
Una nueva Congregación, la de San Mateo en Salisbury,
Carolina del Norte |
Por Isaías A. Rodríguez
Alguien contestó de esta manera: "Sí, la iglesia anglicana
comparte el evangelio de Cristo y muchas otras cosas
de nuestras iglesias hermanas. Por ejemplo, formamos
parte del Movimiento Ecuménico, una forma de dar testimonio
de nuestra unidad ayudando a los pobres y luchando por
la justicia y la paz. Casi todas las iglesias anglicanas
o episcopales pertenecen al Consejo Mundial de la Iglesia
y a consejos regionales. Esto es parte de nuestra vocación
cristiana, es decir, trabajar y luchar por la unidad
de la Iglesia. Nuestro Señor oró "que todos sean uno
para que el mundo crea".
Esa respuesta no responde directamente a la pregunta.
Se va por la tangente y nos deja como estábamos, sin
conocer la verdadera naturaleza de nuestra iglesia.
Evidentemente, la naturaleza de algo no se define por
elementos adyacentes o extrínsecos, sino por elementos
constitutivos de la misma.
El que una confesión pertenezca al Consejo Mundial de
las Iglesias o al Movimiento Ecuménico no nos muestra
si es protestante, reformada, ortodoxa, católica o anglicana.
El "trabajar y luchar por la unidad de la Iglesia" tampoco
nos define el carácter de una denominación o de una
persona, ya que todas las iglesias trabajan y luchan
de alguna manera, por la unidad de todos los cristianos.
El "compartir el evangelio de Cristo" no explica el
ethos dominante de un grupo cristiano, ya que todos
ellos comparten el evangelio de Cristo. O visto de otra
manera, si "compartir el evangelio de Cristo" significa
ser protestante, tendríamos que Cristo fue el primer
protestante. Sin embargo, la historia demuestra que
de él partió un movimiento de carácter católico.
Será necesario, pues, recurrir a otros criterios para
resolver la cuestión.

Jugando a la Piñata en San Mateo |
Criterio histórico
Este criterio nos lleva, en primer lugar, al siglo XVI,
en el cual tuvo lugar la escisión del cristianismo que
lo llevó a caminar por rumbos diferentes. Allí vemos
a la reina Isabel de Inglaterra, defendiendo el carácter
católico de la Iglesia de Inglaterra y afirmando que
en ella sólo se siguen y cumplen las enseñanzas originadas
por Cristo y aceptadas a través de los siglos desde
el principio del cristianismo.
La postura defensiva de la reina hacía referencia a
las nuevas doctrinas iniciadas por Lutero, Calvino y
Zuinglio. Según el diccionario conciso de Oxford de
la Iglesia de Cristo, sólo a las tres denominaciones
originadas por esos líderes pertenecería en un sentido
general la calificación de protestantes.
Originariamente, el término protestante, se aplicó únicamente
a los luteranos, ya que los calvinistas recibían el
de "reformados". El mismo diccionario de Oxford, en
su versión ampliada, afirma que en la Iglesia Anglicana,
de siempre, han existido anglicanos aferrados en afirmar
que ni la doctrina ni el espíritu de la misma son protestantes.
El grupo más notorio fue el que incluyó a los teólogos
del Movimiento de Oxford (1833-45).
La palabra "protestante" históricamente carece de contenido
doctrinal heterodoxo. Sólo hace referencia a la protesta
que presentaron cinco príncipes alemanes y 14 ciudades
del Sagrado Imperio Romano en la Dieta de Spira en 1529,
cuando ciertos derechos que habían logrado -en la reforma
de la Iglesia-, iban a ser negados por otro grupo más
fuerte de príncipes católicos. Con el tiempo, esa protesta
comenzó a ser asociada con la reforma doctrinal que
los líderes mencionados anteriormente habían iniciado.
Más aún, paulatinamente, el movimiento adquirió un cariz
netamente anti-romano.
Según el liturgista episcopal Marion J. Hatchett, los
ritos de recepción en la Iglesia Episcopal tienen su
origen histórico cuando, al final del siglo XVII y principios
del XVIII, se reconoció en Inglaterra la existencia
de otras denominaciones y se redactaron fórmulas para
admitir dentro de la Iglesia anglicana a "protestantes"
o "papistas convertidos" (p. 272). Esa actitud implica
que la Iglesia de Inglaterra se gloriaba de mantener
la tradición católica más pura dentro del cristianismo.
Una tradición depurada de elementos extraños, añadidos
con el tiempo al sentir y vivir del cristianismo primitivo.
Cuando de la Iglesia de Inglaterra se originó, como
una lógica derivación histórica, la Episcopal determinó
incluir en su propio título el término "protestante",
para distinguirla de la Iglesia de Roma; sin embargo,
nunca se pensó que hubiera de estar en el mismo grupo
que las confesiones luterana, calvinista y zuingliana.
Pero, la asociación connotativa protestante no se pudo
evitar, y así, la Iglesia Episcopal comenzó a ser incluida
siempre donde no pertenecía. Debido a esa connotación,
no deseada, la Convención General de 1967 votó a favor
de un cambio constitucional que permitía el uso alternativo
de "Iglesia Episcopal" sin más aditivos. (M. Hatchett,
p.16).

En San Mateo Todos participan en la recogida
de los dulces de la piñata |
Criterio doctrinal
Si analizáramos detenidamente la reforma doctrinal anglicana
-o episcopal- podríamos observar que desde el primer
momento se quiso conservar el carácter católico que
había definido de siempre a la Iglesia de Cristo.
Católico, según Ignacio de Antioquía sería lo que enseñaba
la Iglesia en todas partes, en oposición a la doctrina
impartida por una iglesia local. Según Cirilo de Jerusalén,
católico implicaría el estar extendido por todas partes
e impartir enseñanzas necesarias para la salvación del
género humano. Otros elementos, más pertinentes, serían
el espíritu corporativo y comprehensivo, espíritu de
comunidad organizada bajo la autoridad de un obispo,
liturgia tradicional y simbólica, un orden ministerial
de obispo, presbítero y diácono, y el bien común; todo
eso en oposición al espíritu protestante que aboga por
una liturgia amorfa y gris, por el individualismo y
el bien privado.
En Inglaterra se efectuó una reforma eclesial en el
siglo XVI que implicó cambios litúrgicos, pastorales
y administrativos. Cuando la Iglesia de Roma celebró
el Concilio Vaticano II (1962-65) implantó reformas
muy semejantes a las que se llevaban practicando en
el anglicanismo durante quinientos años.
El documento conciliar sobre el ecumenismo Unitatis
Redintegratio afirma: "Entre aquellas (comuniones)
en las que las tradiciones y estructuras católicas
continúan subsistiendo en parte, ocupa lugar especial
la Comunión Anglicana" (UR n.13). Fueron precisamente
esas "tradiciones y estructuras católicas" las que movieron
a ambas iglesias, entre los años1967 y 1968, a trabajar
juntas en la creación de un documento publicado el 3
de enero de l968 con el título Una visión hacia la
unidad. Esa comisión teológica conocida con el nombre
de Comisión Internacional Católica Romana-Anglicana,
o con las siglas en inglés ARCIC, ha llegado a importantes
acuerdos en trabajos realizados desde 1971 al 2004.
Todos esos trabajos han descubierto que una posible
unificación -basados en la naturaleza "católica" de
ambas iglesias- no es imposible, aunque posteriormente
hayan surgido "nuevas y serias dificultades en el camino
hacia la unidad", según el lado romano. Así se ve que
todos esos trabajos han descubierto que la naturaleza
de ambas denominaciones es muy semejante, tras una depuración
de todas las excrecencias que se pegaron a la Iglesia
de Cristo en los siglos medievales.
Por otra parte, sería suficiente pensar en uno de los
principios más defendidos por el protestantismo: Sola
Scriptura. Mientras que el espíritu católico del
anglicanismo siempre se ha aferrado a tres pilares tradicionales:
Escritura, tradición y razón.
Dentro de la praxis litúrgica, se incluyen en el Libro
de Oración peticiones por la Iglesia católica, forma
III de las oraciones de los fieles, y lo mismo sucede
en otras colectas de la adoración.
Cuando miembros de otras denominaciones cristianas deciden
ingresar en la nuestra, el obispo dice: "Te reconocemos
como miembro de la Iglesia una, santa, católica y apostólica;
y te recibimos en la hermandad de esta comunión" (pp.
230, 340). En los ritos de ordenación de un obispo se
menciona que sea consagrado en "la Iglesia una, santa,
católica y apostólica" (p. 415); en la ordenación de
un presbítero se pide al obispo que sea ordenado en
la "santa Iglesia católica de Cristo" (p. 428); lo mismo
sucede con la ordenación de los diáconos, (p.440). Si
el término protestante definiera la esencia de la Iglesia,
entonces debiera ser mencionado en lo más importante
de la misma: en la adoración.
Un paso más
El Concilio Vaticano II fue un acontecimiento tan transcendental
que borró de un plumazo la hostilidad que había separado
a los dos bandos, protestante y católico. A partir de
ese concilio, ya no somos enemigos ni herejes, sino
hermanos. El bautismo, administrado según la fórmula
trinitaria, es válido y básico para que todo ser humano
que lo reciba pueda ser llamado cristiano. Ese sacramento
reconoce y admite en todas las denominaciones -incluida
la católico romana- el sacerdocio de todos los creyentes.
La reforma litúrgica ha influido en ambos bandos de
tal manera que la distancia se haya acortado. Hoy día,
hay protestantes que usan parafernalia católica y católicos
que la ignoran en caso de necesidad pastoral. Hay santos
que han desaparecido de la palestra católica y santos
que son mejor vistos por el ojo protestante. Hay protestantes
que ya no desestiman o rechazan la meditación y la contemplación
-amén de otros ejercicios piadosos- vistas como prácticas
exóticas de vida espiritual, y las admiten y practican.
Y hay católicos que han seguido movimientos y actitudes
protestantes, como el estudio bíblico y el énfasis en
lo emocional de las aleluyas carismáticas, con sus elevaciones
de brazos y manos.
En pocas palabras, en el panorama de la cristiandad,
las pinceladas blancas del cuadro han dejado de ser
blancas y negras las negras, para ir adquiriendo un
grisáceo difuminado. Si la historia es fiel a sí misma,
a lo mejor antes de otros quinientos años (!), el cuadro
brille con más relumbre y presente una armonía aceptable
a todos.
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