Fueron hombres extraordinarios que, cansados del estudio
sistemático de las verdades reveladas, quisieron dar
un tono místico platónico a los estudios. Defendían
que el ser humano puede entablar relación con la divinidad
a través de la razón. Tenían como favorita la frase
de los Proverbios: "El espíritu del ser humano
es la cuna del Señor". Si podemos lograr la verdad
hemos de ser puros y santos, por ello, dedicaban mucho
tiempo a la oración y a la meditación.
Determinaron establecer armonía entre la religión y
la filosofía. Eran abiertos, tolerantes y moderados.
Respetaban las opiniones de otros, y mantenían que la
raza humana puede vivir en armonía a pesar de las diferencias
de opiniones. Los más famosos fueron: Benjamin Whichcote
(1609-83), John Smith (1618-52), Ralph Cudworth (1617-88)
y Henry More (1614-87). Ejercieron gran influencia en
otros como: Jeremy Taylor (1613-67), Edward Stillingfleet
(1635-99) y John Tillotson (1630-94).
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