descendió Jesús a "los infiernos"?
El credo de los Apóstoles dice
que Jesús "descendió a los infiernos".
¿Qué significa esa expresión?
El pueblo escogido de Israel no tuvo
conciencia clara de las realidades de ultratumba desde
un principio. El pensamiento iba madurando. Los libros
más antiguos de la Biblia no pudieron imaginarse
lo que nosotros hemos llegado a llamar infierno.
Para acercarnos al pensamiento de los
antiguos, son característicos los libros de Job,
el Eclesiastés y el Eclesiástico, donde
se plantean dudas, interrogantes sobre el destino humano,
sobre sanciones y retribuciones. No se sabía
aún cómo pagaría Dios a cada uno
según sus obras. Creían, lo mismo que
otros muchos pueblos antiguos, que tanto buenos como
malos, al morir, iban a un lugar oscuro y lóbrego
y moralmente neutro, llamado sheol, parecido
al hades de la antigua mitología griega,
donde "se dan cita todos los vivientes" (Job
30,23), y que era como "un agujero", "un
pozo", "una fosa" (Sal 30,10), enclavado
en lo más profundo de la tierra, traspasando
el abismo subterráneo, donde "la claridad
misma se parece a la noche sombría" (Job
20,21). Allí no se podía alabar a Dios,
se perdía toda esperanza. Dios se había
olvidado de ellos (Sal 88,6). Vemos que no se habla
de tormento físico eterno.
Esa era la idea común de la
vida de ultratumba en general. Hoy diríamos simplemente
que es el poder de la muerte. Cristo descendió
a esos "infiernos", es decir, conoció
la muerte y triunfó sobre ella, por eso, a partir
de Jesús, podemos preguntarnos: ¿dónde
está tu victoria, oh muerte?
En el cristianismo primitivo surgió
la idea de que, después de un juicio final, los
malos serían condenados a un infierno de fuego
llamado gehenna, palabra griega derivaba de la
hebrea Gehinnon y que hacía referencia
al desolador Valle de Hinnom, al sur de Jerusalén,
donde la basura ardía sin cesar y donde en el
pasado se habían ofrecido sacrificios humanos
a dioses cananeos.
A esa idea, la fantasía fue
agregando otros elementos, como el fuego y la desolación
de Sodoma y Gomorra (Gén 19,24).
Algunos evangelistas ponen en boca
de Jesús imágenes expresivas de otros
libros del Antiguo Testamento, como: allí habrá
"llanto y crujir de dientes" (Mt 13,42), "el
gusano no muere y el fuego no se apaga" (Mc 9,43).
Se trata de imágenes y metáforas que no
significan precisamente lo que dicen. Si Jesús
las pronunció, las acepta porque eran conocidas
de todos. Otras expresiones que se atribuyen a Jesús
(Mt 25,30 y 41), es probable que pertenezcan más
a Mateo que a Jesús.
Hoy día todavía algunos
cristianos piensan que el infierno es un lugar de tormento,
mientras que otros creen que es un estado de separación
de Dios. En l999 el mismo papa Juan Pablo II declaró
en una audiencia que la Biblia usaba un "lenguaje
simbólico" y que el infierno, en vez de
un lugar, consiste en un estado de separación
de Dios, escogido libremente.
La verdad es que tanto de ésta
como de otras realidades de ultratumba no tenemos ni
ciencia ni evidencia. Sólo podemos hablar de
conjeturas. Y cada día cunde más la idea
de que si existe Dios, un Dios que ha creado la inmensidad
de un universo maravilloso, digo, si existe ese Dios,
¿cómo va a permitir que lo mejor de su creación
–los seres humanos- vayan a sufrir durante toda una
eternidad? Por otra parte, ¿cómo un ser humano
puede rechazar a Dios, conscientemente? Eso es
algo impensable.
Estamos tratando aquí de conceptos
que superan la capacidad de la mente humana. Mas, el
entendimiento creado puede comprender fácilmente
que ese Dios, que Jesús nos ha mostrado en los
evangelios, es más misericordioso que justiciero,
y que su compasión no tiene límites.