por Isaías A. Rodríguez
La reciente aparición del nuevo documento María, Gracia
y Esperanza en Cristo, emanado de la Comisión Internacional Católica Romana-Anglicana.,
(Anglican-Roman Catholic International Commission, ARCIC) nos ha parecido una
linda oportunidad para dar a conocer brevemente la historia y los logros de
esta comisión teológica internacional ecuménica.
Al terminar el Concilio Vaticano II (1962-65) el movimiento ecuménico adquirió
un impulso significativo, favorecido por el documento Unitatis redintegratio.
Sin pretenderlo, la mayoría de las confesiones cristianas se acercaron, aprendiendo
unas de las otras. El movimiento hacia la unidad ha continuado en un crescendo
esperanzador, excepto en algunos casos contados.
El documento conciliar mencionado indica que las iglesias Ortodoxas y la Anglicana
ocupan un lugar de cercanía especial, por conservar tradiciones y estructuras
católicas. Es asunto, pues, de limar las diferencias. A tal fin se creó una
comisión preparatoria que trabajó de l967 a 1968 y concluyó con la publicación
del documento Una visión hacia la unidad (3 de enero de l968).
La historia de ARCIC se inicia en enero de l970, cuya primera fase se prolonga
hasta l981. En estos once años la comisión internacional publica los siguientes
documentos en los cuales se daba acuerdo mutuo: Doctrina sobre la Eucaristía
(9,1971), Sobre el ministerio y la ordenación (9,l973), I Sobre la
autoridad en la Iglesia (9,l976), Elucidaciones sobre la Eucaristía y
el ministerio (1,1979), II Sobre la autoridad en la Iglesia (9,1981).
La segunda fase de ARCIC se inicia en l983; el primer acuerdo emanado de este
trabajo conjunto se publica en septiembre de l986: La salvación y la Iglesia.
En septiembre de l990 aparece La Iglesia como comunión y Vida en Cristo,
moral, comunión y la Iglesia (9,l993), El don de la autoridad: III
Sobre la autoridad en la Iglesia (9,1998), y, finalmente, después de cinco
años de trabajo, el recientemente aparecido sobre la Virgen: María, gracia
y esperanza en Cristo, con fecha del 3 de febrero de 2004, pero dado a conocer
el 16 de mayo del corriente año, en Seattle, Washington.
Todas estas declaraciones conjuntas de la comisión teológica internacional no
quieren decir que haya total acuerdo en los temas tratados, sino que las diferencias
no serían impedimento para una unidad. Los documentos siguen bajo estudio y
se mantienen a la espera de una aprobación total de ambas iglesias.
Con relación al documento mariano, los 24 primeros párrafos del mismo analizan
el lugar de María en las escrituras y afirma que "es imposible ser fiel a las
escrituras sin prestar la debida atención a la persona de María". La Comunión
Anglicana ha profesado siempre amor y devoción a María, pero ha encontrado dificultad
en aceptar los dogmas de la Inmaculada Concepción y la Asunción corporal de
María a los cielos, por no hallar un apoyo directo en las escrituras. Sin embargo,
ambas iglesias creen poder "afirmar juntas que la obra redentora de Cristo alcanzó
(en el pasado) a María hasta lo más profundo de su ser, y hasta los primeros
inicios".
Todo esto no deja de ser esperanzador. Y podríamos prever que, si en treinta
y cinco años de estudio reflexionado y calmado -después de cuatrocientos años
de separación- se ha logrado tanto, en pocos años más una posible unión no caería
en el campo de lo imposible.
Unos y otros hemos de tener presente que el propósito de la Iglesia no es otro
que el de la evangelización de todos los pueblos, naciones y culturas. Juntos,
con buena voluntad y oración, podremos lograrlo mejor que estando separados.